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De Manos Atadas
Spiderman
reventó la ventana de un puntapié. Su entrada fue brusca y pilló por
sorpresa completamente al inquilino de aquel despacho alojado en uno de
los edificios más lujosos de la ciudad. Hacía solo un par de semanas que
había enterrado a su esposa y a su recien encontrada hija May, y durante
todo aquel tiempo no pudo hacer más que darle vueltas al asunto. Antes de
hundirse del todo en el amargo pozo de la desesperación había algo que
deseaba hacer. Había algo que le pedía lo más fondo de su alma. Sabía
que aquello no estaba bien pero por una vez en su vida, ....aunque solo
fuera por una vez en su vida.... Peter Parker quería dar rienda suelta a
toda la ira que llevaba acumulada. Y nadie podría detenerle en aquel
momento. Ni tan solo aquel hombre que le miraba totalmente descolocado
desde una cómoda butaca de oficina. Ni Norman Osborn, alias el Duende
Verde, sería contrincante para un Spiderman desbocado.
Con un hábil
salto Spiderman se plantó frente al blanco de su ira y de un tremendo puñetazo
lo envió a la otra punta de la habitación. Norman, tras el shock
inicial, intentó levantarse con la nariz ensagrentada y el labio
hinchado. Pero antes de que pudiera ponerse en pie Spiderman le asió por
el cuello y lo lanzó con fuerza, estrellándolo contra otra de las
paredes del despacho. Una estantería llena de libros y decoraciones
variadas cayó encima del maltrecho cuerpo de Norman Osborn. Inundado por
la rabia, Peter apartó los escombros y cogió a Norman del cuello. Tras
propinarle un par de puñetazos más, lo volvió a arrojar lejos de él.
El vapuleado Osborn fue a espetar contra la mesa de su escritorio.
Spiderman permaneció frente a él, con las piernas arqueadas y los puños
apretados. Así no debería ser. Así no podía ser. Norman iba a sufrir,
necesitaba algo de resistencia para desfogarse del todo. Norman, apoyándose
en su escritorio consiguió ponerse de pie:
-Que
ocurre Peter?? Te veo algo... irascible...- Aún con el cuerpo destrozado
Norman no perdía ni un ápice de su talante amenazador.
-Eres
un maldito cabrón.... he descubierto lo que hiciste con mi hija... es que
no tienes corazón desgraciado????!!!!
Tras
esta respuesta Spiderman se avalanzó desbocadamente contra Norman Osborn.
La ira le ofuscaba totalmente su visión de la situación e ignoró por
completo el hecho de que Norman habia conseguido sacar de uno de los
cajones de su mesa la bolsa del Duende Verde. Aprovechándo el propio
impulso de Peter, Norman golpeó con el puño cerrado justo en mitad de la
cabeza de su contrincante. Atontado por la brutalidade del golpe Spiderman
no pudo reaccionar con rapidez cuando Norman se abalanzó sobre él con un
par de bombas calabazas, una en cada mano. Sujetándolas fuertemente apretó
las dos manos de Spiderman. Lo acorraló en un rincón del despacho
mientras no dejaba de sujetar las manos de Peter, obligándolas a asir las
bombas calabzas:
-Si,
Peter, si.... yo te arrebaté a tu querida hijita!! Porque te odiaba.
Estaba obsesionado contigo... obsesionado... pero creo que te tuve
demasiado sobrevalorado. Eres débil, hijo, demasiado débil. No se como
pude llegar a pensar en hacerte merecedero de formar parte de mi estirpe.
Deberían ser efectos secundarios de la locura que me invadió
temporalmente... pero ahora ya está todo. Ahora me aburres Peter,... me
aburres. Tú, tu família y todo lo que te rodea. No eres ni un
entretenimiento digno. Púdrete y déjame en paz...
