|
veneno:
universo
Suena
el telefono...
-
¿Si?
-
¿Eddie Brock?
-
¿Quien es?
-
¿Es usted Eddie Brock?
-
¿Quien es?
-
Disculpe las molestias, voy a colgar.
-
¡No!, ¡espere!... soy yo. Soy Eddie Brock.
-
Señor Brock, esta llamada es totalmente confidencial. Si informa a
alguien de esta llamada perderá cualquier tipo de privilegio derivado de
ella. ¿Lo ha entendido?
-
¿Quien es usted?
-
¿Lo ha entendido?
-
Pero...
-
Veo que no. Adios, señor Brock.
-
¡Espere!
La
llamada se corta. Eddie Brock cuelga el teléfono e inmediatamente después
comienza a lamentarse. Cabizbajo, intenta asociar sin éxito la voz con
alguna ya conocida. Paralelamente, resopla acompasadamente por el fuerte
dolor que siente en el abdomen. Y se extraña. Se siente vacío. No hay
simbiosis.
-
¡Maldita sea...!
¿Pasa
algo?
-
Nada. ¿Es que no puedes hacer nada con este dolor?
Lo
siento. Estoy muy débil. Es raro. No siento tu dolor. Debería notarlo.
Debería calmarte. Pero no puedo.
-
Oye, esto no es normal. Nos está pasando algo. Quizás sea porque este
dolor no me permite concentrarme o notar nada mas, pero... Yo tampoco te
siento. O sea, se que estás ahí, porque parece que mantenemos el vinculo
mental. Sin embargo, te noto... etéreo. Es como si estuviéramos muertos.
¿Has
estado muerto antes?.
-
No, yo... solo era una forma de hablar.
Pues
creo que me muero, Eddie. Nos morimos.
-
Si. De hambre. Y, he tenido diarrea antes, pero nunca había sido... ¡Cielo
santo, este dolor es fortísimo!... Casi no me puedo mover.
El
teléfono vuelve a sonar...
-
¿Si?
-
Señor Brock, espero que comprenda que esto es necesario. Dígame... ¿Ha
entendido que esta conversación es completamente confidencial?
-
Si, lo he entendido.
-
Bien. Parece que avanzamos.
Cualquier
filtración de lo que hablemos a partir de este mismo instante podría
desencadenar graves consecuencias para usted. Lo comprende, ¿verdad?
-
Si.
-
Le llamo en nombre del gobierno de Latveria. La nación a la que
represento está subvencionando una investigación altamente secreta que
tiene como fin la elaboración de un medicamento excepcionalmente
revolucionario. Su finalidad iría mas allá de cualquier aplicación
imaginable y su exportación a otros países podría reportar unos
beneficios sumamente altos a mi país.
-
¿Latveria?. He oído hablar de ustedes. ¿Son de verdad un país?
-
Verá, señor Brock. Somos conscientes de que su situación económica en
estos momentos es totalmente precaria. No tiene dinero, no tiene comida y
el alquiler de su actual residencia expira en tres días. Si nos hemos
puesto en contacto con usted y le hemos contado todo esto es evidente que
es porque precisamos su ayuda. A cambio de ella estaríamos dispuestos a
abrir una cuenta con tres millones de dólares a su nombre en el paraíso
fiscal que usted elija. Si se niega, hay tres francotiradores del servicio
secreto latveriano apostados en la azotea del edificio de enfrente que
esperan mi orden para ejecutarle. Como puede observar, no tiene muchas
alternativas.
-
¿Que es lo que quieren de mi?
-
No es exactamente de usted de quien queremos algo. Vera, sabemos que
cuenta en su poder con un espécimen alienígena altamente evolucionado...
