Inicio

Animación

Artículos

Comics

Contacto

Enlaces

Fan Fiction

Figuras

Foro

Galería

Guía de Lectura

Noticias

Personajes

Videojuegos

 

            -Perdón...¿El hostal de Margorie Meyers?- preguntó educadamente Eddie Brock a un joven veinteañero que pasó a toda prisa por su lado.

            -¡Ah! Perdone- el joven volvió la cara, visiblemente distraído por la interrupción que le suponía Eddie y señaló dos manzanas por donde había venido-. Una vez pasadas esa dos manzanas, gire a la derecha y allí estará.

            Tras recibir el agradecimiento de Eddie, el chaval siguió corriendo hacia su destino, dejando en la calle a un cansado Eddie Brock que deseaba ya acabar el día, a ser posible en una cama.

            “Lo mejor será que procuremos descansar esta noche, mañana desayunaremos bien, llamaremos a Beck para que nos aclaré lo que nos ha dicho hoy y procurar irnos pronto del pueblo. No quiero problemas innecesarios con la ley”, pensaba Eddie Brock mientras caminaba hacia el hostal.

            Se había pasado el resto de la mañana paseando por el pueblo, dándole vueltas a las supuestas amenazas del sheriff, luego almorzó bien y había pasado el resto de la tarde pensando en los sucesos de las ultimas semanas. Una vez que se había sentido lo suficientemente cansado, se había puesto en marcha para buscar el hostal propiedad de la madre de la joven Nancy Meyers.

            “Supongo que será este”.

            Eddie había llegado a una especie de casa de varias plantas, con aspecto de antigua y con un césped excelentemente cuidado. Se notaba la afición que sentía Margorie Meyers por las flores. Una pequeña placa de metal, confirmó que aquel era el lugar que buscaba. Eddie Brock apretó el pequeño y blanquecino timbre.

            Una mujer de unos cuarenta y tantos años le abrió la puerta.

            -¿Sí?- preguntó extrañada la mujer mirando fijamente a aquel hombre desconocido que aguardaba frente a su puerta.

            -Buenas tardes, señora. Me llamo Eddie Brock. Su hija me dijo...- Eddie no pudo acabar la frase ya que de un empujón, Margorie Meyers le metió dentro de la casa.

 

 

                                    THE AMAZING VENOM

 

                                    N° 14: PADRE E HIJO

 

            Beck vació el botellín de cerveza en el vaso transparente y recién lavado, lo cogió una vez lleno y se lo llevó a su caro sofá junto con una bolsa de patatas fritas. Era su noche de descanso, se había tirado desde las siete de la mañana trabajando en un caso importante sobre una marido que quería la custodia de sus hijos, a pesar de haberle sido infiel a su mujer en tres ocasiones. La esposa le había pillado en las tres ocasiones y solo a la tercera decidió divorciarse. Lo complicado del caso era que el marido había firmado un contrato prematrimonial en el cual no salía muy bien parado en caso de divorcio. Por supuesto, el contrato había sido firmado hacía años, cuando el marido aun estaba enamorado de su esposa.

            Además de los problemas propios de su trabajo y en especial de los casos que aceptaba, Beck sufría cierto malestar mental y en parte, emocional, por cierto hombre llamado Eddie Brock y aunque el que Brock la hubiese llamado aquella mañana para avisarla de su buen estado, o al menos eso esperaba ella, aún era otro problema que tendría que resolver.

            La joven abogada estaba a punto de ponerse a ver una de sus películas favoritas que repetían esa noche por enésima vez, cuando alguien pegó a su puerta. Tras dos golpes más, sonó el timbre insistentemente, lo que hizo levantarse a Beck, muy a su pesar. Cuando miró por la mirilla, se encontró con el rostro preocupado de Sarah Conelly, la nueva “protegida” de Veneno.

            La presencia de la señorita Conelly no era una sorpresa para ella, es más, ya la esperaba, pero no exactamente esa noche. Beck pensó que podría no ser casualidad que ese mismo día la hubiese llamado Eddie y ahora estuviera su amiguita delante de su puerta.

            “Vamos, Beck. Acaba con esto cuanto antes”, pensó Beck Matthews mientras dejaba la cerveza y las patatas en la mesita del salón y se dirigía hacia la puerta, preparándose mentalmente para una larga charla.