Y
tras decir esto se apartó de un desquiciado Peter Parker. Fue entonces
cuando Spiderman notó la gravedad de la situación. En cada una de sus
manos se alojaba una bomba calabaza, aquellas que Norman habia sacado de
su bolsa. Y no podía deshacerse de ellas. Estaban pegadas y no había
forma humanamente posible de desprenderse de ellas. El ruido del
temporizador se aceleraba peligrosamente y ambos artefactos permanecían
inmoviles en las palmas de su mano. Peter no sabía comor reaccionar.
Deambulaba inquieto por toda la habitación, rebotando contra la paredes,
moviéndo desesperadamente y con preocupante inquietud sus muñecas
mientras Norman observaba la escena divertido sentado de nuevo en su butacón.
Hasta que ocurrió lo inevitable. Primero una, y al instante la otra, las
bombas explosionaron. El dolor era insufrible. Indescriptible.
Inimaginable. Peter cayó de rodillas en medio de un destrozado despacho
con las manos totalmente ensagrentadas. Un grito de dolor inundó la caótica
situación del lugar. Parker notaba como las fuerzas le abandonaban y
estaba a punto de desmayarse. Norman borró la risa complaciente de su
cara y se acercó a su destrozado contrincante. Con una única mano le
cojió del cuello. Peter no opuso ningún tipo de resistencia. Los brazos
le colgaban como una parte inherte de su cuerpo. Norman se acercó con su
presa hacía la ventana que el mismo Spiderman había usado para entrar y
le sujetó en el impactante vacio de más de 14 pisos de altura. Tentado
estuvo de hacer algún comentario jocoso, pero se limitó a abrir su puño
y dejar caer a un totalmente desvalido Spiderman.
Johnny
Storm acudió rápidamente a la azotea del Edificio Baxter. La alarma se
había vuelto loca y avisaba incesantemente de la presencia de algún
intruso. Al llegar se quedó de piedra al descubrir a su buen amigo
Spiderman aturdido y malherido... Eso es lo bueno de ser un superhéroe
autóctono de Nueva York, que conoces todos los lugares a los que acudir
cuando necesitas ayuda. La caida des del despacho de Norman fue realmente
espectacular. Peter se despertó en medio de un callejón oscuro cuando un
par de vagabundos luchaban por arrebatarle el traje. Al ver como el héroe
caido recobraba el conocimiento los pordioseros se asustaron y se
marcharon con una única bota como botín. Aún tambaleándose Spiderman
logró encaramarse, sin usar para nada las manos, a una cornisa cercana.
El dolor era insufrible y cada movimiento que daba, por poco brusco que
fuera, le recordaba que tenía las manos completamente destrozadas. Conocía
la ciudad como la palma de su mano y sabía que muy cerca de donde estaba
se hallaba el Edificio Baxter, sede de los Cuatro Fantásticos. Escogió
como camino un itinerario discreto y senzillo, pero a cada paso que daba
el dolor no hacía más que aumentar. Después de pasar muchas calamidades
por fin habia llegado:
-Dios
mio, Spiderman!! Que te ha ocurrido??
Aturdido
por la sangre perdida el lanzarredes cayó sobre los hombros de la
Antorcha Humana:
-Acepta
un consejo, Cerilla... nunca retes a unos pulsos a Hulk.... ese bastardo
dobla la mano y siempre gana...
Tras
unos pocos minutos, Spiderman se hallaba sentado en una mesa camilla en
uno de los numerosos laboratorios que contenía el Edificio Baxter. Sus
manos estaban totalmente enyesadas, y Reed Richards, tras quitarse los
guantes de goma se dirigió hacía el malogrado superhéroe:
-Spiderman,
hijo. Tenías las manos totalmente destrozadas. A duras penas te quedaba
algún hueso intacto. Para cualquier otro hubiese sido algo definitivo,
hubiese perdido la movilidad para siempre. Pero tu constitución genéticamente
alterada te ha salvado de este trágico desenlace. Te he enyesado e
inmovilizado las manos. Seguramente tu proceso de recuperación será de
una rapidez vertiginosa, pero como mínimo debes permanecer un par de
meses sin usar las manos. No puede hacerse nada más, ahora es una questión
de recuperación y trabajo del propio cuerpo.