-
Yo no diría que "está en mi poder", pero... si, es cierto. Dígame
que quieren
-
Una de las capacidades de su ente es la regeneración celular que podría
permitir que enfermedades como el cáncer permanecieran en estado latente
sin llegar a manifestarse en toda la vida del paciente. Necesitamos
extraer tejidos periódicamente para estudiar la posible incorporación de
células madre del alienígena a la formula final del medicamento. El
proceso que se llevaría a cabo para la extracción sería una biopsia
cada dos meses durante un año. Como puede observar, sería seguro e
indoloro para ambos. Entre nosotros, señor Brock, esto le conviene.
-
Está bien. Me gustaría recibir mas información antes de firmar nada,
pero a priori me interesa.
-
Lo sospechaba. Es usted un hombre inteligente.
-
¿Que tengo que hacer?
-
Nada. Un helicóptero le recogerá esta madrugada, a las 5 AM para
trasladarle a Las Vegas, donde se le conducirá a los laboratorios RRP. Yo
mismo le recibiré. Esté preparado. Adiós.
Eddie
cuelga el teléfono. Vuelve el intenso dolor que parecía haberse esfumado
durante la conversación. Pero ahora, sonríe.
-
Nuestra suerte ha cambiado.
UN
COLOR: BLANCO (2ª PARTE)
La
Boveda
Tres
figuras bien diferenciadas recorren tranquilamente un largo y húmedo
corredor a través de un silencio sepulcral. Dos de ellas charlan mientras
la tercera contempla horrorizada los cadáveres que se amontonan a un lado
y otro del pasillo.
-
¿Desde cuando puedes hacer eso con la gente, Mesmero?
-
Desde que existen las mutaciones secundarias, querido Caín. Las
mutaciones secundarias lo han cambiado todo. Uh... ¡Han sido toda una
revolución, chico!. Deberías estar al tanto. Has pasado a ser un villano
viejo y oxidado, mi ilustre Juggernaut.
-
Y por lo que parece, tu has pasado de ser un estúpido farsante de feria
que hipnotizaba a gente a cambio de unas monedas del señor del mal de
turno a convertirte en un asesino que seca mentes. Quiero mi casco.
-
Juggy, Juggy, Juggy... Ambos sabemos que si te doy el casco nada te
impediría arrancarme la cabeza y escapar de esta ciénaga infestada de
mierda. Pero yo te he sacado de aquí con un propósito. Y mientras sigas
sin tu fabuloso casco, podré controlarte a voluntad. Además, míralo por
el lado bueno, aquí hay una chica dispuesta a proporcionarte cualquier
favor sexual que desees con solo pedirlo.
-
¿La has visto?... Es horrible.
-
No parecías opinar lo mismo hace un rato, cuando ambos estabais en la
cama de tu celda.
-
Me has hipnotizado.
-
Yo no he hecho nada, Caín. Lo ha hecho todo ella solita. Ah, y ya que
estamos en confianza, déjame decirte que eres demasiado pasivo en cuanto
a ciertos temas. Ya me entiendes.
-
Te mataré.
-
Si, eso me lo dicen mucho.
-
En cuanto consiga mi casco. Lo juro.
-
Claro.
-
¿Es una mutante?
-
Pregúntaselo a ella.
-
¿Eres una mutante?
-
¿Que...?. Yo... supongo que si... señor.
-
¿Y que es lo que haces?. ¿Que poderes tienes?
-
Yo... no se muy bien...
-
Déjala, Caín. Está asustada. Se le pasará la vergüenza en cuanto paséis
un par de días juntos. Inconscientemente, Calor Humano segrega por vía
cutánea una variedad rarísima de feromonas cuyo efecto en personas y
animales es que estas alcancen un estado similar al lo que se conocería
como éxtasis.
-
¿Calor Humano?. Los nombres menos ridículos como Picara o Loba Venenosa
ya estaban cogidos, ¿no?.
Ya
conozco a alguien así. También es prostituta.
-
Créeme, no conoces a nadie así. Y Anna no es prostituta. Es el paraíso.