           

 

            -¡Señor Brock! ¡No tiene que presentarse! ¡Mi hija me contó esta misma mañana que se pasaría por aquí!- Eddie se fijó en que el entusiasmo a la hora de hablar era algo de familia-. ¡Eso sí, no le esperaba tan pronto!

            Eddie retrocedió levemente hacia la puerta, dispuesto a salir.

            -Si molesto o lo que sea, puedo buscar otro...

            -¡No diga usted tonterías, hombre!- Margorie cerró de golpe la puerta y prácticamente empujó a Eddie hacia el interior de la casa-. ¡Que no le esperase tan pronto no quiere decir que no tenga yo una habitación apropiada para el héroe del pueblo!

            Margorie Meyers acompañó a Eddie hasta el pequeño saloncito de la casa y le obligó a sentarse en el mullido sofá rojo que allí había delante de un televisor.

            -Usted puede esperar aquí mientras termino de preparar la cena. Cuando coma, le enseñaré su habitación- la madre de Nancy Meyers le puso el mando a distancia en las manos a Eddie Brock-. Si se aburre, puede ver la televisión.

            Eddie sonrió educadamente a Margorie, a pesar de que le trataba como si fuese un niño.

            -Seguro que sabré como distraerme, señora.

            La mujer asintió y se fue rápidamente a la cocina. Después de unos segundos, Eddie comenzó a escucharla trasteando con los utensilios de la cocina. Evitó poner la televisión por si daban noticias de su desaparición. No quería correr riesgos.

            -¿Le gustan las albóndigas, señor Brock?- Eddie se volvió de donde procedía la pregunta.

            -Muchísimo, señora Meyers.

            -Entonces, ya sabe lo que tendremos de cenar- Margorie Meyers rió por lo bajo, aunque no lo suficientemente bajo-. Albóndigas y sopa de tomate.

            Eddie asintió, observando la pequeña estancia, cuando de repente, escuchó de abrirse la puerta.

            -¡Madre, ya he llegado!- era Nancy Meyers-. ¡He vuelto pronto, por si llega el señor...! ¡Hola!

            Nancy corrió a saludar a Eddie antes de que este pudiera siquiera levantarse.

            -No creía que vendría tan pronto, señor Brock. Pensé que estaría por ahí dando una vuelta o charlando con el sheriff- Nancy miró de reojo la puerta de la cocina por si venía su madre-. Por el pueblo corren rumores de que no ha hecho muchas migas con Jacobson.

            -Las noticias vuelan- Eddie sonrió-. Y llámame Eddie, por favor.

            Nancy sonrió, iluminando el salón con su sonrisa habitual.

            -Por supuesto Eddie, es que...bueno, inspiras bastante respeto y más siendo un héroe- Nancy agarró con más fuerza la mochila que tenía agarrada-. Perdona, suelto esto y en un momento estoy aquí.

            -De acuerdo- dijo Eddie viendo subir rápidamente a Nancy por las escaleras que se encontraban al fondo del pasillo.

            -¡La cena está lista!- Eddie se levantó al instante avisado por la fuerte voz de la señora Meyers, cuando se encontró en la puerta de la cocina a un hombre con unas grandes gafas que le conferían cierto aspecto de búho.

            -¿Quién es usted?

            “Bueno, al menos ya hay alguien en este pueblo que no ha oído aun hablar de mi”, pensó Eddie dispuesto a poner al día a aquel hombre.

 

            -¿Quieres algo de beber?- Beck Matthews se volvió hacia la cocina dispuesta a servirle algo a su inesperada invitada.

            -No, muchas gracias- Sarah Conelly se revolvía nerviosa en el sillón-. Beck, ¿verdad?

            -Sí- Beck decidio no hacer el viaje en balde y se sirvió una coca-cola bien fría-. ¿Y a que se debe tu visita, Sarah?

            Beck ya lo sabía, pero era la mejor forma de que aquella mujer se tranquilizara y lo contara todo.

            -La verdad es que exactamente no lo sé, pero supongo que todo tiene que ver con Eddie Brock- Sarah miró fijamente a Beck cuando ésta se sentó en el sofá-. Veneno.

            Beck se estremeció a oír el “nombre de guerra” de su ex-novio. A pesar de que al principio de su relación con Eddie había aceptado de buen grado su personalidad como Veneno, después se dio cuenta de que si querían llegar a algún lado, debería prescindir de su raje viviente. La actual situación tanto de Eddie como la suya propia, daban a entender que había elegido finalmente a su novio. Lo que más le sorprendía era ver que el nombre de aquella cosa en la que se convertía su ex, no provocaba ninguna reacción en aquella mujer.

