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The Amazing Venom 12

El escorpión avistó al lagarto sin que este, diera señales de haber percibido a unos de los numerosos cazadores de aquel gran desierto más conocido por todos como el estado americano de Utah.

         Justo cuando el silencioso y oscuro depredador, prácticamente invisible a la vista del indefenso lagarto, estaba a punto de atacar, una de las cuatro ruedas del jeep donde iban Cole Golden, arqueólogo ocasional y Eddie Brock, ex-periodista y supervillano redimido, aplastó rápidamente al escorpión, alargando provisionalmente la vida del incauto lagarto.

         -Entonces, puedes volverte invisible, ¿no?- Cole miró a su improvisado socio sin dejar de pisar el acelerador y sin soltar el volante-. Es decir, podéis volveros invisibles.

         Eddie siguió mirando a la carretera fijamente, esperando ver al objetivo que ambos buscaban: Eval. Aun así, contestó a Cole.

         -El simbionte logra mimetizarse con el entorno, gracias al cambio de colores de su piel... si es que se puede llamar piel.

         Cole miró de nuevo a la carretera con cara de no haber entendido nada.

         -No lo entiendo- afirmó con rotundidad.

         -¿Nos estas diciendo que no te parece extraño que un lagarto de poco más de veinte centímetros se mimetice con el paisaje pero que te sorprende que un simbionte alienígena altamente evolucionado lo haga?

         -Visto así... -Cole sonrió.

         Eddie le preguntó al simbionte si sentía a Eval o si tenia algo nuevo que decirle. Desde hace unos días, el simbionte se mostraba muy raro y la apoteosis fue la transformación de Eval, algo que el simbionte podría haber predicho con anterioridad, solo que su huésped humano no le había hecho demasiado caso. Edward Brock no volvería a cometer el mismo error.

         El simbionte permaneció callado. Ninguna información nueva hasta el momento.

         -¿Algo más que quieras saber acerca del simbionte?- dijo Brock a Cole, sabiendo que había poco ya que no le hubiera dicho acerca del simbionte desde que salieron con el jeep del campamento.

         -Bueno, podrías decirme de donde viene y como e que posees poderes parecidos a los de ese superhéroe. Ya sabes, Spiderman.

         Eddie Brock le echo una mirada de enfado, aunque no estaba enfadado, pero así su compañero captaría el mensaje.

         -De acuerdo no quieres hablar de ello.

         -Ahora cuéntame tu lo de Eval con tu mujer- Eddie Brock tenía curiosidad por saber la verdadera razón por la que aquel hombre iba tras un monstruo como Eval-. Nosotros también tenemos cierta curiosidad.

         Cole Golden le lanzó la misma mirada que momentos antes Eddie le había dirigido.

         -Indirecta cogida. Nos callamos.

         Cole  se quitó arenilla de un ojo.

         -Te lo contaré cuando todo esto terminé... si es que seguimos vivos.

         -No es que seas muy optimis...

         Eddie no pudo acabar la frase. Su simbionte le estaba hablando.

         “Corre Eddie. Está cerca y muy contento. Es muy fuerte. Id rápido”

         -¿Qué pasa?- Cole golpeó suavemente el hombro izquierdo de Eddie-. ¿Es tu simbionte?

         Eddie asintió con la cabeza.

         -Será mejor que nos demos prisa. No me gusta nada lo que me está diciendo.

 

                            THE AMAZING VENOM

 

                    N° 12: BUEN VIAJE, MR. EVAL

 

                  Eval apoyo su ahora monstruoso, corpulento y gris cuerpo de demonio en una de las barras metálicas de una valla publicitaria y se chupo los dedos llenos de sangre. A través de sus fríos y penetrantes ojos rojos observó el cartel que se hallaba un par de metros delante de él: Salt Lake City- Siguiente salida 2 Km

         Gruñó de enfado y arrancó varias de las barras de metal hasta destrozar por completo la valla publicitaria. La pareja del coche rojo que se había comido hacia tan solo unos quince minutos le habían entretenido mucho... aunque habían estado deliciosos. En especial la mujer.

         “Llegamos tarde. Tengo más hambre”

         Eval oía la voz, que parecía provenir del polvo gris que había salido del cofre del Submundo, mucho más alta que al principio. Empezaba a comprender que a más comida, más alto oiría la voz. Y más fuerte se haría.