-Pero
podré volver a tocar el piano??
-Spiderman,
esto es muy serio. Nunca habia visto tantas fracturas juntas. Has tenido
mucha suerte. Sue y yo estabamos a punto de marchar hacia Europa, pues he
sido requerido para hacer una conferencia sobre los recientes fenómenos
de alteración espacio-tiempo en el seno de un órgano científico
comunitario. Cuando regrese, de aquí a un par de semanas, te invito a que
nos hagas una visita, y así realizaré un seguimiento de tu recuperación.
Ahora Johnny te acompañará donde tu desees con nuestro fantastic-car.
Durante un tiempo olvidate de los paseos en telaraña.
-Muchas
gracias, Reed, de verdad. Y perdón por no darte la mano...
El
Fantastic-car, mítico vehículo del grupo de superhéroes conocido como
los 4 Fantásticos, atravesaba los altos edificios de Nueva York llevando
como únicos tripulantes a Jhonny Storm, más conocido como la Antorcha
Humana, y a Spiderman:
-Puedes
dejarme en ese edificio de allí, Jhonny.
-Aquí
es donde vives, Spiderman??
-Spiderman....
– repitió pensativo el famoso lanzarredes.- Te das cuenta, Jhonny, que
nos conocemos desde hace muchísimo tiempo y aún sigues llamándome
Spiderman?
-Ya
te dije que no quería saber quien eras. Tu identidad es algo demasiado
personal...
-Me
llamó Peter Parker, soy el fotógrafo que saca las instantaneas de
Spiderman que salen en el Daily Bugle, vivo en este edificio y soy
profesor de química del instituto de secundaria
Might Town... créeme Johnny, necesito que me conozcas, eres de lo
poco que me queda actualmente...
-No
quería decirtelo,.... pero a pesar de que has intentado disimularlo te he
notado diferente, amargado, deprimido... quieres... necesitas hablar??
-
Jhonny....- Spiderman esbozó una sonrisa debajo de la máscara.- Muchas
gracias, pero ahora estoy demasiado cansado.
-Gracias
a ti... Peter....
El
temperamental Antorcha Humana dejó a su compañero en la azotea del
edificio donde vivía, se
despidieron, y cuando el fantastic-car se alejaba una lágrima recorrió
la mejilla de su conductor.
Peter
Parker permanecía tumbado en el sofá del salón de su apartamento. No
sabía si había sido más duro el pelear contra Norman Osborn o aguantar
las exageradas atenciones de su desconsolada Tía May. Cuando la pobre
anciana abrió la puerta del piso Peter pensó que le daría un ataque al
corazón. Delante de ella se encontraba su único sobrino con ambas manos
enyesadas. Pero a la hora de la verdad su tía siempre había sabido
mostrarse mucho más fuerte de lo que haría pensar su fragil apariencia.
Por suerte, la piadosa mentira de que aquello era el resultado de un
accidente a causa de un fallido experimento químico fue aceptada por May
sin ningún tipo de reparo. Tras lamentar la mala suerte de su querido
sobrino, y llorar de nuevo la reciente muerte de Mary Jane, la atenta
anciana se metió en la cocina y no salió hasta al cabo de tres horas.
Había preparado a Peter el almuerzo y la cena de aquel día... y el de
los quince siguientes. Volvió a compadecerse del lamentable estado en que
se encontraba Peter y, tras
las insistencias de su sobrino, finalmente aceptó acudir a la cita con el
cardiólogo que tenía fijada desde hacía más de un mes, no sin antés
prometer que al acabar el chequeo volvería enseguida para encargarse de
la limpieza del apartamento. Cuando vió la puerta cerrarse tras la salida
de su Tía, Peter se sintió realmente aliviado. Se acomodó en el sofá y
estiró los pies en la mesita de madera que tenía delante. Cuando había
encontrado una buena postura, que mitigaba en lo posible el dolor que sentía
en sus manos, oyó como empezaba a sonar el teléfono. Su primera reacción
fue pensar en coger el aparato, pero desistió una vez sospesada la
dificultad de hacerlo sin manos, y volvió a acomodarse. En ese instante,
saltó el contestador teléfonico:
-¿Como
te encuentras, hijo?- Peter dio un salto. Aquella voz era la de Norman
Osborn.- Espero que bien... por cierto, la última vez que nos vimos me
dijiste que te gustaban los niños verdad?? Creo que haré una visita a
tus jóvenes estudiantes....