            -Dime entonces que sucede.

            Sarah rió levemente.

            -Parece sorprendente que yo, una psicóloga, esté aquí sentada contándole mis problemas a una extraña- Sarah bajó la vista-. En realidad no son realmente problemas, pero...

            -¿Te hizo algo Ve... Eddie?

            Sarah miró extrañada e incluso ofendida a Beck.

            -No, él me salvó la vida. Es un hombre simpático, agradable, educado...no es que esté enamorada de él, eso lo sé seguro, pero me preocupa que aún no lo hayan encontrado.

            Beck miró a Sarah y sintió algo que solo se podría definir con una palabra: celos. Fue por unos segundos, cuando dijo “...enamorada de él...” pero eso bastó para hacer sentir a Beck de una manera que creía que nunca más se sentiría.

            -Eddie me dijo que si alguna vez necesitara algo y él no estaba, acudiera a ti. Habla mucho de ti, te considera su mejor amiga, su apoyo, su...

            -Vale de charla psicotécnica- Beck no se sentía muy cómoda.

            -Sólo quiero decirte que a Eddie le importas y que... bueno, pensé que podríamos hablar...ser...no sé- Sarah se levantó de repente-. Perdona por las molestias, ya me voy, pero antes me gustaría saber si has tenido noticias de Eddie.

            Beck se levantó, más despacio que su invitada, dejando la lata de refresco en la mesa, junto al vaso vacío de cerveza.

            -¿Por qué piensas que sé algo de Eddie?

            -Bueno, con lo que le importas y el tiempo que hace que le conoces, si le ha pasado algo o pudiese llamar a alguien, te llamaría a ti primero, de eso no tengo dudas- Sarah se quedo mirando fijamente a Beck, buscando una respuesta.

            -La verdad es que...no- Beck sonrió levemente para dar veracidad a lo que iba a decir-. No sé nada de Eddie, pero un amigo se está encargando de que lo encuentren.

            Beck vio claramente la mirada acusadora de Sarah y decidió ir hacia la puerta para indicarle cortésmente que debía irse.

            -De acuerdo- Sarah se dirigió también a la puerta-. Supongo que si tienes noticias de él me lo dirás.¿No?

            -Por supuesto, pero tranquila- Beck agarró las manos de Sarah en señal de cariño-. En cuanto sepa algo te lo  haré saber. Y ven cuando quieras, ¿vale?

            Sarah asintió y entró en el caro ascensor del edificio, al tiempo que Beck cerraba la puerta tras ella.

            “Si no te gusta Eddie Brock, si no aguantas a Veneno, veremos como explicas el hecho de que hayas mentido a esa chica que a ciencia cierta sabe ya que le has mentido”, se decía Beck a si misma mientras se dirigía al teléfono.

            Beck miró la pequeña tarjeta y marcó por enésima vez aquel día, el número que allí había. Una voz de mujer, que no parecía estar de muy buen humor le contestó.

            -¿Sí?

            -Perdone. ¿Investigaciones Alias?

            El otro lado del teléfono se quedó mudo.

            -¿Oiga?

            -Sí, sigo aquí- la mujer ya parecía estar de mejor humor.

            -¿Investigaciones Alias? ¿Hablo con Jessica Jones?

            -Sí, soy Jessica Jones, pero Investigaciones Alias... ya no me dedico a eso.

            Beck había oído rumores sobre el nuevo trabajo de Jones, pero había pensado en probar de todos modos. No perdía nada.

            -¿Ya no es detective?

            -No. Ahora trabajo en el...

            -¿Ya no ayuda a la gente a encontrar a otra gente?- Beck intentó apelar a la bondad de aquella mujer.

            -Ya le he dicho que no. Ya no trabajo en...-la voz se tornó fuerte-. ¿Quién es usted?

            -Me llamo Beck Matthews. Si ve las noticias seguro que habrá oído hablar de mí. En las ultimas semanas se ha hablado bastante de mí.

            -¿Beck Matthews? Joder, es usted...me cago en...usted es la abogada del jodido Veneno.

            Beck no conseguía entender como metía aquella mujer tantas palabras mal sonantes en una sola frase.

            -Ha dado en la clavo. He estado intentando localizarla durante todo el día, digamos que porque tengo una oferta que no podrá rechazar- Beck encendió el televisor y bajó el volumen-. Debo pedirle que vaya a recoger a una persona.