         -Tranquilo, quedan tan solo dos kilómetros, con nuestra fuerza eso es muy poco.

         Eval comenzó a reírse y a chillar, para demostrar así su alegría, la cual recibió el simbionte de Eddie Brock a pocos kilómetros de allí.

         -¡Salt Lake City, alla vamos!

 

         -¿Tenéis tu y tu traje que habla, algún plan para detener a esa bestia?- Cole parecía bastante preocupado, sobre todo tras haber visto, hacía ya una media hora, el dantesco espectáculo de la gasolinera-. Quiero decir, si ese demonio se alimenta de almas y ya era fuerte cuando se enfrentó a vosotros, con todas las personas que se ha comido en la gasolinera. ¿No será ahora, prácticamente invencible?

         Brock le miró exasperado.

         -Menos mal que mi simbionte es inmune a tus criticas y tu fatalismo, porque si no fuera así estaríamos todos en un grave problema.

         Cole pensó que era mejor no decir nada más.

         -Aún así, piensa positivamente, porque yo soy más receptivo que mi simbionte. Podrías herir mis sentimientos- Eddie señaló con un movimiento de cabeza hacia la parte de atrás del jeep-. ¿Sabes manejar todo lo que llevamos ahí?

         -Creo que tendré algún que otro problema con el lanzagranadas AK-830, aparte de eso, todo lo demás lo sabré manejar.

         Eddie abrió los ojos, sorprendido.

         -¿Tienes un AK-830? Creía que se había prohibido su comercialización.

         -Exacto- Cole sonrió de forma perversa-. Estas hablando con el antiguo amigo de un tipo que tiene toda clase de esqueletos escondidos en su armario. ¿Crees que no podría conseguir armamento nuclear si hubiera querido?

         -¡Je! Te recuerdo que lo que lleva ahora puesto no es precisamente un arma de contrabando.

         -No me lo recuerdes, solo de acordarme de la escena de la gasolinera me pongo malo- Cole sabia que la imagen de la cara de una niña mordisqueada le perseguiría en sus sueños durante bastante tiempo.

         De repente, Cole paró de un frenazo frente aun vehículo familiar rojo con las dos puertas abiertas. Estaba parado y rodeado por pequeños charcos de sangre. Eddie y Cole se bajaron.

         -¿Eval?- preguntó Cole asustado mientras se acercaba a lo que quedaba de cadáver, de lo que parecía haber sido un hombre.

         Eddie asintió en silencio, cuando, de pronto, su simbionte comenzó a gritarle en la cabeza.

         “¡Corre Eddie! ¡Está cerca! Quiere comerse el mundo”

         -¡Deprisa, monta en el jeep!- Eddie se subió a toda prisa en el asiento del copiloto-.¡Está cerca! ¡Vamos, maldita sea!

         -¿Está cerca? ¿Y como lo sabes?

         Eddie le miró pensativo.

         -Tu aprieta el acelerador y prepárate. Yo atacaré primero- Eddie asintió mientras escuchaba al simbionte-. Tenemos un plan.

 

         El polvo gris se fue retirando, dejando paso a un alegre Eval que observaba divertido, desde lo alto del gran risco, la ciudad de Salt Lake, la cual parecía esperar como una manzana madura, a que algún Adán ambicioso la mordiera. Eval esperaba ser ese Adán.

         Eval se miró el caro traje de cinco mil dólares, ahora ensangrentado y roto por diversas partes.

         -¡Vaya! Tendremos que comprarnos otro en cuanto bajemos de aquí y lleguemos a Salt Lake o mejor aún, tendremos que quitárselo a uno de los numerosos cadáveres que dejemos. ¡Je je je je!

         La mano de Eval hizo aspavientos en el aire, como si cogiera entre sus dedos la ciudad y Eval sonrió siniestramente imaginándose que dentro de unos minutos lo haría de verdad.

         -Vamos a trabajar- murmuró mientras el polvo gris le volvía a convertir en un horrible demonio y se disponía a bajar con cuidado aquel gran risco para llegar a la ciudad.

         -¡No te vayas a caer, asesino!- gritó Veneno enterrando una patada en la espalda de Eval, lanzándolo con fuerza al vacío.

         -¡¡¡Nooooo!!!- tuvo tiempo de chillar Eval mientras caía por la pronunciada pendiente, chocando con numerosas piedras hasta aterrizar con fuerza sobre una enorme roca.