-Noooooooooooorman!!!!
-Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...........-
Valiéndose de los pies y los codos Peter había conseguido ponerse al
auricular, justo en el momento en que Norman Osborn colgaba el teléfono.
Peter no sabía
como reaccionar. En su cabeza resonaban a la vez las amenazas de Norman
Osborn y las advertencias de Reed Richards. Un enfrentamiento con el
Duende Verde en esas circunstancias podría resultar fatal, pero no podía
permitir que les hiciera daño a aquellos pobres inocentes... y por
experiencia propia sabía que Osborn era capaz. Movido más por su
sentimiento de responsabilidad que por la prudencia, Peter se arrancó el
yeso de la mano derecha con los dientes. Salió todo de un tirón. Peter
se quedó mirando su desnuda mano derecha. Estaba totalmente hinchada y
morada, y por más que lo intentaba no conseguí mover con soltura los
dedos. Cada movimiento, por mínimo que fuese, accionaba tres mil
terminaciones nerviosas que se le clavaban como agujas en su cogote.
Repitió unas cuantas veces el movimiento característico de sus
lanza-redes, y tras comprobar como de insoportable era el dolor, arrancó,
otra vez con la boca, el yeso de su mano izquierda. Como pudo, sin
intentar usar los dedos más de lo necesario, se fundó el traje y se
colocó los lanza-redes. Se encaramó a la ventana y antes de dar el
primer salto rogó para que todo acabase rápido y no tuviese que usar
demasiado sus maltrechas articulaciones. Pero con tan solo lanzar la
primera telaraña fue consciente de que no sería así.
El Instituto
se encontraba aparentemente en calma. No había ningún signo externo que
evidenciase una situación tensa o delicada. Sigilosamente Spiderman entró
por una de las ventanas del piso superior. Sin hacer el menor ruido y
reprimiendo al máximo el tormentoso dolor que le recorría toda la
espalda observaba a derecha e izquierda sin encontrar al Duende Verde.
Todas las clases permanecían cerradas y los alumnos parecían dar clase
con toda normalidad. Fue entonces cuando el Trepamuros encontró la puerta
del gimnasio abierta de par en par. Al acercarse su sentido arácnido se
volvió loco y no tuvo ninguna duda que su adversario se encontraba en el
interior. Antes de adentrarse se paró en seco un momento y se miró las
palmas de las manos. Luego apretó los dientes y se encaminó hacía el
gimnasio. Intentó entrar sin llamar la atención, escondiéndose en las
sombras para planificar su estrategia. Pero fue inútil. Montado en su
aerodeslizador se encontraba el Duende Verde, dando vueltas alrededor de
todo el recinto. Enseguida vió a Spiderman y se paró a pocos metros de
él:
-Como
te encuentras, hijo?- Dijo Norman sin poder reprimir esbozar una hirónica
sonrisa.- Se que te dije que estaba harto de ti y que ya no me apetecía
jugar contigo... pero no sé si mentí o si tu situación me resulta
demasiado excitante como para no aprovecharla.- Y entonces la sonrisa se
convirtió en una risotada, en una tétrica carcajada sonora.- Te vienes a
jugar un rato con tus alumnos, Peter?
-Maldito
seas....!!
Peter se lanzó
desde las sombras en las que se había mantenido desde entoncés y se
abalanzó sobre Norman Osborn. El primer golpe que le propinó fue una
patada en la boca del estómago que pillo por sorpresa a su contrincante.
