|
The Amazing Venom 10
Habían
pasado ya alrededor de tres días, en los cuales, Eddie Brock pudo conocer
aun mejor a Anthony Eval hasta el punto que casi parecían íntimos
amigos. Los dos parecían congeniar en todo, cosa que no era del agrado
del ayudante de Eval, Larry Westlake, el cual, a pesar de que ya no creía
que Eddie fuese un asesino en serie de autoestopistas, ni un simple
asaltante de caminos, comenzaba a sospechar que toda la historia que les
había contado era más un cuento que otra cosa y que ocultaba algo. Además,
le era extrañamente familiar. Por otro lado, Cole Golden casi no había
mantenido más de dos frases seguidas con Brock, a pesar de ser viejo
amigo de Eval, cosa que no demostraba demasiado, algo que le había extrañado
de sobremanera a Eddie. Algo raro había en la relación Eval-Cole.
Era ya casi de
noche del tercer día, cuando el jeep de Eval paró de golpe.
-¿Pasa
algo?- preguntó Eddie que iba en el asiento trasero con Eval.
Eval le hizo
una señal para que callará. En el asiento del copiloto, Larry miraba con
esfuerzo a través del parabrisas.
De repente,
Eddie logró ver por su ventanilla bastante movimiento fuera del jeep.
Eran los demás hombres de la expedición que se habían bajado de sus
coches. En el asiento del conductor, Carlton Richardson le hizo una señal
a Eval, el cual asintió con una leve sonrisa, para, a continuación,
bajar del coche, indicando a Eddie y Larry, antes de que le siguieran, que
se quedasen dentro.
Tras unos
breves instantes, Eval volvió al coche, asomándose por la ventanilla.
-Señor
Richardson, señor Brock... Larry, pueden bajar y contemplar la maravilla
que se alza delante.
Los tres
hombres, sabiendo que era más una orden de salir que una invitación,
salieron fuera. Eddie fijó bien la vista.
Dos enormes
montañas rocosas de color rojizo oscuro, se alzaban en medio de la
carretera o de lo que ellos llamaban carretera. Entre las dos grandes
montañas y aun en la oscuridad, Eddie pudo atisbar una grieta del tamaño
de dos hombres.
-Es
magnifico, ¿eh?- Eval soltó una carcajada que hizo estremecer tanto a su
ayudante como al simbionte de Eddie, el cual lo notó hasta en el alma-.
Ahí dentro está lo que buscamos. El cofre del Submundo.
THE
AMAZING VENOM
Nº
10: ¡APERITIVOS!
Eddie
corrió y corrió por el estrecho, largo y oscuro callejón, siguiendo los
gritos de quien pedía ayuda. Todo el callejón era exactamente igual, por
lo que le resultaba muy difícil orientarse.
Al fin, dio
con una esquina y nada más doblarla, se encontró con un enorme edificio
rojo hecho de piedra. Los gritos provenían de ese lugar, un lugar que le
daba verdaderas malas vibraciones, pero de todas maneras, se dirigió
decidido hacia la puerta, en ayuda de aquellas voces que suplicaban a
gritos que las ayudasen.
Conforme se
fue acercando Eddie al edificio, este, misteriosamente fue cambiando de
forma, hasta adquirir la forma de lo que parecía ser un baúl gigantesco
con dibujos de demonios y monstruos grabados. Eddie entró de todas
formas. Deseó no haberlo hecho.
La escena era
realmente dantesca. El centro de lo que parecía aun el almacén, se
encontraba lleno de restos humanos apilados unos encima de otros. Piernas,
torsos, manos, cabezas, lenguas...
Eddie se acercó
poco a poco, para darse cuenta de que las voces provenían de las cabezas
decapitadas que había por doquier.
-¡Ayudameeeeee!-
gritaba una.
Eddie se apartó
un poco, cuando, de repente, las cabezas empezaron a ser muy familiares
para Eddie.