         Veneno se quedó observando al caído Eval, esperando que se despertase, pero no fue hasta después de varios minutos cuando sus pensamientos se hicieron realidad. Eval se levantaba, furioso y sus heridas estaban curándose.

         La unión de simbionte y humano decidió volver abajo junto con su compañero antes de que Eval se diera cuenta de lo que estaba pasando.

 

         Eval destrozó la gran roca marrón donde había caído, de un solo puñetazo. Un crujido proveniente del brazo dejo ver que volvía a estar en su sitio. Las otras heridas y costillas rotas ya estaban curándose, pero su orgullo seguía herido, algo con lo que Eval no podría vivir.

         -¡Deberías estar muerto, jodido psicópata de negro!- gritó Eval refiriéndose a Veneno el cual había desaparecido en cuanto Eval se levantó de la caída-. ¡Te vamos a comer las tripas y luego nos mearemos en tu tumba!

         “¿Para esto nos hemos unido?”

         Lo que dijo la extraña voz le molestó más que cualquier patada o puñetazo que le diese Veneno y la única forma que había de arreglar todo aquello era matando a aquel periodista fracasado.

         Eval se puso en marcha.

 

         Veneno terminó de bajar la larga pendiente en apenas unos minutos y observó a lo lejos a Cole, el cual se volvió a esconder detrás de unas rocas que servían de protección al jeep, cuando de repente, le vio hacer aspavientos con las manos y notó un agrio aliento en la nuca: Eval estaba allí.

         -¿Qué tal está, señor Brock?- dijo Eval agarrandole el brazo derecho y arrojándole contra el duro suelo lleno de piedras-. Le creíamos muerto. A usted y su amigo de las estrellas, pero tranquilo, enseguida enmendaremos nuestro error.

         “Tu error”

         Eso puso más furioso a Eval, el cual comenzó a dar patadas a Veneno en el suelo sin darle oportunidad de levantarse.

         “Esto no era parte del plan, será mejor que improvisemos”, pensó Veneno lanzando abundante telaraña a la cara de Eval, dejándolo ciego por unos momentos, los cuales aprovecho para sacudir varios puñetazos en el estomago de su enemigo y salir corriendo hacia donde estaba Cole escondido.

         Eval se terminó de quita la telaraña de la cara y de un gran salto cayo encima de Veneno, provocando un feo crujido.

         -¿Eso que ha sonado era tu espalda? Luego, si tienes oportunidad de que te vea un medico me lo cuentas, jejeje- reía Eval lanzando por los aires a Veneno, que daba la impresión de no querer pelear.

         Un codazo en plena cara cortó la risa del demonio que instantáneamente se recuperó y comenzó a perseguir de nuevo a su enemigo de negro.

         -¡Eh, Veneno! ¿Por qué no luchas? ¡Nos estas aburriendo!

         Veneno paró en seco la carrera y sacudió un buen derechazo a Eval, quien no tuvo tiempo de esquivarlo. Sangre de Eval y polvo gris, mancharon el suelo. La cara de Eval se mantuvo al descubierto durante unos instantes, momento que aprovecho Veneno para seguir golpeándole.

         -¡Vas a acabar en una bolsa para cadáveres, Eval!- Veneno cortó sin miramientos la verdadera cara de Eval con una de sus garras-. ¡Cuándo acabemos con vosotros, os enseñaremos lo que les pasa a los que se comen a los inocentes!

         El polvo gris comenzó a cubrir de nuevo la cara de Eval y a curar sus heridas, pero Veneno se dio cuenta de que ya no lo hacia a tanta velocidad como antes. La caída y la pelea estaban debilitando de sobremanera a Eval. Lo único malo era que no podría mantener las distancias durante mucho tiempo y en cuanto Eval le cogiera, lo haría pedazos. Tenia que llegar hasta Cole.

         Un rodillazo de Eval sacó a Veneno de sus pensamientos, pero pudo contraatacar a tiempo, cogiendo a Eval de los brazos y volteándolo por el aire, lanzándolo lo bastante lejos como para que no fuera una molestia... durante los siguientes diez segundos. Eval era muy rápido.

         -¡Ya viene!- gritó Veneno a unos pocos metros antes de llegar a las piedras tras las cuales se escondía Cole junto con el jeep. Eval seguía de cerca de Veneno.

