|
Venganza Siniestra. Epílogo.
Tras dos
días curándose las heridas en su destartalado piso y pensando mucho en
las palabras de Otto Octavius, Eddie Brock no sabia exactamente que hacer.
Si ya cuando tenia el traje alienígena su meta en la vida era matar a
Spider-Man o proteger a inocentes, ahora su vida estaba totalmente vacía.
No tenia trabajo, la comida le escaseaba, se había gastado el poco dinero
que tenia ahorrado en el equipo que había usado para vencer a los Seis
Siniestros y la policía le buscaba.
“Bueno,
al menos estoy vivo”, pensó sentado en el camastro y soltó una pequeña
risa.
“Quizás
pueda ir a ver a Ann, quizás podamos volver. Ahora soy humano
completamente y ella dijo que si algún día arreglaba las cosas con
Spider-Man y me libraba del otro, quizás...”
Un
tremendo dolor hizo que se agarrase la cabeza como para evitar que le
estallase.
Primero
vinieron los flashes y después las imágenes, rápidas y difusas
directamente en su cerebro. Poco después, cuando el dolor disminuyo, las
imágenes aparecieron más lentamente y Brock pudo procesarlas.
Vio a
Kaine, a la mujer de Spider-Man, a Spider-Man cogiendo a su hija, se vio a
el mismo, ¿dándose una patada?
Vio
llamas, fuego, dolor, luego vio personas, vio a Lobezno, a otros héroes,
a la Cosa y después se vio andando por rincones oscuros.
Veía
azoteas, era como si mirase con los ojos de otra persona y cuando un
cristal se entrometió en el camino de esa persona pudo verse reflejado:
era el simbionte.
Estaba
viendo lo que veía al simbionte, lo que había vivido últimamente.
Estaba vivo y su conexión con él no se había roto. Y había sentido
algo. Temor, tranquilidad, paz, añoranza... y remordimiento.
Eddie
Brock se levantó del camastro, cogió algunas cosas y pensó en una de
las frases que tanto repetía su padre.
“Cuando
te hagan daño, daño de verdad, cuando te rechacen... pon la otra
mejilla”
Eddie
Brock salió rápidamente de su apartamento con todas sus pertenencias en
las dos bolsas de deporte. Sabia donde buscar al simbionte, donde
encontrarlo. Las imágenes habían sido como un cebo que el simbionte le
había ofrecido y por supuesto, Eddie Brock iba a picar.
“...pon
la otra mejilla”
“...la
otra mejilla”
Edward
Alan Brock estaba a punto de hacerlo.
|