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Venganza Siniestra 1

Allí estaba. Grande, enorme, terrorífico, rojo y azul, con la boca llena de dientes y persiguiéndole sin descanso.

Eddie Brock huía de su pesadilla habitual, el horrible Spider-Man, mientras, sin saber donde ir, corría y corría sin descanso.

Por fin, encontró un almacén abandonado cuya puerta parecía abierta. Cogió el picaporte y lo giró, comprobando, para su alegria, que efectivamente la puerta estaba abierta.

Entro rápidamente dejando tras de sí a su pesadilla aracnida particular y con un suspiro de alivio se adentro en el oscuro almacén con olor a moho y madera vieja, para darse cuenta que había salido de la sartén para caer en las brasas.

En medio del almacén, en un mar de llamas, una especie de charco negro se movía, se agitaba y aun más horrible, chillaba y pedía ayuda en la mente de Eddie Brock.

Ignorando su llamada, Brock retrocedió hasta la puerta, pero la cosa negra se estiró hacia él y aumento su tamaño, hasta adquirir una forma humanoide con grandes e inhumanos ojos blancos alienígenas y una boca llena de dientes como cuchillas de afeitar. Eddie Brock chilló y entonces el alienígena se unió nuevamente a él.

Edward Brock se despertó gritando en su celda y arrojando sus sabanas lejos de él. Sudoroso, miró el montón que habían formado sus sabanas en un lado de la celda y le recordaron al alienígena.

 

VENGANZA SINIESTRA

 

1ª PARTE: HUIDA

 

Ya a media mañana, Eddie Brock, antaño Veneno, se encontraba dando vueltas en su pequeña y angosta celda, pensando, en Spider-Man, Kaine, Matanza... y su simbionte, algo que le atormentaría siempre.

De repente, el sonido de la cerradura de la puerta, sacó a Brock de sus pensamientos. Era el enfermero Bruce. Buen enfermero, mal relaciones publicas.

-¿Qué tal estamos hoy Brock? ¿O debería llamarte, Veneno?

Eddie frunció el ceño. En otro tiempo, solo por el gesto de burla que se dibujaba en la cara del enfermero, Eddie se habría comido sus sesos y habría tomado su medula como aperitivo.

-Ya no soy Veneno. Déjame en paz Anderson.

-Llámame Bruce, amigo Eddie, este tiempo que estamos teniendo juntos es genial- Bruce entró totalmente en la celda con el carrito de las medicinas-. ¿Te lo puedes creer? Yo conversando con el gran Veneno. Veneno. No un malo del tres al cuarto como el Zancudo, la Rana Saltarina, el Armadillo o Demonio Veloz. No. Un malo, malo de verdad. El peor enemigo de Spider-Man. ¿No? Aunque no sé si lo sabrás, pero últimamente tu puesto está en peligro, dicen que ha vuelto ese tarado vestido de verde. Pero eso no te preocupa, ¿verdad Eddie?

Brock se sentó en su camastro, cerró los ojos y mirando hacia abajo, deseo que su torturador psicológico particular sé fuera de una vez.

-Claro, eso no preocupa al pobre Eddie, siempre se puede hacer de los buenos, ¿verdad? El gran protector de los inocentes. ¿Sabes? Creo que en Los Vengadores buscan gente, incluso he oído que James Cameron aun quiere hacer una peli de un superheroe. ¿Te apuntas? Porque claro, no cuenta toda la gente que mataste, todos los inocentes a los que rajaste para poder seguir tu cruzada anti-arañas, ¿verdad? Te crees mejor que los pirados a los que acabo de ver, pero eres igual que ellos y no cambiaras nunca. ¡Escoria!

Todo lo ultimo, lo escupió Bruce, literalmente, a la cara de Brock, pero este sin inmutarse siquiera, se limitó a mirarle a la cara.

-¿Has traído mi medicina?

Bruce se volvió al carrito y le dio una jeringuilla y un pequeño tarro lleno de un liquido transparente a Brock.

-Toma y no te atragantes.

Eddie Brock lleno la jeringa con el liquido transparente y se lo inyecto en el brazo izquierdo, tosió un poco y le devolvió el tarro de cristal y la jeringa a Bruce.

-Por cierto Brock- dijo Bruce antes de cerrar la puerta-, ahí fuera esta Kasady, ¿Qué sucedería si todos los villanos a los que has detenido supieran que estas sin poderes y muy cerca de ellos? Tranquilo, guardare tu secreto.