         “Cuidado”

         -¡Veneno es mío, déjame en paz!- contestó Eval de mala gana a la voz que oía en su cabeza.

         De repente, de detrás de las piedras apareció Cole Golden, su viejo amigo de universidad... portando en su hombro de forma aparatosa el lanzagranadas AK-830 que había conseguido de un ex-agente del Gobierno hacia unos dos años.

         Eval vio como a cámara lenta a Cole mientras le apuntaba con cuidado de no dar a Veneno y apretaba el gatillo.

         ¡¡¡¡¡Boooouummmm!!!!!

         La explosión fue tal, que la onda expansiva lanzó a Veneno varios metros hasta caer encima de Cole, el cual, al levantarse, se dio cuenta de que le sangraba un oído y de que ambos le pitaban de tal forma que le costaba oír a su compañero del simbionte negro.

         -...ido lo que te he dicho?- la voz de Veneno parecía provenir desde kilómetros de distancia, pero Cole notó como poco a poco comenzaba a oír mejor.

         -¿Perdona?

         -Decimos que si nos oyes bien- Veneno ayudó a Cole a levantarse-. ¿Te encuentras bien?

         Veneno señaló la sangre de su oído.

         -Sí, gracias. Tranquilo, no es nada, me pitan un poco los oídos, pero se me esta pasando- Cole se acordó de la razón de todo aquello-. ¿Qué haces aquí? ¡Corre a comprobar si Eval sigue vivo!

         Veneno iba a esperar a que el levantamiento de polvo causado por la explosión disminuyese antes de ver que había pasado con Eval, pero escuchando a Cole, decidió ir a ver al instante.

         En un pequeño cráter igual de grande que él mismo, se encontraba Eval, inconsciente. Le rodeaban numerosos montones del polvo gris y algunas partes de su cuerpo estaban aun cubiertas por el demoníaco y misterioso polvo, pero por lo demás, parecía estar perfectamente. A Veneno le pareció que era invencible.

         -¿Está muerto?- preguntó Cole acercándose a Veneno.

         -No, creemos que solo está inconsciente- Veneno cogió en hombros a Eval-. Ya teníamos previsto esto. Vamos, coge el cable y atémoslo.

 

         Cole pisó aun más el acelerador, hasta poner el jeep a ciento cincuenta kilómetros por hora y subiendo. A su lado, Veneno miraba al inconsciente Eval, el cual estaba atado con telaraña y un fuerte cable de acero en la parte de atrás del jeep.

         -¿Estas seguro de que es buena idea tenerlo ahí, con todas las armas?- preguntó Cole con cierto miedo en la voz. El coche ya estaba en ciento setenta kilómetros por hora.

         -Creo que Eval ya no necesita ningún arma más, solo esa cosa gris- Veneno parecía hablar más consigo mismo-. Puede que sea el arma definitiva.

         Veneno sabia de lo que hablaba. Se había enfrentado a hombres araña, lunáticos con simbiontes, asesinos, psicópatas, alienígenas, invasiones extraterrestres... pero en pocas de esas situaciones había sentido miedo, una sensación que Eval le provocaba irremediablemente y algo en su interior, le decía que Eval era invencible. Al menos ahora.

         Como para recalcar sus palabras, el polvo gris comenzó a cubrir más rápidamente a Eval, transformándole poco a poco de nuevo en aquel demonio superpoderoso.

         -Date prisa Cole, no nos gusta como va esto- dijo Veneno, haciendo que su compañero volviese la cabeza para ver que pasaba. Cuando vio a aquella cosa gris cubriendo de nuevo a su antiguo amigo, piso aun más el acelerador.

 

         “Levántate”

         Una voz despertó a Eval. Una fuerte voz que empezaba a serle muy familiar. Una voz, como uñas arañando una pizarra, mientras un lobo aúlla unido todo al raspar de huesos. La voz que le había dado poder.

         Eval abrió un ojo disimuladamente. Vio a Veneno hablando con su antiguo amigo, Cole Golden.

         “Ese traidor me las pagará”, pensó Eval cada vez más consciente de lo que pasaba. Aquellos dos se habían unido contra él, lo habían planeado desde el principio. Lo de encontrarse a Veneno, aquel supervillano con aires de héroe por el desierto no había sido casualidad. Seguro que ese traidor de Cole lo había contratado para eliminarle. Seguramente por lo de su mujer. Por una mujer.