Pero fue la primera y la única vez que consiguió doblegar al Duende
Verde. Spiderman se esforzaba por no usar sus débiles manos y solo
atacaba usando las piernas. Fácilmente Osborn paraba todas las patadas
con que Parker intentaba noquearlo. Patada en la cara parada con el
antebrazo; patada en el pecho, amortiguada con ambas manos; intento de
patada en el bajo vientre, fue repelido por una patada del Duende Verde en
toda la cabeza de Spiderman. Este cayó al suelo, pero rápidamente se
puso en pie y prosiguió su ataque pobre de recursos. Al poco tiempo
Norman se había cansado de ese juego y pasó de una acción defensiva a
un claro ataque sin cuartel. Cuando Peter intentó golpearlo con una
potente patada en la nuca por enésima vez, norman aprovecho para, de un
fortísimo puñetazo en la boca del estómago, lanzar a Spiderrman fuera
del gimnasio. La potencia del golpe fue tal que Peter atravesó una pared
y acabó cayendo dentro de una de las aulas ocupadas en las que se estaba
impartiendo clase. Spiderman apartó los escombros que tenía encima y se
levantó, y dirigiéndose a los alumnos que permanecían en sus asientos,
con intención de quitar tensión a la situación, dijo:
-Tranquilos
niños, tengo al malo ante las cuerdas!
Ningúno
de los jovenes estudiantes se giró hacía él o hizo algun comentario.
Todo era silencio. La profesora y los alumnos permanecían inmóviles y
callados en sus pupitres sin inmutarse por la irrupción por sorpresa de
un superhéroe en su aula:
-Hola?
Se encuentran bien?
Peter
se dirigió al alumno que tenía más cerca. Un chico de unos catorze años,
vestido con una camiseta de manga corta de color verde, tejanos y unas
deportivas de la marca ******. Parker posó su mano sobre el hombro del
muchacho para llamar su atención, y en aquel mismo instante, como si se
hubiese roto la quietud que le mantenía en esa posición, cayó de lado
sobre el suelo del aula. Spiderman se acercó al crio. Al verle la cara no
tuvo ninguna duda. Estaba muerto, aparentemente de asfixia, como si
hubiese inhalado algún gas tóxico... y lo mismo su compañera de
pupitre, una chica de color con trenzas; y el chico con gafas, pelo rubio
y ralla en medio que se sentaba delante; y la profesora.... todos
muertos!! Y, como pudo comprobar tras salir corriendo de esa aula, también
todos los alumnos que se hallaban en la clase contigua.... Todos
Muertos!!!!
-Hijo
de Puuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuta!!!!!!!!!!!!!!
Peter,
dominado por la ira, llegó rápidamente al gimnasio. Allí le esperaba un
Duende Verde en guardia, riendo a carcajada limpia consciente de que su némesis
había descubierto el regalito que le había dejado. Pero Norman no llegó
a imaginarse nunca la rabia con que Spiderman le atacaría. El primer puñetazo
que le propinó, justo en medio de la cara, le hizo caer de su
aerodeslizador. Luego Norman solo fue un saco de arena para Spiderman. Sin
atender al creciente dolor que le recorría todos los poros de su ser,
Peter golpeaba una vez tras otra, tras otra, y tras otra, a su enemigo en
la cabeza, en la boca del estómago, en el pecho,... y otra vez en la
cabeza... Con la cara toda ensagrentada Osborn llegó a decir:
-C-Como
te en-encuentras,... hijo??- Y esbozó de nuevo una leve sonrisa cínica.
Spiderman borró
esa sonrisa con el último y definitivo puñetazo en medio de la cara. A
Osborn se le cerraron los ojos y cayó desmayado. Peter dejó a su
adversario en el suelo, inconsciente. Lo miró con desprecio y, sin poder
controlarse, le espetó un par más de patadas en la cara y en la boca del
estómago, respectivamente. Luego se sintió débil. Muy débil. Y se miró
las manos... si a eso se le podía llegar a llamar manos. Eran una massa
de carne sin forma alguna, ensagrentadas totalmente, amoratadas, los
huesos eran visibles en muchos puntos de sus articulaciones, y pasada la
adrenalina del momento el dolor se volvió del todo insoportable y el
movimiento de los dedos era totalmente imposible. Parker hizó el ademán
de marcharse, andaba a duras penas e intentó dirigirse hacía la ventana
más cercana. Pero cayó de bruces e inconsciente a pocos metros de
distancia del también maltrecho Norman Osborn.