Bruce cerró la puerta y dejó a Brock sumido en sus propios pensamientos.

“¿Qué sucedería?", se preguntó Brock. No encontró la respuesta.

 

 

Celda de Max Dillon. Electro. La dinamo viviente. Uno de los peores enemigos del asombroso Spider-Man. Ahora un preso. Atado con cintas aislantes y conectado a una maquina que le suministra todo lo necesario para vivir de modo intravenoso, debido a que su increíble poder eléctrico hace imposible contenerlo en cualquier celda normal.

Mientras notaba los nutrientes subir por uno de los tubos y los sedantes por el otro, Max Dillon comenzó a cavilar. Su momento iba a llegar pronto. Y el ser que le había llevado esta vez a esa situación lo pagaria. Veneno.

 

 

-A ver Eddie, vuélvemelo a contar- la doctora Kafka cruzó sus bien formadas piernas y preparó el lápiz para anotar-. Desde el principio.

-De acuerdo- Eddie se acomodó en la silla enfrente de la doctora-. Me llamo Edward Brock. Era periodista. Un buen periodista. Hace ya tiempo, conseguí una buena historia, una historia que me haría ganar el pulitzer. Spider-Man, ese asqueroso trepamuros, lo estropeó todo. Me arruinó la vida. Dispuesto hasta a suicidarme, algo me salvo. Un alienígena, un traje viviente proveniente del espacio. Un simbionte. Se unió a mí, juntos éramos Veneno, el mayor enemigo de Spider-Man e iniciamos una cruzada contra Spidey para destruirlo. Hicimos un pacto de no-agresión y me dedique a proteger a inocentes como yo lo había sido antes. Todo se estropeó. Trabaje para el gobierno. También se estropeó, asi que me dedique de nuevo a intentar matar a Spider-Man. Pero mi traje me hizo algo, me convirtió en algo, algo extrañ...

La doctora Kafka interrumpió a Eddie.

-Eddie, todo eso lo sé, te traté varias veces cuando estuviste aquí en La Bóveda, cuando aun no existía Ravencroft- Ashley Kafka apoyo una mano en el hombro derecho de Brock-. Cuentame ahora que hizo que te entregaras.

-De acuerdo- retomo la historia-. Como le decía, el traje me hizo algo, me hizo enfermar. Tenia diversos tumores, enfermedades. Me estaba muriendo. Asi que, antes de suicidarme, como ya intente otra vez, queria redimir mis pecados. Me entregue. Prácticamente no hizo falta un juicio, ya que era un delincuente buscado y confesé todos los delitos, incluso algunos que no había hecho yo. Hace una semana me metieron aquí, de forma secreta y comenzaron conmigo un tratamiento de cura de mis diversas enfermedades físicas.

-De las cuales estas muy bien, pues el cáncer ha remitido y por ahora no morirás, eso te lo garantizó Eddie.

Frente a la sonrisa de Ashley Kafka, Eddie Brock no pudo mas que sonreír. Algo que no hacia de forma tan natural, desde hacia mucho.

-Por cierto Eddie, hay algo que me intriga, ¿y el simbionte?

Eddie recordó las llamas abrasadoras, el simbionte retorciendose y se recordó a él enviando a la muerte al simbionte.

-Muerto. El simbionte y Veneno están muertos.

 

 

Max Dillon despertó. Los efectos del primer tranquilizante se habían acabado, pero ahora, según los horarios, le tocaba otra dosis. Ni hablar amigo.

Max Dillon se recargó a tope... y lanzó toda la energía que guardaba desde su encierro de golpe.

 

En su celda, Eddie pensaba en su conversación con la doctora, cuando alguien abrió la puerta. Como era de esperar, era Bruce.

-Brock, te toca tu terapia semanal en la enfermeria. Acompañame.

Eddie se coloco las esposas que le dio Bruce, el cual iba acompañado por dos guardias vestidos con las armaduras típicas de La Bóveda.

-Ponte la capucha Brock, tendremos que pasar por delante de los reclusos y me gusta tenerte aquí vivo.

Uno de los guardias le puso la capucha y en un instante salieron al pasillo de los reclusos de más alta seguridad.

Cuando ya estaban a punto de llegar a la parrilla de lasers de la entrada a esa zona algo pasó. Una explosión. Desde la zona de atrás. Donde los reclusos.