         “Pero Cole no contaba con el poder que tengo ahora”,pensó Eval sonriendo por dentro.

         “Mátalos a los dos”

         La voz se oía por encima del motor del jeep, de la charla que mantenían Veneno y Cole y, sobre todo, se oía por encima de los propios pensamientos de Eval.

         “Mátalos...¡Ya!”

         Todo sucedió de golpe, sin darle tiempo a reaccionar a Veneno y a Cole. Sobre todo a Cole.

         Eval, ya completamente en su forma demoníaca, rompió con las garras la telaraña de Veneno y se tiró encima de los dos como pudo, pues aun estaba agarrado por el cable de acero que lo aguantaba en el jeep.

         Cole consiguió esquivar el primer zarpazo de Eval y antes de que soltará el segundo y le hiciera perder por completo el control del coche, Veneno lo arrojó de una patada, más por como un movimiento instintivo que planeado, del jeep.

         -¿Me ha dado? ¡¿Me ha dado?!- chillaba Cole histérico pensando que le había herido. El jeep iba a ciento noventa kilómetros por hora.

         -¡No te pares!- Veneno miró por encima del hombro y vio a Eval, agarrado al cable de acero que aun estaba enganchado al jeep-. ¡Sigue conduciendo!

         Veneno se acercó como pudo, debido a que la velocidad del coche hacia que todo temblara, a la punta del cable, mientras en la otra punta, Eval se agarraba como podía, mientras la fricción le destrozaba las rodillas.

         De repente, justo cuando Veneno iba a destrozar el cable y dejar a Eval tirado, este ultimo se incorporó a una velocidad pasmosa, clavó las garras de sus pies en el suelo e hizo frenar de golpe el coche, haciendo traspasar con un fuerte golpe el parabrisas a Cole Golden. Veneno, sin embargo, pudo aguantar dentro del jeep, para, a continuación, verse lanzado por los aires contra una gran pared de piedra. Antes de estrellarse junto con el jeep, Veneno pudo atisbar la grieta por la cual, días antes había salido aquella monstruosidad que iba a matarlos. Habían llegado.

 

         Cole Golden se levantó como pudo y pudo comprobar que una de sus cejas estaba completamente partida por la mitad. La sangre que goteaba de ella dio fe de ello. Aparte de eso, sintió una fuerte punzada en un costado, lo que significaba una o dos costillas rotas.

         Al incorporarse, noto que algo se le clavaba en un pie. Era un trozo grande de cristal. Se lo arrancó con la mano izquierda, solo para comprobar con horror, que había perdido dos dedos.

         Taponó los sangrientos y pequeños muñones que habían dejado los dedos con un trozo de su pantalón y se giró sorprendido a donde acababa de llegar. La grieta entre las dos montañas de donde había salido aquel demonio.

         -Grandioso... ¿Verdad?- dijo el monstruo Eval detrás de él-. Disfrútalo, puerco traidor, porque será la ultima vez que lo veas.

         Una patada, conforme se iba volviendo hacia Eval, derribó a Cole. Dos patadas más lo hicieron retorcerse y escupir sangre.

         -Sabia que planeabas mi asesinato, Cole- otra patada más en pleno estomago. Otra costilla rota-. Lo que no me imaginaba, es que recurrirías a un jodido supervillano para ello.

         Cole fue a decir algo, pero un puñetazo en plena cabeza que casi le hizo perder el sentido le calló al instante. Estaba claro que aquel monstruo pirado iba  a matarle y daba igual lo que le dijera.

         -¡Con todo lo que te he dado y vas tú e intentas matarme!- una patada le hizo ponerse en pie, tambaleante pero en pie-. ¡Me has disparado con mi propio lanzagranadas, joder!

         Eval lanzó otro puñetazo en plena cara a Cole. Varios dientes llenos de sangre cayeron al suelo. El monstruo le agarró del cuello y lo levantó delante suyo. Cole miró directamente a los ojos y asesinos ojos rojos de la bestia.

         -No te creas que te voy a matar, Cole. Solo pienso hacerte sufrir durante unas cuantas horas- Eval rió con voz gutural-. Luego, nos comeremos tu alma. Así de simple.

