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Cuentas Pendientes. Epílogo
Había
llegado hasta aquel lugar casi por casualidad, movido por un instinto, por
una corazonada difícil de explicar. Seguramente gracias a algún efecto
secundario del lazo simbiótico que había mantenido durante tanto tiempo
con el ente alienígena. Eddie Brock había observado todo el encuentro
entre Spiderman y Kaine desde la ventana de un escondido rincón del
laboratorio. Observó en silencio como el nuevo portador del simbionte
amenazaba a Parker con la vida de su hija, como éste mostraba su
verdadera identidad, y como acto seguido, el clon y el pequeño bebé
acabaron pereciendo. En aquel momento era testigo de cómo Spiderman se
alejaba con su hija en brazos, totalmente destrozado. Sin saber porqué
entró en el interior del laboratorio. El incendio se propagaba
vertiginosamente y era cuestión de poco rato que todo el lugar acabase
ardiendo. Y allí se encontró, de pie delante del simbionte alienígena,
moribundo, rodeado de un calor agobiante que le debilitaba cada vez más.
El simbionte también notó la presencia de Brock. Con sus últimos
suspiros de vida reaccionó. Se acercó malherido hacía su antiguo
portador y le ofreció, de nuevo, la simbiosis. Eddie estuvo muy tentado.
Vaciló. Añoraba el contacto con él, no sabía vivir únicamente como
Eddie Brock. Por ahora y siempre sería Veneno.... pero no pudo. En el último
momento se miró las manos, sudadas a causa de las llamas. Y pensó en lo
que se había convertido. Nunca se lo había planteado antes, pero al ver
el efecto del simbionte sobre Kaine no podía dejar de penar si había
sido controlado durante todo el tiempo que compartieron la simbiosis. Pensó
en todo lo que había hecho cuando había sido Veneno, y reflexionó sobre
como había acabado: repudiado y terminalmente enfermo. Bajo la vista, miró
con despreció al simbionte alienígena y de una patada lo mandó justo al
centro de las llamas más intensas. No ofreció ningún tipo de
resistencia. Eddie se quedó mirando las llamas, que parecían haberse
avivado aún más con la llegada del ente extraterrestre. Reprimió una lágrima,
sacó de su bolsillo trasero del pantalón una pistola, y se la encañonó
en la boca...
-Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii..........Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
-Niiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Nuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu, Niiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Nuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
El incendio
era visible desde muchos puntos de la ciudad. Las llamas cobraban cada vez
más intensidad y amenazaban con alcanzar a los edificios colindantes. En
breve se presentaron en el lugar de los hechos numerosos efectivos de
policía, bomberos y ambulancias. Sentado, frente al edificio incendiado,
encontraron una figura inpasiva, que no reaccionó cuando un aparatoso
dispositivo de bomberos se desplegó a sus alrededores. Un policía se le
acercó con una manta térmica en una mano y un botiquín de primeros
auxilios básicos en la otra:
-
Se encuentra bien, señor? Por el amor de Dios, que ha ocurrido aquí??!!
El extraño
personaje reaccionó pausadamente. Levantó la vista y cruzó la mirada
con el joven agente de policía. “Tiempo atrás hubiese disfrutado sorbiéndole
los sesos”.- Pensó mientras esbozaba una enigmática sonrisa que heló
la sangre del agente. Se puso en pie, extendió los brazos, y tendió las
manos juntas con los puños apretados hacía abajo mientras no apartaba la
mirada de las esposas que el policía llevaba colgadas en su cinturón:
-Me
llamo Eddie Brock, agente... quizás antes me conocería mejor como
Veneno.
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