Cuando Peter
abrió de nuevo los ojos ya no se hallaba en el interior del gimnasio. Veía
muy borroso, a causa de la gran cantidad de sangre que había perdido y
del intenso dolor que le corría todo el cuerpo. Totalmente conmocionado
se dio cuenta que alguien le había quitado su traje de Spiderman y que
vestía la ropa de calle que llevaba debajo del mismo. Cuando recobró un
poco más el conocimiento se percató de que recorría la ciudad a más de
20 metros de altura, a brazos de la Antorcha Humana:
-J-Joh...
Johnny...?
-Que
has hecho, Peter??- La voz del joven componente de los 4 Fantásticos
sonaba entrecortada y evidenciaba síntomas de gran preocupación.- Me
enteré de tu pelea con el Duende Verde por televisión.... Estás loco o
que te pasa? No oíste lo que te dijo Reed? Estás mal, Peter... muy
mal...
-Y...
y que ha p-pasado.... que ha pasado con el D-Duen... con el Duende?- A
Parker cada vez le costaba más trabajo articular palabras, y eso hizo que
la Antorcha Humana acelerase, aún más si cabe, la velocidad de su vuelo.
-Lo
siento, Peter... pero solo te encontré a ti, en medio de un gimnasio,
totalmente destrozado...- Y aquí la voz de Johnny bajó su tono
sensiblemente, mostrando un descarado cambio de tema exigido por lo crítico
de la situación.- No puedo llevarte a casa, Peter, Reed y Sue están en
Europa, e intentado contactar con los Vengadores y los X-Men, pero ha sido
imposible... te llevaré al hospital más cercano, al menos hasta que
llegue mi cuñado, entonces ya veremos si ...
-Y..
y los n-niños....?- Peter cortó a su rescatador en mitad de la frase.
-...
entonces ya veremos si puede hacerte algún chequeo o....- Johnny aparentó
que no había escuchado la pregunta.
-Y
los niños?- Volvió a preguntar Peter con una aparente fuerza recobrada,
y entonces la Antorcha no pudo mentirle por más tiempo.
-Muertos...
todos muertos... más de 100 alumnos...
-M...monstruo...-
Y con estas palabras, y con la desesperación del que lo ha arriesgado
todo y no ha conseguido nada, Spiderman volvió a caer inconsciente.
Ya
llevaba más de una semana en el Hospital, sin poder salir de la cama. La
Antorcha Humana explicó al servicio de Urgencias que le había encontrado
después que unos atracadores de poca monta le robasen la cartera y se
ensañasen con sus maltrechos miembros. A causa de su reputación la
historia no fue puesta en entredicho en ningún momento. Reposo absoluto,
fue el diagnóstico del médico. Reposo que solo era el preludio de lo
peor, pues para recuperar algo de movilidad en sus maltrechas manos era
indispensable una delicada operación quirúrgica que requería de la
colocación de diversos clavos y piezas de metal a lo largo y ancho de
todas sus muñecas y dedos. Y a pesar de lo complicado de la intervención,
y del dilatado periodo de recuperación post-operación, la movilidad
total era poco más que una quimera. Regularmente recibía visitas de Reed
Richards, que escudándo su interés para con el paciente a causa de que
fue un miembro de su grupo quien lo descubrió malherido, no recibía ningúna
traba a la hora de acceder a su expediene médico o las radiografías
realizadas. Incluso se ofreció, y fue aceptado, como coordinador del
tratamiento, con lo que consiguió esconder la biología genéticamente
alterada de Peter Parker. Aún contando con la inestimable ayuda de Mister
Fantástico, este siempre se mostró muy franco, y explicó a su paciente
que, a pesar de su fisiologia mutada, la recuperación total era poco
menos que imposible. A pesar de eso, no cesaba en su empeño de asegurar
una pronta recuperación para su antiguo compañero de batallas, visitándolo
muy a menudo. Por ello, conociendo que su tía estaba almorzando con Anna
Watson, cuando llamaron a la puerta de su habitación Peter creyó que era
Reed Richards. La operación se acercaba y el dolor cada vez era más
insoportable, por lo qual las visitas que este le realizaba ivan en
aumento. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando descubrió la persona que
abría la puerta de la habitación. Frente a él, que yacía totalmente
inmóvil y desamparado postrado en una cama, se encontraba Norman Osborn
con su nieto Normie Osborn, que sujetaba un ramito de flores recogidas,
seguramente, en el propio jardín del hospital:
-¿Como
te encuentras, hijo?- La voz de Norman sonaba cínica, fría, pero llena y
rebosante de triunfalismo.- El crio quería venir a visitarte y me he
ofrecido para acompañarle...