         -No debiste... mi mujer... solo... - Cole parecía estar a punto de perder el conocimiento-. Lo pagaras...

         Eval rió aun con más ganas.

         -¿Todo esto es por esa furcia?- una hilera de dientes como navajas se mostraron ante Cole-. Déjame decirte algo, Cole. Lo mío con Heather fue solo un entretenimiento, aunque eso sí, conmigo se movió como nunca lo hizo antes contigo.

         Ahora era Cole el que se reía con las pocas fuerzas que le quedaban.

         -¿De que te ríes, pequeña mierda?

         Cole dirigió su mirada a otro sitio.

         -Mátalo.

         Eval comprendió lo que pasaba demasiado tarde. Veneno le atravesó el costado izquierdo con una de sus garras, manchando el suelo de tierra con abundante sangre y polvo gris. Eval soltó a un maltrecho Cole Golden, para así poder contraatacar con efectividad.

         -¡Estas muerto, cabrón!

         Veneno lanzó un puñetazo a Eval en plena barbilla, rompiendo prácticamente todos los colmillos del demonio y salpicando el suelo con más sangre del autentico Eval.

         -¡¡¡Aaaggghhh!!!- chillaba el demonio Eval arrodillándose de dolor.

         -Si quieres matarnos, síguenos- dijo Veneno, sacuendiendole una ultima patada que tumbó a Eval y corriendo hacia la gruta entre las dos montañas.

         El polvo gris comenzó a curar las heridas de Eval, pero cada vez más lentamente, de tal forma, que Eval sentía como si se le quemara el costado.

         -¡Estas muerto, periodista fracasado!- chilló Eval sin importarle las heridas y salió tras Veneno.

        

         Eval llegó en pocos instantes hasta la sala de piedra abovedada donde había obtenido aquel poder que ahora le cubría y que hacia lo posible por curar sus heridas.

         “Sal de aquí. Trampa. Estamos débiles”

         Eval no prestó esta vez demasiada atención a la voz gutural que resonaba en su cabeza y entró por completo en la sala llena de cadáveres que iban siendo consumidos por el tiempo y los insectos. En el centro de dicha sala, donde lo había dejado, reconoció el cofre del submundo.

         -Creíamos que no nos encontrarías nunca.

         Eval se volvió furioso al reconocer la voz de Veneno, el cual apareció como de la nada, en la entrada de la sala.

         -Bonito poder- dijo Eval a su rival-. Quizás yo también lo tenga si me como el alma de esa cosa que llevas por traje... si tiene alma claro.

         Veneno le miraba con suma tranquilidad.

         -Aunque, de todos modos, será un aperitivo delicioso- Eval se acercó con cuidado a su enemigo, pretendía saltar sobre él a la mínima ocasión-. ¿No dices nada? ¿No atacas?

         -Te doy una oportunidad- Veneno señaló a los muertos-. Pasaremos por alto que hayas matado a tantos inocentes si vuelves a ser tu mismo y te entregas a la policía. Entonces, te dejaremos vivir.

         -¡Jajajajaja!- Eval se acercó aun más-. ¿No lo entiende, señor Brock? Este soy yo, siempre he sido yo y cuando os matemos, seguiré siendo yo.

         Veneno se acercó a una de las paredes de piedra de la entrada.

         -Entonces, si esto es lo que eres, solamente un asqueroso asesino de masas con demasiado poder en sus manos, debo decirte que no eres al único que hemos encontrado en nuestro camino- Veneno veía como Eval se acercaba cada vez más-. Estas acabado, Eval.

         -Sabe usted que soy invencible, señor Brock- Eval se preparó para pelear-. ¿Lo sabes?

         -Lo sabemos.

         De repente, Veneno golpeó fuertemente la pared cercana a él, después la de al lado y así en pocos instantes toda la sala comenzó a temblar.

         -¡¡¡Nooooo!!!- gritó Eval comprendiendo lo que iba a pasar.

         Veneno salió completamente de la sala, golpeando las paredes de la gruta mientras salía de ella. En pocos minutos, Veneno estaba fuera de la gruta, observando como parte de una de las montañas se había venido abajo, seguramente sepultando toda la gruta bajo ella. Con Eval dentro.

         -Gracias- murmuró Cole Golden a Veneno tras sentir el cálido abrazo del simbionte que se había unido durante unos segundo a él para curarle las heridas más graves.