-¡Ayúdanos
Eddie!- dijo la cabeza de Beck-. ¡Nos quiere para él!
-¡Por
favor Brock!- gritaba la cabeza de Peter Parker-. ¡Lo siento mucho, pero
ayudame!
Justo cuando
intentaba alejarse, tropezó con algo. La cabeza de su padre, Carl Brock.
-¿Qué
pasa Eddie? ¿Otra vez la has fastidiado?- Eddie podía oler la sangre y
ver los tendones colgando del cuello seccionado de su padre-. ¡Eres un
perdedor Edward! ¡Lo mejor sería que se te comiera y se tragara tu negra
y pútrida alma!
Entonces,
sintió una extraña presencia detrás de él y una sensación muy extraña,
como si pisaran su tumba. Eddie se volvió, solo para ver una extraña
forma oscura, sin forma, pero que en cuanto estuviera lo suficientemente
cerca, se dejaría ver. Si Eddie Brock hubiese tenido que ponerle rostro a
aquella presencia, le habría puesto la cara del mismísimo Satanás.
Pero entonces,
Eddie recordó al simbionte y le ordenó que se rebelará para que fueran
Veneno, solo para comprobar que ya no poseía al simbionte.
Algo caía de
las paredes del almacén, mientras la cosa oscura y malvada se acercaba.
Era el simbionte, mucho más grande de lo que había sido nunca. Se acercó
a Eddie y le habló sin necesidad de lenguaje mental.
-Es
malvado Eddie, puro mal- el simbionte parecía estar realmente
aterrorizado-. Vendrá a por nosotros, vendrá a por los inocentes. Se
tragará sus almas... tiene mucha hambre Eddie.
Entonces,
pasando uno de sus zarcillos por el suelo delante de Eddie, escribió la
palabra “Evil”.
-¡Debes
detenerlo Eddie!- chillaba el simbionte-. ¡Él es el culpable!
Eddie Brock
abrió rápidamente los ojos, despertando así de su pesadilla. Estaba
sudando a chorros, a pesar de que la noche era muy fría. Comenzó a
recordar donde estaba y como habían parado delante de esas extrañas
rocas para empezar las excavaciones al día siguiente.
-¡Que
pesadilla!- dijo en voz alta para si mismo-. ¿Lo has notado?
El simbionte
asintió en la mente de Eddie. Parecía encontrarse muy intranquilo.
-¿Qué te
pasa? Te notó... como tenso.
Como
respuesta, el simbionte se relajó lo bastante y pareció dormirse.
-De
acuerdo ya me lo explicaras mañana- no era la primera vez que el
simbionte reaccionaba así al no querer hablar con Eddie-. Hay veces que
te pareces demasiado a mi ex-esposa.
El simbionte
no replicó.
Una hora y
algunos minutos después, a cientos de kilómetros de allí, en un lujoso
piso en Nueva York, Beck Matthews, abogada, amiga y ex-novia de Eddie
Brock, se despertaba sedienta.
Beck
miró el caro reloj de su muñeca tras beber un refrescante vaso de agua.
Eran las cinco de la mañana. Tenia que levantarse en dos horas como máximo
para ir a su despacho y preparar unos documentos para el caso que le
ocupaba en ese momento, defendiendo a un tipo acusado de atropellar
intencionadamente a un pobre vagabundo. Como últimamente pasaba, el tipo
le había pagado una gran suma de dinero a Beck para que ejerciera como su
abogada. Como últimamente pasaba, su cliente era claramente culpable.
Como últimamente venia pasando, Beck tenia todas las de ganar a su favor.
“Será mejor
que me acueste ya o llegaré tarde y aun tengo que dejar listos los
papeles para enviárselos a... ”, la imagen de Eddie Brock interrumpió
los pensamientos de Beck.
-¿Dónde
estas Eddie?- pensó en voz alta Beck-. ¿Estás bien?