-¿Tio
Peter, como estás? Te he traido unas florecillas.- Se acercó y le besó
en la mejilla.
-Muchas
gracias, cuando venga tía May le diré que las ponga en agua.- Peter no
apartaba la mirada de Norman. A primera vista se le veía perfecto, pero
la semana de tiempo no había borrado del todo de su cara las marcas de
antiguos moratones, cardenales, ojos hinchados y labios magullados. Pero
la sonrisa no se le desdibujaba nunca de su cara.
-¿Te
tratan bien, hijo? Estos hospitales públicos a menudo estan mancos de
recursos. Si quieres puedo costearte el tratamiento en algún centro
privado, es lo mínimo que puedo hacer por ti, que eres como de la família,
¿no?
A
punto estuvo Peter de saltar de la cama y enfrentarse con Norman. Pero,
quizás fue efecto de los calmantes que le subministraban regularmente,
tanto por vía bucal como intravenosa, para mitigar el intenso dolor, o
quizás fue el resultado de las malas experiencias anteriores fruto de la
irreflexión, Parker optó por soportar estóicamente la cínica hipocresía
irónica de Norman hasta el momento en que fuese capaz de vengarse por
todo. Un ataque en aquellas circunstancias no era nada más que un
suicidio insensato.
-El
abuelo Norman me ha prometido que después iríamos al parque de
atracciones, así que tenemos que irnos, porque cierran muy pronto y
quiero subirme en todas las atracciones...- Normie dejó el ramito casero
encima de la mesita de noche y dio un beso en la mejilla a Peter. Luego,
con la precipitación propia de un crio, salió corriendo de la habitación.
A solas se quedaron Norman y Peter, en silencio, únicamente durante unos
pocos segundos que parecieron una infinita eternidad, hasta que Norman se
acercó unos pocos pasos a la cama de Parker.
-Crios,
ya sabes como son... tu tenías una hija, no?- y entonces la sonrisa de su
cara se tornó totalmente invadida de un tono malvado.- Ah, no... que murió,
verdad?
La
prudencia de Peter vió rebasados todos sus límites. Casi
inconscientemente Parker se levantó decididó a partirle la cara a
Norman. Pero fue tan solo el hecho de apoyar su maltrecha mano en el colchón
de la cama que el dolor lo paralizó completamente. Su brazo no pudo
aguantar el peso de su cuerpo sin ceder, y cayó de bruces al suelo, al
lado de la cama. El dolor causante era el mayor de todos los que había
experimentado hasta entonces, y le imposibilitaba cualquier tipo de
movimiento. Parker se quedó en el suelo, inmóvil, en posición fetal y
sollozando de dolor. Norman se acercó y le miró desde lo alto, erguido a
su lado:
-Cuídate,
hijo. Creo que tardaremos bastante en volver a vernos...
Y
así se marchó, entre ruidosas risotadas, y cerrando sonoramente la
puerta a su paso. Y así lo dejó, totalmente destrozado, devorado por el
dolor y carcomido por la rabia y la ira.
-
Fin -
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