 

            Eddie Brock soltó su plato en el fregadero y se volvió hacia Margorie Meyers.

            -Muchas gracias por la comida. Estaba todo buenísimo.

            Margorie y su hija sonrieron y asintieron ante los cumplidos de aquel forastero que estaba de paso. No pasó lo mismo con James Duvall, vendedor ambulante de enciclopedias que había parado de camino a Las Vegas desde New York, según lo que había contado durante la cena.

            -Nancy, enseña al señor Brock su habitación, mientras yo acabo de fregar los platos.

            -De acuerdo, madre- dijo Nancy agarrando de un brazo a Eddie.

            -¿Necesita que la ayude, señora?

            -¡Tranquilo, señor Brock! ¡Puedo yo sola con estos platos, no serán un problema!- Margorie saludo efusivamente con una mano-. ¡Que descanse, señor Brock!

            -Muchas gracias- Eddie se dejo guiar por Nancy-. ¡Hasta mañana!

            Se había hecho de noche mientras Eddie Brock, James Duvall, Nancy y su madre cenaban y charlaban. Los únicos huéspedes de Margorie Meyers eran James y Eddie, pero según había contado no le preocupaba mucho. Aquel no era un negocio para hacerse millonaria y había pocas habitaciones, por lo que la poca afluencia de clientes era lo que menos le quitaba el sueño.

            Nancy y Eddie llegaron a un largo pasillo lleno de habitaciones.

            -Este es tu cuarto- Nancy abrió con una pequeña llave-. Toma, por si quieres cerrar con llave.

            Eddie cogió la pequeña llave con cuidado y al instante se la guardó en un bolsillo.

            -Al final a la izquierda está el cuarto de baño- Nancy señaló dos habitaciones cerca de la de Eddie-. Esa es mi habitación y esa la de mi madre, por si necesitas algo por la noche. Ahora estaremos abajo viendo la tele, por si te apetece unirte.

            -No creo, estamos... estoy muy cansado.

            Nancy miró extrañada durante un instante a Brock.

            -De acuerdo- se dirigió a las escaleras-. Levántate temprano, el desayuno estará preparado a primera hora. ¡Que duermas bien!

            -Gracias. Igualmente- dijo Eddie entrando en su habitación y soltando al instante su mochila. Antes de eso, cerró la puerta con llave.

            “Bueno, supongo que ahora solo nos queda descansar. Tendremos que llamar a Beck mañana, después de desayunar”.

            Eddie Brock escuchó atentamente al simbionte. Le hablaba del sheriff.

            “¿El sheriff? No creo que nos dé problemas, sobre todo si nos vamos pronto de aquí. De todas formas, será mejor que no nos hagamos notar a no ser que sea absolutamente necesario. ¿Entendido?”

            El simbionte se revolvió en la mente de Brock, dando confirmación a lo dicho por su compañero humano.

            -Ahora, lo mejor será descansar- murmuró Brock para si mismo, minutos antes de meterse en la cama y quedar dormido.

 

            A pocas manzanas de allí, en el hogar de los West.

            Bobby West se dirigió al cuarto de baño, atraído por unos extraños y sonoros sollozos. Se encontró con su madre, inclinada en la bañera y lavándose la cara. Los sollozos eran suyos.

            -¿Mami?- Bobby West se rascó los ojos, aun medio cerrados. Los sollozos le habían despertado.

            Su madre se lavó los ojos con vehemencia y se volvió hacia su hijo, el cual pudo observar un gran moratón aun rojizo en uno de los pómulos de la preciosa cara de su querida madre.

            -¿Qué haces despierto a estas horas, hijo?- su madre tomó aire.

            -¿Mami? ¿Qué te ha pasado en la cara, mami?- una idea increíble pero probable le pasó por la mente a Bobby-. ¿Ha sido papi?

            Su madre se derrumbó y le abrazó mientras lloraba abiertamente. Mientras el pequeño Bobby West sentía las lagrimas saladas de su madre en la cara y sus frágiles brazos, una idea comenzó a formarse fuertemente en su mente. Su padre había sobrepasado lo que él mismo llamaba “el limite” y cuando alguien sobrepasaba en la casa ese limite, debía recibir un castigo. Además, alguien capaz de pegarle a su querida madre debía ser en realidad muy malo, un supervillano.

            “Como los que detiene Spider-Man. Él ayuda a la gente, las protege de los malos. Yo puedo hacer lo mismo”, pensaba Bobby.