“¿Esto es
lo que quieres de nuevo cariño? ¿Preocuparte de un hombre que arriesga
su vida continuamente y no solo la suya, sino también la de los demás?”
Había pasado
alrededor de dos semanas y media desde el secuestro por parte del alienígena
azulado, de Eddie y aun no había noticias de él. Sean Knight, un viejo
amigo de Eddie y de ella que volvía a trabajar para el gobierno, la llamó
dos días antes, para que ella supiera que cada dos por tres preguntaba a
SHIELD por el paradero de la presunta nave del alienígena y su lugar de
procedencia, pero o bien SHIELD mentía a Knight o no tenían noticias ni
del alienígena ni de Eddie.
Beck bostezó
sonoramente y rápidamente se fue a la cama con la intención de dormir,
irse a trabajar y olvidarse temporalmente de Eddie Brock. No lo consiguió.
Eval y cuatro
tipos con aspecto cansado, salieron de la grieta como dos horas después
de haber entrado. Los cinco tenían numerosas perlas de sudor por la cara
y sus ropas verdes, como del ejercito, estaban cubiertas de pequeñas
piedras y de tierra.
-Como
suponía- Eval se dirigió al grupo que les esperaba fuera de la grieta,
entre los que estaba Eddie-. Hemos logrado avanzar bastante con los picos
y las palas, pero hemos dado con una pared de piedra bastante resistente.
Tendremos que reventarla con dinamita.
Todos los
hombres que le habían estado escuchando se pusieron manos a la obra,
excepto los cuatro que le acompañaron, que se fueron a refrescar y Eddie,
Larry y Cole, los cuales se quedaron de pie frente a Eval, como si
estuvieran esperando ordenes.
Eval pasó de
largo a lado de Cole y Larry hasta Eddie Brock.
-¿No es
emocionante Eddie? Ésta parte es mi favorita cuando salgo a la búsqueda
de algún tesoro- Eval rió sonoramente-. Aunque la mayoría de las veces
suelen buscarlos por mi, pero como ya sabrás, este caso es especial.
-¿Por
qué?- Eddie no parecía saberlo.
-Bueno,
cuando consigamos encontrar ese cofre lo entenderás- Eval hizo una señal
a Larry y este le trajo al instante un mapa-. Mira, ésta es la zona donde
suponemos que está la pared más o menos. Si la volamos, solo tendremos
que ir quitando trozos de piedra y llegaríamos a una especie de cámara
de piedra hecha especialmente para guardar el cofre.
Eddie fue
asintiendo conforme Eval le iba explicando.
-Discúlpeme
señor Brock, pero ahora debo dirigir a estos hombres. Luego seguiremos
charlando- Eval se fue corriendo hacia los hombres que ya tenían
preparada la dinamita.
En
poco más de cinco minutos, seis hombres, más Eval, se internaron de
nuevo en la gruta con cuatro grandes bolsas de dinamita, dejando el
campamento solo envuelto por las charlas de los hombres que se habían
quedado fuera y tomaban algo de beber.
-Os
habéis hecho muy amigos, ¿no, Brock?
A Eddie le
extrañó bastante que Cole le hablase.
-¿A que te
refieres?
-¿A
que me voy a referir?- Cole señaló la gruta por donde momentos antes había
entrado Eval con un movimiento de cabeza-. Deberias saber, que no todo lo
que se ve es todo lo que hay. ¿Me entiendes?
-Mira, no sé
que tipo de problema tenéis Anthony y tu, pero...
Cole parecía
enfadado y a la vez divertido por la situación.
-¡¿Anthony?!.
Llámale por su nombre: Eval. Si supieras todo lo que yo sé no se mostraría
usted tan simpático, señor Brock.
Eddie Brock
parecía dispuesto a irse
-Y
no se trata precisamente de rumores tipo “Anthony Oswald Eval se acuesta
con una menor de diecisiete años de edad”. Lo que yo y el señor
Westlake sabemos sobre Eval, va mucho más allá.