Bruce y los guardias se volvieron para ver como desde los escombros de una de las celdas salía un recluso chispeante y luminoso, calvo y con cara de pocos amigos.

-¿Qué tal tíos?

Antes de que pudieran reaccionar, Max Dillon, abraso por completo a los dos guardias y se dirigió a Bruce tranquilamente.

-¿Algo que decir antes de morir?

Bruce lloraba como un bebe, mientras Eddie, aun con la capucha en la cabeza, yacía cerca de los dos sin saber que ocurría.

Max Dillon se percató del desconocido de la capucha.

-Espera un momento pequeñín y tranquilo, ahora te mato, tardaran un poquito en desactivar esa parrilla de lasers.

Mientras Bruce lloraba en el suelo sin saber que hacer, el supervillano se acercó a Brock... y le quito la capucha. La sorpresa fue mutua.

-¡¿Brock?!- Max Dillon se incorporo y sonrio-. Hacia tiempo que quería hacerte esto... Veneno.

Le apunto con un dedo cargado de electricidad... y Max Dillon cayó fulminado por unos lasers provenientes de dos guardias de La Bóveda. La parrilla de lasers había sido desactivada ya y cuatro guardias, más los dos que habían disparado, se encontraban frente a Electro.

-Max Dillon, ríndete o nos veremos obligados a usar la fuerza- ordenó uno de los guardias.

-Iros al Infierno- dijo Max Dillon mientras descargaba rayos eléctricos por toda la zona, afectando principalmente a las celdas de los reclusos que sin dilación, comenzaron a escaparse.

Hidroman, Gárgola Gris, Demonio Veloz, Titania y algunos más lograron salir y atacar a los guardias. Entre tanta confusión, Electro se deshizo de dos guardias y salió no sin antes echar una ultima mirada a Eddie Brock.

“Que raro, ni intenta huir ni se convierte en Veneno, ¿Qué le pasa? Da igual, escapar ahora que tengo la oportunidad”, se dijo Electro saliendo de la zona de alta seguridad de La Bóveda.

Derribo a varios guardias normales en uno de los pasillos que conducían a la salida y antes de que pudiera desconectar los dispositivos de lasers y robots de seguridad, alguien se le acerco muy silenciosamente por detrás.

-Electro, ¿no? Al menos así te llamabas la ultima vez que nos vimos- Electro se volvió para ver a Alyosha Kravinov, el ultimo de los Kravinov, el hijo de Kraven. El hijo del hombre que mató a Spider-Man.

-¿Qué quieres Kravinov? Lo de los Seis Siniestros acabó hace mucho. Dejame en paz.

Dillon se disponía a irse, cuando lo que dijo Kraven le hizo cambiar de opinión.

-Los Seis Siniestros acabó por Veneno. También acabó con mi honor y con el tuyo. Sé que está aquí, le huelo. ¿Y sabes que? No huelo a su simbionte.

Max Dillon sonrió y Kraven se le unió. Horas después, Trish Tilby informaba de la huida en los informativos.

 

 

Habían pasado dos días desde el incidente de Electro. Ningún preso, salvo el mismo Dillon y Alyosha Kravinov, alias Kraven, había escapado, ni siquiera, aquellos como Kasady, que aunque tuvieron la oportunidad, ni siquiera prestaron resistencia. A Eddie Brock le pasó lo mismo.

Pensaba en todo lo ocurrido, sentado en el borde de su camastro, cuando, viendo la hora que era y con el cansancio ya apretándole, se arrodilló, dispuesto a rezar y después dormir. Con pesadillas, pero a dormir, cuando escucho un fuerte sonido cerca de la puerta.

“Que raro, Anderson vino hace ya rato para mis ultima jeringa del día”, pensó Brock sin levantarse del suelo, cuando de repente, la puerta y la pared, saltaron en pedazos, lanzando a Brock hacia el otro lado de la celda. Lo que vio le dejó sin respiración.

Un tentáculo metálico, sujetaba al enfermero Bruce Anderson, medio muerto y por el cuello, unas alas grandes y verdes, una capa morada rodeada de humo, arena por todas partes, electricidad acompañando a la arena, una melena de león... no había que ser muy listo para saber quienes eran.

-¿Mister Brock?- dijo tranquila y educadamente el dueño de los tentáculos, el doctor Otto Octavius, más conocido como doctor Octopus-. Somos los Seis Siniestros y venimos a vengarnos.

 

CONTINUARA...

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