Continuemos. Tenemos mucho que hacer.
Lejos
de allí...
El
cielo. El viento. El mar. El aire. La hierba. Las personas. Los pájaros.
Los insectos.
Todo
es tan misterioso. Todo este tiempo había estado cegado por la muerte y
el sufrimiento.
Maniatado
por una venganza sin fundamento.
He
llegado a creer en una conquista banal.
He
estado tantísimo tiempo gastando toda mi energía al servicio de la
destrucción, que...
...
que no había tenido tiempo para detenerme y contemplar las cosas que de
verdad importan.
Que
merecen la pena.
Debería
hacer algo.
Debería
recompensar a la humanidad.
Pero...
no puedo...
...
no debo poseer a nadie. Lo he prometido. No puedo privar a nadie de su
capacidad de raciocinio ni de su libre albedrío. Y si llevo a cabo otra
simbiosis... el suplicio de la escisión no habría servido de nada. Ni
siquiera quiero pensar en el mal que puedo estar causando indirectamente a
Eddie Brock. Ni a lo poco que queda de mi en el.
Pero...
Ahora
soy libre.
Puedo
sobrevivir.
Puedo
vivir.
Entonces...
¿Porque me siento tan vacío?.
7:55
AM. LAS VEGAS. Helipuerto del Complejo RRP.
Eddie
Brock es ayudado a descender del helicóptero por los dos hombres
trajeados que le han acompañado en el trayecto. Por todo su cuerpo,
partes aleatorias de su camiseta y su pantalón se transforman progresiva
y lentamente en débiles y viscosos zarzillos azules y negros que se
retuercen y entremezclan. Está empapado en sudor y no tiene buen aspecto.
Unas grandes y preocupantes ojeras disimulan unos ojos que se tornan casi
blanquecinos.
-
¿Señor Brock?. Hablamos por teléfono. Acompáñeme... ¿Le ocurre algo?
-
Ayud... nos... necesit... chocolate...
El
hombre que esperaba en la azotea dirige una mirada extrañada a los dos
agentes que sostienen a Brock.
-
¿Pero que infiernos le pasa?
-
No lo sabemos señor. Estaba mal cuando le recogimos, pero ha empeorado en
el viaje.
-
Se está muriendo, señor.
-
No ha parado de balbucear que quería chocolate...
-
¡Pues dádselo!. Y llevádselo al medico. Ya hemos perdido demasiado
tiempo con esto.
Nueva
York.
El
ascensor tararea una empalagosa melodía que saca de quicio al Juggernaut.
Al llegar al sexto piso, el ascensor vuelve a descender para que pueda ser
tomado por Mesmero y Anna. Pero ya no hay vuelta atras, la música se ha
instalado para siempre en el cerebro de Caín Marko.
Pasados
unos segundos, las puertas automáticas se abren y Mesmero y su concubina
salen. Juggernaut les está esperando. Avanzan un par de pasos y Mesmero
pisa una jeringuilla. Caín y Anna se miran fugazmente y cualquiera habría
jurado ver una leve sonrisa por parte de ambos en la escena. El papel
pintado de las paredes se cae a trozos. Las puertas también. ¿Eso de ahí
es sangre?
-
¿Es este?
-
Sexto B. Este.
-
¿Que tal un golpe de efecto?
-
Bueno, he escuchado cosas de ti y tus aclamadas entradas triunfales, así
que... tu mismo.
Juggernaut
arranca de una patada la puerta, el marco y un pedazo considerable de la
pared que le rodea. La televisión está puesta. Sin embargo, no parece
haber nadie en esa especie de zulo.
-
¿Estás seguro de que era aquí, Mesmero?
-
Absolutamente.
Una
voz chirriante sale de una habitación cerrada, el cuarto de baño.
-
¡PERO
QUE...!
De
nuevo, Marko repite la jugada anterior y hace trizas la puerta del lavabo.