¡¡BOOOOUMMM!!
Una profunda
explosión proveniente de la gruta, sorprendió a los dos hombres. El
simbionte se revolvió en la mente de Brock, mostrando su molestia por el
sonido... y por la presencia de Cole Golden.
-¿Sabe como
lo llamamos quienes lo conocemos bien, señor Brock?- Cole parecía sonreír
mientras Eddie le daba la espalda y se dirigía a su tienda-. Le llamamos
Evil, en vez de Eval. ¿No es ocurrente?
Cole Golden se
fue hasta su tienda riéndose.
“¡Evil!”.
Eddie
Brock recordó el horrible sueño de esa misma noche y la palabra
“Evil” escrita delante de él... ¿Por quien? ¿Quién se la escribió?
-Fuiste
tu, ¿es así?- Eddie Brock se encontraba ya seguro en su tienda y hablaba
con su traje alienigena-. Que querías decir con Evil. Dímelo, porque no
creo que se una casualidad.
El
simbionte permanecía totalmente en silencio, tanto mentalmente como de
forma física.
Mientras en la
tienda, Brock le intentaba sacar información al simbionte, fuera, Larry
Westlake, ayudante personal de Anthony Eval y desconfiado por naturaleza,
había observado la conversación entre Cole y Brock y estaba a punto de
hablar con este ultimo, cuando empezó a escucharle hablar con otra
persona... o el mismo, según parecía estar haciendo.
“Sabia yo
que este Brock no era de fiar. Solo hay que escucharle... está totalmente
esquizofrénico”, pensó Larry y después se fue a por los periódicos
que había traído para leer, pues por fin parecía haber conseguido
recordar el rostro del señor Brock.
-¡Llegó la
hora al fin!- Eval se encontraba frente a la grieta, unas cuatro horas
después de haber volado la pared de piedra y limpiado totalmente la gruta
de los restos que quedaban-. ¡Por fin descubriremos si el cofre del
Submundo está aquí y es real o solo otro mito más de este loco mundo!
A los hombres
que le acompañaban eso les importaba poco. Lo único que les importaba a
ellos era el enorme dineral que Eval pagaba por tenerlos allí ayudándole,
cosa que hacían muy bien.
Desde una
distancia prudencial, Eddie Brock observaba a todos los hombres de Eval
hablando con él y preparándose para entrar, cuando vio a Larry dirigirse
a Eval y hablarle al oído. Por la mirada que Eval echó a Eddie, el señor
Westlake le había dicho algo malo sobre él, así que fue a averiguarlo.
-¡Que
tengas suerte Anthony!- deseó Eddie estrechando la mano de Eval, aun con
un sonriente Larry a su lado.
-¡Muchas
gracias, señor... Brock!- una sonrisa realmente siniestra cruzó su
rostro.
Eval también
estrecho la mano de Eddie y, a continuación, se internó junto con sus
hombres, en la gruta. Tanto Larry y Eddie se quedaron fuera observando
como uno a uno se metían dentro.
-Discúlpeme
señor Brock, pero hay asuntos que debo atender.
Larry se
dirigió al centro de las tiendas, donde le esperaban dos de los hombres
de Eval.
“Que
raro”, pensó Brock. ”Pensaba que todos sus hombres serían testigos
de su descubrimiento, pero ahí tienes a esos tres”
El simbionte
preguntó por que no había ido él.
-Digamos
que no me interesa mucho eso del cofre- murmuró Eddie observando como
Larry hablaba con los dos hombres-. Vamos, quiero averiguar una cosa.
Lentamente, se
dirigió a su tienda, sin apartar su vista del trío de hombres que
hablaban entre si.
En el interior
de la gruta, Eval, encabezando el equipo, estaba más emocionado que
nunca. Habian pasado ya el lugar donde había estado la pared de roca y
llevaban ya un buen rato andando por un estrecho camino lleno de piedras
puntiagudas y mucha tierra, más alguna que otra rara especie de araña.
