|
Cuentas Pendientes 2
Toc,
toc...
La Escuela de
Estudios Superiores de Wetchester no era un lugar de frecuentes visitas, y
las pocas que recibía generalmente no eran para nada amables ni
amistosas. Por eso, cuando Charles Francis Xavier, conocido como
Profesor-X y mentor de la conocida Patrulla-X, y Hank MacCoy, uno de sus
primeros pupilos con el nombre clave de la Bestia, fueron a ver quien
llamaba a la puerta de la Mansión estaban preparados para cualquier tipo
de encuentro. Cuando abrieron la puerta se encontraron con el superhéroe
de New York conocido como Spiderman, famoso por su militancia urbana y por
su característico sentido del humor. Pero algo iba mal. Incluso tras la máscara
y el colorido traje fue más que evidente la seriedad y la gravedad que
desprendía su invitado:
-Buenos
días Profesor-X, Hank. Necesito vuestra ayuda.
-Claro,
claro, Spiderman, pasa a dentro y toma asiento.- Tras la sorpresa inicial
Charles invitó a Peter Parker a pasar al salón y a acomodarse con
ellos.- Ahora mismo estábamos tomando algo de café... últimamente nos
han pasado muchas cosas, he estado algo ausente, y Hank me estaba poniendo
al corriente de todo. Pero tú dirás, en que podemos ayudarte???
Spiderman
nunca ha tenido mucha buena prensa, pero el resto de superhéroes conocen
su valía y siempre lo han tenido en muy buena consideración, a pesar
incluso de su marcado acento solitario. El invitado les explicó su
encuentro con Eddie Brock y todo el suceso acontecido en el hotel,
obviando aquellas partes que pudieran comprometer su identidad secreta:
-Sé
que hace poco os enfrentasteis a Veneno, aquí mismo, en esta Mansión....
tengo que encontrarlo antes de que haga daño a alguien más, pero no
tengo ni idea como hacerlo. Siempre habéis tenido una tecnología muy
avanzada y quizás podéis localizarlo de alguna manera...
-Creo
que podemos ayudarte en este aspecto.- afirmó Hank MacCoy.- Desde nuestro
último y desgraciado encuentro con Veneno... y compañía... hemos
considerado seriamente la necesidad de mantener controlado y vigilado a
este ente extraterrestre. Estuvimos en contacto el tiempo necesario como
para poder recoger sus pautas biológicas y he trazado un sistema
rastreador de búsqueda que me indica su localización en cualquier
momento. Si me acompañáis al laboratorio de la planta inferior no nos
llevará más de unos minutos.
Mientras
manipulaba los controles de un potente ordenador mejorado con tecnología
Shi’ar, Henry MacCoy iba explicando a Peter Parker el funcionamiento del
ingenio, sin caer en la cuenta que a su compañero tan solo le preocupaba
el encontrar al causante de la muerte de su antigua esposa y vengarla:
-Podríamos
decir que esto es una base de datos enorme de carácter virtual. Tenemos
recogidas las biosignaturas de todo aquél con el que hemos tenido algún
tipo de contacto, tanto si se trata de algún miembro en activo de
nuestras filiaciones, un aliado ocasional, y sobretodo aquellos que
consideramos como necesarios de control y vigilancia estricta por su
potencial peligroso... Ves!!! Aquí lo tenemos, aquí es donde está el
simbionte alienígena que se hacía llamar Veneno... aunque resulta muy
curioso lo que me has explicado, que la relación más que simbiótica era
más bien parasitaria..... y, que tenemos aquí??? Que curioso....
Spiderman, viejo amigo, porque te tengo aquí a mi lado, porque si no
juraría que eres tú el nuevo huésped del engendro alienígena.... la
biosignatura que se encuentra entrelazada con el simbionte es muy parecida
a la tuya, sustancialmente distinta, pero a primera vista parecen idénticas....
curioso, no??? Tienes idea de que puede tratarse???
Spiderman se
quedó dubitativo. Prefería no contestar a esa pregunta, pues temía
tener razón con la respuesta. Miró fijamente la pantalla y se dirigió a
Hank:
-Puedes
darme las coordenadas exactas, Hank??
-Claro,
ningún problema....
-Spiderman.-
Charles Xavier se avanzó y posó su bazo en el hombro del joven hombre
araña.- Ahora mismo en la Mansión hay un buen puñado de hombres-X.
Puedo organizar un grupo de cuatro o cinco hombres para que te acompañen
y te ayuden a enfrentarte con ese monstruo. Nosotros sudamos sangre para
poder reducirlo, y temo por tu integridad si te enfrentas a él solo.