            De repente, Bobby sintió algo raro en su mente. En un instante y sin verlo, podía saber que su padre estaba dormido, acababa de dormirse... él y los vecinos...y sus vecinos...y sus vecinos. Bobby sentía en su mente sus gruñidos, los ronquidos y las respiraciones entrecortadas al dormir.

            Bobby acarició el pelo lacio de su madre y sonrió. Su poder especial estaba aumentando y acababa de llegar a la simple conclusión que le podría proporcionar su joven mente, de que su padre debía ser castigado.

 

            Eddie Brock cargó su mochila con las provisiones que le había dado Margorie Meyers y salió de la casa tras desayunar y agradecer todo lo que había hecho por él a la madre de Nancy.

            -¿Te vienes conmigo, Eddie?- preguntó Nancy alegremente en la puerta de su casa-. Voy a la cafetería. Allí nos podremos despedir. Podría prepararte algo para el camino, como recompensa por acompañarme.

            -Si insistes- Eddie sonrió y dejo pasó a su joven acompañante.

            -Insisto.

            Mientras caminaban y hablaban, ninguno de ellos se percató de que el sheriff les seguí desde una corta distancia en su coche. Sin embargo, quien se dio cuenta no era precisamente... humano.

            “Humano extraño”

            Eddie Brock volvió la cabeza a tiempo de ver como el sheriff paraba su coche patrulla a su lado.

            -¡Buenos días, señor Brock!- con un leve gesto saludó a Nancy-. ¿Qué tal la noche?

            -Muy bien, señor Jacobson. Gracias por preguntar.

            -¿Qué hacéis tan temprano por aquí?

            -Íbamos a la cafetería- Nancy fue la que contesto antes de Brock-. Y creo que llego tarde.

            Con toda la tranquilidad del mundo, Jacobson miró fijamente su reloj y asintió ante las palabras de Nancy.

            -Si queréis os llevo.

            Ante el ofrecimiento, Nancy entró rápidamente en el asiento del copiloto. Eddie Brock sin embargo no hizo ademán de moverse.

            -¿Usted no viene, señor Brock?

            -No, gracias. Iré andando- Eddie se tocó el estomago levemente-. Así, además de bajar el desayuno podré llamar para que me recojan.

            Jacobson sonrió de oreja a oreja.

            -Me parece muy buena idea, señor Brock- el sheriff miró al frente y puso en marcha el coche-. Muy buena idea.

            Eddie Brock saludó al sheriff y a Nancy mientras los veía alejarse. Solo Nancy le devolvió el saludo.

            “Empieza bien el día”, pensó Jacobson sonriendo de nuevo. Poco sabía él cómo iba a terminar.

 

            -Papi, ¿los supermalos existen?- preguntó Bobby West mirando por la ventanilla del coche.

            Su padre hizo caso omiso de la pregunta inocente de su hijo y continuo mirando fijamente al frente mientras conducía.

            -Espero que no lleguemos tarde, Robert. Te he dicho siempre que no te entretengas desayunando. Comes demasiado. Mocoso...

            Bobby estaba acostumbrado a los insultos y las malas maneras que su padre presentaba las mañanas que llegaban tarde, él al colegio y su padre al trabajo. En realidad, siempre que llegaban tarde era únicamente porque su padre tardaba en despertarse... debido a la borrachera de la noche anterior.

            -Papi, ¿la gente mala está en cualquier lado o solo en la ciudad?- Bobby se volvió para mirar a su padre-. ¿Eh, papi? ¿Papi? ¿Papi?

            Murphy West se revolvió en su asiento claramente exasperado por las inocentes e insistentes preguntas de su hijo.

            -¿Por qué no me contestas, papi?- Bobby no apartaba la vista de los ojos de su padre, el cual seguía sin prestarle atención.

            -Porque no me da la gana, Robert. ¿Eres retrasado o que te pasa esta mañana?

            Bobby no dijo nada, pero pensaba en muchas cosas...al igual que su padre.

            -¿Pegaste a mami anoche, papi?- Bobby hizo la pregunta con la mayor normalidad que le daba su edad-. Porque eso solo lo hacen los hombres malos. Max, el de la cafetería dice que solo los cobardes y los mariquitas pegan a las mujeres. ¿Qué es un mariquita, papi?