         El simbionte se retiró, dejando paso a Eddie Brock el cual le pasó una botella de agua fría a Cole. Se la bebió al instante.

         -¿Qué harás ahora?- pregunto Cole a su nuevo amigo-. Quiero decir, tienes que volver a Nueva York, ¿no?

         Eddie asintió en silencio.

         -El dinero que tenia Eval por aquí ha desaparecido y lo que tengo solo me da para llegar a Salt Lake City y sacar un billete ordinario para Los Angeles, donde vivo ahora- Cole escupió un poco de sangre en el suelo-. Por lo demás...

         Eddie agitó la cabeza en señal de negación.

         -No te preocupes, nosotros iremos andando. Tenemos experiencia- Eddie se quedo pensativo-. Además, no conviene que se nos relaciones con esto, Cole. Ya sabes mis antecedentes y si en Salt Lake explicáramos esto y más sin tener pruebas de que Eval lo hiciera...

         -Porque no está aquí- terminó Cole la frase.

         -Exacto. No creo que nos diesen una medalla especialmente. ¿Me comprendes?

         Cole se levantó del duro suelo.

         -Te comprendo.

         Eddie se dispuso a salir de la tienda, pero se volvió hacia Cole.

         -Por cierto, si sabias quien era yo, ¿por qué no me delataste en cuanto me viste?

         Cole sonrió con malicia.

         -Porque había leído lo de tu perdón presidencial y en la radio se comentaba mucho lo de tu desaparición. Por eso mismo- Cole se puso serio-. Yo no creo que seas mala persona, Eddie y lo de hoy, bien que lo demuestra.

         Eddie asintió y le tendió la mano. Cole le devolvió el saludo.

         -¿Eddie?

         -¿Sí?

         Cole se acercó a él.

         -En cuanto a lo de Eval, tranquilo, creo que sabré encubrir esto- murmuró Cole, como con miedo a que alguien le oyera-. Y tranquilo, estaré vigilando esa gruta por si...

         Eddie entendió bien la mirada de Cole, pero decidió restarle importancia.

         -Por si acaso.

         Cole asintió.

         -Por si acaso.

         Eddie cogió una mochila llena de provisiones y algunos utensilios de utilidad, que Cole le había dado y se dispuso a salir.

         -¡Ah, Eddie!- Cole se sentó de nuevo en el suelo-. De camino a New York, ni se te ocurra hacer autostop.

         Eddie Brock rió en voz alta, algo que necesitaba y se fue. Cole Golden se quedó pensado en todo lo ocurrido y en si Edward Brock, ex-periodista, supervillano redimido y ahora, amigo, estaría bien.

         “Seguro que sí”.

        

                                    EPILOGO

       

        Eval golpeó otra de las piedras hasta reducirla a simple grava. Comenzó a repetir la operación con la siguiente. Y con la siguiente. Y con la siguiente.

         Tras cuatro horas de piedras destrozadas, Eval prácticamente no había avanzado nada en su objetivo de salir de allí y hacerles pagar a Cole y Veneno lo que le habían hecho.

         “Esos malditos me han engañado, pero esto no quedará así”, se repetía Eval para si mismo mientras destrozaba otra gran roca.

         -¡Cuándo os cojamos os sorberemos las entrañas! ¡¿Nos habéis oído?!

         Por supuesto, nadie le contesto.

         “Es por tu culpa”

         Eval comenzó a oír de nuevo aquella voz gutural en su cabeza.

         “Estamos aquí por tu culpa”

         -No... yo... nosotros...

         “Solo has fallado tu, ellos se ríen de ti”

         -¡No es verdad!

         “A mi me temen, de ti, se ríen”

         -No, eso no es verdad.

         “¡Te han vencido... a ti!”

         -¡¡¡Noooooo!!!

         Eval se sentó en una de las grandes rocas que se disponía a destrozar, mientras iba perdiendo, poco a poco y cada vez más, el contacto con la realidad.

         -Solo necesitamos descansar, solo eso- murmuraba para si mientras notaba como las fuerzas que había amasado con tantas muertes, iba desapareciendo.

         -Solo necesitamos un poco de descanso y después saldremos de aquí y nos vengaremos de Veneno y de ese traidor.

         Eval miró con ansia asesina las rocas que impedían su paso al exterior.

         -Pronto nos vengaremos. Pronto.

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