“Por fin lo
tendré, por fin será mío.... al fin”, pensaba Eval como dominado por
una psicosis.
No sabia, lo
poco que faltaba.
Eddie se acercó
con cuidado a los dos jeeps. Sabia que los otros jeeps llevaban
provisiones, las tiendas y algunas cosas más de poca importancia, como
los materiales para la excavación, pero no había visto sacar nada de
esos dos jeeps e iba a aprovechar la animada conversación entre Larry y
los dos gorilas que Eval había contratado, para poner fin a su
curiosidad.
Levantó con
cuidado la lona de la parte de atrás y se vio totalmente encañonado por
dos rifles M-16, así que optó por no andarse por las ramas y levantar
las dos lonas de golpe. A su vista quedaron al descubierto dos arsenales
suficientes para diez equipos de terroristas.
“¡¿Armas?!”
-¿Para que
querrán armas un equipo de excavación comandados por un millonario que
solo desea encontrar un horrible y caro cofre antiguo?
Para su
sorpresa, el simbionte le contestó, aunque de forma críptica.
“Armas.
Peligro. Comer. Hambre mucha. Entrantes, primer plato, postre. Almas.
Tengamos cuidado”
-Por fin te
decides a hablar de algo y no entiendo nada- Eddie vio como los tres
hombres se acercaban a la
gruta, para, a continuación, uno de ellos, Larry, entrar-. Ahora es
nuestra oportunidad.
Eddie entró rápidamente
en la tienda de Larry sin que ninguno de los dos hombres le viese y comenzó
a rebuscar en las cosas del ayudante de Eval.
-Tengo un
presentimiento y no es nada bueno.
Mientras
rebuscaba dentro del saco de dormir encontró lo que sospechaba. Varios
periódicos con noticias sobre el asunto de Mr. Psicópata, su perdón
presidencial, el secuestro...
“¡Hace más
de dos semanas que nos fuimos!”, pensó Eddie tras ver las fechas de los
periódicos.
De repente,
los dos musculosos hombres entraron en la tienda y le apuntaron con dos
pistolas.
-¡Pon las
manos donde podamos verlas, monstruo!
Eval contempló
con autentico gozo la gran estancia abovedada en la que ahora se
encontraban y aun con más pasión lo que había en el centro de ella: el
cofre del Submundo.
Ninguno de los
hombres se impresionó mucho cuando encontraron el cofre. Ninguno de ellos
sabia la importancia que tenia para Eval aquel objeto. Ninguno de ellos
sabia el poder que transmitía. Ninguno de ellos sabia lo que era en
realidad...
-¿Jefe?-
Eval estaba demasiado absortó en el cofre de mármol como para hacer caso
a Richardson-. ¿Este es el cofre?
Eval asintió,
señalando que se apartara y se fuera con los demás. Quería abrirlo el
mismo, sin ayuda.
-Tenga cuidado
al abrirlo- le avisó Richardson antes de reunirse a pocos metros de allí
con sus compañeros, aunque el aviso era más hacia la persona que debía
pagarles que hacia un ser humano.
El
cofre era bastante grande y completamente de mármol, excepto los demonios
y monstruos incrustados en él que eran de oro ennegrecido. Eval se
sorprendió alegremente al escuchar llegar a Larry Westlake, el cual, en
pocos pasos estuvo al lado de su jefe contemplando el cofre.
-¿Te has
encargado ya del señor Brock?
-Sí señor.
He dejado a Nick y Ricardo con él- sonrió como hacia días que no hacía-.
Se encargaran de ese monstruo señor.
-Es
una pena, me caía muy bien- Eval parecía apenado, pero fue durante un
segundo-. De todas formas, si
el señor Brock pretende algo contra mi... lo que haya aquí dentro se
encargará de él. ¿No
crees Larry?
-Por
supuesto señor.