            Finalmente, Murphy West, miró a su hijo con una mezcla de enfado, sorpresa y confusión. Inmediatamente paró el coche, dispuesto a pegar a su hijo lo bastante fuerte como para no poder ir ese día al colegio.

            -Tu madre se la buscó anoche, por eso la castigué- Murphy West se acercó lentamente a su hijo-. Y tu también te la has buscado, mocoso.

            -¿Me vas a pegar por qué te molesta que te llamen mariquita?- la mirada de Bobby West era perturbadora-. Eso es lo que oigo aquí.

            Bobby señaló con uno de sus pequeños dedos su cabeza.

            -Puedo hacer cosas, papi- Bobby sonrió maliciosamente-. ¿Quieres verlas, papi?

            Justo cuando estaba a punto de sacudir a su hijo, un pie invisible apretó el pedal del acelerador... mientras unas manos igual de invisibles agarraron fuertemente a Murphy West, tan fuertemente que le era imposible moverse.

            -¡¿Qué coño está pasando?!- Murphy veía horrorizado como su coche llegaba en pocos segundos a los cien  kilómetros y seguía subiendo.

            -Tienes miedo, papi- Bobby rió abiertamente-. Lo estoy escuchando.

 

            “¿Cómo sabias que el sheriff estaba detrás nuestra?”, preguntó Eddie Brock mentalmente a su simbionte mientras caminaba calle arriba.

            “Era fácil. El humano estaba cerca”

            “Relativamente cerca, yo no me di cuenta”

            “Te hubieras dado cuenta si no hubieras estado distraído”

            Eddie Brock se paró de golpe para contestarle en voz alta cuando escuchó como un coche venía hacia él... a mucha velocidad.

            En pocos segundos, el coche pasó justo a su lado a una velocidad de más de cien kilómetros, tropezó con una farola, dio varias vueltas de campana y acabó boca abajo al lado de otra farola.

            El ex-periodista y varios vecinos se acercaron rápidamente donde se encontraba el coche, pero muchos se retiraron al ver lo que estaba a punto de pasar: había gasolina por todos lados y la farola que había al lado del coche se encontraba doblada y a punto de caer encima del gran charco de gasolina.

            -¡Retiraos, va a explotar!

            -Parece el coche de Murphy West...¡Que alguien le ayude!

            -¿Iba solo?

            -¡Que alguien llame a Jacobson!

            Eddie Brock se retiró junto con los vecinos, pero se dio cuenta de que había una persona atrapada en el coche, en el asiento delantero del piloto.

            “Si esa farola cae ahí, esto se convertirá en un infierno y al menos ese hombre morirá”

            Desde su posición pudo observar como el hombre, a pesar de estar visiblemente herido, intentaba salir, pero el metal retorcido y el peso del vehículo se lo impedían. Sorprendentemente parecía pedir ayuda en voz baja. Estaba claramente bajo un shock.

            En un instante, Eddie Brock decidió que para bien o para mal, debía actuar. Sus ropas se fundieron sobre su cuerpo y ante la atónita mirada de los vecinos del lugar, se transformó en Veneno.

            En un momento, se dirigió hacia la farola, la arrancó del todo y la soltó cerca del lugar, levantó el coche, lo puso en la posición que le correspondía y arrancó la puerta.

            -¿Se encuentra bien?- preguntó Veneno mientras volvía a ser Eddie Brock. La visión de un gran monstruo de ojos blancos y lengua babeante no ayudaría a recuperarse a aquel hombre.

            -Mi hijo...Bobby...mi...él me hizo...-murmuraba aquel hombre, visiblemente afectado.

            Eddie no entendía nada, pensaba que el shock de aquel hombre era mucho más fuerte de lo que pensaba, ya que hablaba continuamente de su hijo, a pesar de que no había nadie más con él en el coche, pero a pesar de ello, le pareció ver a un chaval de unos diez años entre la multitud.

            Mientras intentaba tranquilizar a aquel hombre, Brock notaba como la multitud se alejaba del lugar...o más concretamente de él y entre la multitud, el sheriff junto con Nancy Meyers y por sus miradas, Brock dedujo que lo habían visto todo.

            -Todo esto tiene una explicación- dijo Brock intentado pensar en una buena para poder contarla.

 

                        CONTINUARA...  

© 2002-2005 veneno definitivo
 Las imágenes y textos son copyright de sus autores y/o editores, y aparecen con fines exclusivamente divulgativos e informativos. Cualquier material de esta página será retirado a instancia de su propietario.