Su inquilino está sentado en la taza del water llevando a cabo una de las
necesidades primarias de todo ser vivo.
-
¿Quien demonios!
-
¿Bullseye?. Acaba. Te vienes con nosotros.
11.00
AM. LAS VEGAS. Enfermería del Complejo RRP
Abre
los ojos, Eddie...
Abre
los ojos.
Abre
los ojos.
La
intensa luz que le apunta directamente a los ojos activa el acto reflejo
que le impulsa a volver a cerrarlos. Al cabo de un rato, comienza de nuevo
a abrirlos progresivamente. Le cuesta. No siente ningún dolor. Hay un
hombre observándole. A duras penas puede artícular palabra...
-
¿Donde... estoy?
-
Está bien, señor Brock. Ya está a salvo.
-
¿Donde estoy?
-
En Las Vegas. En los Laboratorios RRP. Fuimos a por usted. ¿No lo
recuerda?
-
Creo que... si. Aun no he firmado nada.
-
Tranquilo, no crea que por encontrarse en ese estado hemos comenzado a
extraer tejidos sin su consentimiento expreso. De hecho, esto introduce
una pequeña salvedad que nos preocupa.
-
¿Que pasa?
-
El alienígena con el que mantiene un vinculo basado en el principio de
simbiosis nos interesa exclusivamente por su capacidad curativa para
consigo y su huésped y... es obvio que usted está enfermo. Su ente no ha
logrado curarle. Quiero saber por que.
-
No... no lo se. Quizás el otro... quizás está enfermo. No se... Un
momento...
¿Donde
está?
¡No
está aquí!
-
Calma, señor Brock. Está con usted. No es nuestra intención separarles.
Les hemos estudiado a conciencia y sabemos que eso podría ser fatal para
ambos. Su ente está sedado. Con la misma pequeña dosis de morfina que
usted, para ser exactos. Pero, por lo que parece, aun está mas débil que
usted. Las constantes vitales de ambos son estables.
-
¿No me duele por eso?... ¿Por la morfina?
-
Así es.
-
Mierda. ¿Que es lo que me pasa?
-
Aun no lo sabemos. Nuestros equipo nos ha venido pasando varios informes
sobre los últimos días, señor Brock. Al principio, todo apuntaba a una
simple gastroenteritis, pero nadie precisa morfina por esos síntomas tan
simples. Agua con limón, como mucho. Pero parece que su situación se ha
ido complicando y hemos de practicarle un chequeo completo. A ambos.
-
De acuerdo.
-
Bien. Ya hablaremos del contrato mas tarde.
23:54
PM. Apartamento de Eddie Brock.
-
Yo paso de trabajar con esa cosa con dientes. Ya tuve problemas con el.
-
Trabajarás con quien sea necesario, Marko. Aquí las ordenes las dicto
yo.
-
(Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré)
(Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré)
(Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré)
(Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré) (Te mataré)
(Te mataré) (Te mataré) (Te mataré)...
-
¿Recuerdas lo que te conté sobre el hecho de que ahora puedo leer y
jugar con las mentes, Juggernaut?. Bien. A dormir.
Juggernaut
se desploma sobre el suelo como un saco cargado con un millón de piedras.
-
¿Que le has hecho, tío?
-
Dejarle las cosas claras, Bullseye. Hasta el momento, parece que tus las
tienes perfectamente asimiladas. Eso está bien. Compláceme y todo irá
bien.
-
Claro, colega. A mandar.
-
Bien. Aquí es. Nadie va a sufrir ningún daño, ¿verdad Bullseye?
-
Verdad, Mesmerino.
-
Mesmero.
-
Eso.
-
Nadie va a luchar. Anna va ha hacer su trabajo. ¿Correcto Anna?
-
Si señor.
-
Adelante. Reclutemos a nuestro tercer hombre.
Entra
en esa casa y sal de ella con Veneno.
continuará.
|