-Muchas
Gracias, Profesor. Pero no puedo aceptarlo, es algo personal.... quizás más
de lo que me imagino y todo.
-Bien,
bien, como quieras...- dijo resignado Charles Xavier mientras se alejaba
de la pantalla del ordenador y se dirigía hacía un armario situado en la
misma habitación. Lo abrió y sacó un artefacto de su interior.- Al
menos acepta esto, hijo. Después de nuestro encuentro con Veneno hemos
tomado algunas precauciones y uno de nuestros mejores hombres, Forja, ha
ideado este aparato que puede resultarte útil.
Spiderman
asió aquel arma y se la colgó del hombro por una correa de cuero. Hank
MacCoy se acercó y le entregó un papel donde se hallaba la situación
exacta del engendro alienígena conocido como Veneno. El profesor-X y su
pupilo estrecharon fuertemente la mano de Spiderman mientras le deseaban
suerte y le ofrecían por enésima vez su colaboración, y Peter por enésima
vez la rechazaba.
-Por
cierto, Hank, que te ha pasado? Estás diferente...
-Ah,
no lo sabes? Entre los mutantes ahora está de moda el evolucionar. Sino
pregúntaselo a Emma.
En
otra ocasión Peter hubiera seguido la broma y se hubiese burlado del
nuevo aspecto bestial de su amigo, pero su sentido del humor se veía
eclipsado por una creciente rabia. Al llegar a la puerta de la Mansión
Spiderman lanzó una primera telaraña y mientras se balanceaba alejándose
del Instituto Xavier de Estudios Superiores comprobó las coordenadas que
le había facilitado la Bestia. Le resultaban extrañamente familiares,
pero hasta que no estuvo cerca de su destino no cayó en la cuenta de
hacia donde se dirigía... Veneno se hallaba en el laboratorio donde,
mucho tiempo atrás, una araña radiactiva había picado a un joven
estudiante de instituto llamado
Peter Parker.
Spiderman
entró sigilosamente por una de las ventanas del laboratorio portando a
sus espaldas el aparato que le había facilitado el Profesor-X. Recordaba
aquel lugar con todo lujo de detalles. Allí cambió su vida para siempre,
de manera radical. Allí empezaron sus problemas. Por culpa de lo sucedido
en ese laboratorio mucha gente había sufrido terribles consecuencias: Tío
Ben, Gwen Stacy, Mary Jane y quien sabía quien estaba en manos de Veneno
en ese momento. Se posó grácilmente en el suelo, procurando hacer el mínimo
ruido posible. Era evidente que aquello era una trampa y debía andar con
pies de plomo. Quien estaba detrás de todo era alguien que le conocía
muy bien, que sabía quien era, y ya había demostrado su propósito de
hacerle daño.
-Que
ocurre Peter? Estás buscando a alguien???
Una
voz sonó de forma grave desde uno de los rincones del laboratorio. El
sentido arácnido no se había activado. Spiderman miró hacía el lugar
de donde procedía. Era él, era Veneno. La misma figura, los mismos
colores, el mismo porte amenazador. Pero no era el Veneno que conocía. El
portador del simbionte extraterrestre no era Eddie Brock, era otra
persona. Alguien desconocido, o quizás no.
-Te estábamos
esperando, Peter. No únicamente nosotros, si no alguien más. Ya te lo
dijimos, vamos a por ti y a por los tuyos.
Veneno señaló
hacía otro de los rincones del desierto laboratorio. Allí se encontraba
el rehén con el que había amenazado a Spiderman. La razón por la cual
Peter Parker no había dudado en ningún momento en acudir a su encuentro.
No podía permitir que ningún otro de sus seres queridos pagara las
consecuencias de su vida secreta. Pero de quien se trataba? Era Tía May?
Anna Watson? Quizás Robbie Robertson o J.J.Jameson?... Ni en el peor de
sus sueños Peter podría haber llegado a imaginar quien estaba en manos
de su psicópata adversario. Al principio no supo como reaccionar ante
aquella imagen. En un rincón, acurrucado en una manta dentro de un pequeño
canasto de mimbre dormía placidamente un bebé de no más de seis
meses.... era la pequeña May!! La hija de Peter y Mary Jane que había
sido dada por muerta en el momento de su nacimiento. Y ahora que Peter
descubría que no había sido así, la posibilidad de recuperarla
resultaba de lo más complicada.
|