-¿A que es
preciosa?- Eval comenzó a empujar la pesada tapa del cofre-. Empuja por
ahí y ayúdame.
Los dos
hombres comenzaron a empujar hasta sudar a chorros, impidiendo siempre que
alguno de los pagados por Eval se metiera por medio.
Al fin, el
cofre se abrió con un sonoro y siniestro chasquido. Su interior era
oscuro y parecía, inexplicablemente, muy profundo. Tanto Eval como Larry
esperaron conteniendo la respiración a ver si pasaba algo. Nada ocurrió
durante los diez minutos que esperaron.
-¿Por
qué no pasa nada?- preguntaba Eval muy enojado a Larry-. ¡Se supone que
de aquí debería haber salido algo poderoso! ¡Algo para mí, que me
diese poder! ¡Y esto es lo único que me encuentro!
Eval introdujo
la mano y saco un puñado de polvo que arrojó contra el suelo. Larry no
sabia que contestar.
-Recoge todo
maldito idiota, nos vamos- ordenó Eval mientras se frotaba las manos
intentando limpiarse el polvo.
-¿Señor?
-Dejame en
paz, estúpido de mierda. La próxima vez infórmate mejor de lo que
buscamos.
-¿Señor?
-¡Qué
coño quieres!- Eval se volvió enfurecido hacia su ayudante.
Larry señaló
asustado la mano de su jefe. El polvo del cofre parecía crecer encima de
él.
-El polvo...
está.... creo que...
Eval comenzó
a chillar mientras el polvo aumentaba encima de él, mientras le rodeaba,
le envolvía, le abrazaba...
Larry se retiró
discretamente, pero no se alejó del todo, mientras su jefe chillaba de
terror, se retorcía y caía al suelo dando patadas y puñetazos
intentando desembarazarse, sin conseguirlo, del extraño polvo que le
envolvía y que comenzaba, para horror de los presentes, a tomar forma
encima de Anthony Oswald Eval.
-¡Quieto
donde estas monstruo! ¡No muevas ni un pelo o te volamos los sesos!
Los dos
musculosos hombres permanecían de pie delante de Eddie Brock amenazándole
con sus armas, cuando, de repente, escucharon un chillido tremendo. Parecía
provenir del interior de la gruta y su emisor parecía haber sido el
propio Eval.
-¿Qué
demonios ha sido eso?- preguntó Nick, el más alto a su compañero aun
apuntando a Brock.
-Un
grito y parecía el señor Eval- Ricardo estaba muy nervioso-. Seguro que
ha encontrado lo que buscaba.
Los dos se
concentraron de nuevo en Eddie Brock.
-¿Os ha
mandado Eval que me matéis?
Los dos
asintieron.
-Entonces,
supongo que tanto él como vosotros sabéis lo que soy... digo, lo que
somos. ¿Verdad?
Eddie sabia
usar el miedo a su favor y estaba funcionando. Ya no tenia que seguir
fingiendo.
-Por
supuesto que no- contestó Eddie mentalmente al simbionte, el cual, desde
la supuesta camiseta de Eddie, lanzó rápidamente dos zarcillos que
dejaron inconscientes a los dos musculitos de Eval.
Eddie se acercó
a los dos hombres y les tomó el pulsó.
-Espero que no
los hayamos matado.
Una
tremenda risa, hizo que corriera hasta la grieta para ver
exactamente que estaba pasando allí. Pronto lo averiguaría.
Larry se acercó
a la criatura que había sido su jefe, ante la atenta y asustada mirada de
los demás e intentó hablarle.
-Jefe...
esto... ¿se encuentra bien?
Eval o lo que
había sido Eval, le contestó con voz grave y profunda, que helo los
huesos tanto de Larry como de los demás curtidos hombres.
-Nunca
he estado mejor- el ser estiró todas sus articulaciones, como probándolas-.
Perdona, he estado mucho, mucho, mucho tiempo dormido. ¿Me he perdido
algo?
La cosa-Eval
soltó una horrible risa demoniaca y se contestó a si misma.
-Uhmmm, según
esta frágil mente parece ser que si nos hemos perdido algo. ¿Qué dices?
Si, ahora somos dos... o más, a saber cuantos hemos salido de esa cajita.
¡Jejejejeje!
Algunos
hombres sacaron sus pistolas listos para destrozar a aquella cosa. El
monstruo oyó perfectamente a los hombres sacar sus armas. Les oía hasta
el mismo corazón. Oía hasta su sangre correr por sus venas. De repente
tenia mucha hambre.
-¿Puedo
hacer algo por usted señor?- preguntó Larry a punto de orinarse encima
cuando el demonio le miró fijamente con sus siniestros y profundos ojos
rojos, bajo los cuales se encontraban los ojos de su jefe.
-Sí,
ahora que lo dices- una sonrisa llena de dientes con aspecto de cuchillas
cruzó su monstruoso rostro-. Tengo bastante hambre.
-Si quiere
puedo conseguirle algo de comida.
La sonrisa del
monstruo se hizo más amplia aun.
-Tranquilo
pequeño... me sirvo yo mismo.
A medio camino
andado desde la entrada de la grieta, Eddie comenzó a escuchar gritos de
suplica y ayuda, más una especie de salvajes aullidos animales. Su
pesadilla le vino a la memoria.
“Corre
Eddie. Está contento. Lleno de energia. Eufórico”
-¿Cómo
sabes todo eso?- le preguntó Eddie al simbionte acerca de lo que le había
dicho mentalmente. Ya dejaría las preguntas para otro momento, ahora
tenia que saber que estaba pasando allí.
En pocos
minutos llegó a una zona excavada en la roca de forma abovedada, donde se
encontró con un espectáculo que no tenia nada que envidiarle a su
pesadilla.
Todos los
ayudantes de Eval habían sido totalmente despedazados, desmembrados.
Eddie distinguió media cara de Carlton Richardson. La otra media a saber
donde podía estar.
Algunos
cuerpos estaban totalmente irreconocibles, mientras que otros, para el
horror de Eddie, tenían incluso mordiscos.
-Brock...
ayude... me.
Eddie vio a
Larry Westlake arrastrándose hacia él. Le faltaba una pierna, la cual,
pudo reconocer Eddie por el color de los pantalones, estaba a poco metros
de alli, aun goteando sangre caliente.
-...
por... fa... v... ayu...
Larry Westlake
murió tras dos asquerosos gorgoteos sangrientos y tosiendo sangre.
-Vaya, vaya,
vaya. No iria a ayudarle, ¿verdad?- Eddie reconoció la voz de Eval, el
cual salió entre las sombras con la boca y parte de la ropa manchadas de
sangre-. Sobre todo cuando fue él quien le descubrió y
por poco hace que le mataran... Veneno.
Eval rió y
escupió un trozo de carne ensangrentada delante de Eddie, el cual le miró
con una autentica mueca de asco y desagrado.
-¿Has sido
tu?
-Creo
que ha sido Larry- Eval rió como un maniaco-. ¡Preguntele!
-¿Has sido tu
el causante de esto?
-¡Jejejeje!
¿Qué crees tu... Veneno? Por cierto, bonito nombre muy...
-¡¿HAS SIDO
TU?!
Eval miró a
Eddie con autentico enfado y, a continuación, rió de nuevo.
-No,
no he sido yo señor Brock- algo parecía cubrir a Eval mientras hablaba,
una especie de polvo gris que adquiría forma-. Pero digamos, que sé
quien ha sido.
El
polvo terminó de tomar forma, por segunda vez sobre Eval, convirtiéndole
en el mortal demonio que minutos antes había masacrado a todos los
hombres que allí había.
El
demonio-Eval sonrió delante de Eddie.
-He sido yo.
¿Satisfecho?
|