Inicio

Animación

Artículos

Comics

Contacto

Enlaces

Fan Fiction

Figuras

Foro

Galería

Guía de Lectura

Noticias

Personajes

Videojuegos

 

The Amazing Venom 10

Habían pasado ya alrededor de tres días, en los cuales, Eddie Brock pudo conocer aun mejor a Anthony Eval hasta el punto que casi parecían íntimos amigos. Los dos parecían congeniar en todo, cosa que no era del agrado del ayudante de Eval, Larry Westlake, el cual, a pesar de que ya no creía que Eddie fuese un asesino en serie de autoestopistas, ni un simple asaltante de caminos, comenzaba a sospechar que toda la historia que les había contado era más un cuento que otra cosa y que ocultaba algo. Además, le era extrañamente familiar. Por otro lado, Cole Golden casi no había mantenido más de dos frases seguidas con Brock, a pesar de ser viejo amigo de Eval, cosa que no demostraba demasiado, algo que le había extrañado de sobremanera a Eddie. Algo raro había en la relación Eval-Cole.

         Era ya casi de noche del tercer día, cuando el jeep de Eval paró de golpe.

-¿Pasa algo?- preguntó Eddie que iba en el asiento trasero con Eval.

         Eval le hizo una señal para que callará. En el asiento del copiloto, Larry miraba con esfuerzo a través del parabrisas.

         De repente, Eddie logró ver por su ventanilla bastante movimiento fuera del jeep. Eran los demás hombres de la expedición que se habían bajado de sus coches. En el asiento del conductor, Carlton Richardson le hizo una señal a Eval, el cual asintió con una leve sonrisa, para, a continuación, bajar del coche, indicando a Eddie y Larry, antes de que le siguieran, que se quedasen dentro.

         Tras unos breves instantes, Eval volvió al coche, asomándose por la ventanilla.

-Señor Richardson, señor Brock... Larry, pueden bajar y contemplar la maravilla que se alza delante.

         Los tres hombres, sabiendo que era más una orden de salir que una invitación, salieron fuera. Eddie fijó bien la vista.

         Dos enormes montañas rocosas de color rojizo oscuro, se alzaban en medio de la carretera o de lo que ellos llamaban carretera. Entre las dos grandes montañas y aun en la oscuridad, Eddie pudo atisbar una grieta del tamaño de dos hombres.

-Es magnifico, ¿eh?- Eval soltó una carcajada que hizo estremecer tanto a su ayudante como al simbionte de Eddie, el cual lo notó hasta en el alma-. Ahí dentro está lo que buscamos. El cofre del Submundo.

 

                    THE AMAZING VENOM

 

Nº 10: ¡APERITIVOS!

        

                  Eddie corrió y corrió por el estrecho, largo y oscuro callejón, siguiendo los gritos de quien pedía ayuda. Todo el callejón era exactamente igual, por lo que le resultaba muy difícil orientarse.

         Al fin, dio con una esquina y nada más doblarla, se encontró con un enorme edificio rojo hecho de piedra. Los gritos provenían de ese lugar, un lugar que le daba verdaderas malas vibraciones, pero de todas maneras, se dirigió decidido hacia la puerta, en ayuda de aquellas voces que suplicaban a gritos que las ayudasen.

         Conforme se fue acercando Eddie al edificio, este, misteriosamente fue cambiando de forma, hasta adquirir la forma de lo que parecía ser un baúl gigantesco con dibujos de demonios y monstruos grabados. Eddie entró de todas formas. Deseó no haberlo hecho.

         La escena era realmente dantesca. El centro de lo que parecía aun el almacén, se encontraba lleno de restos humanos apilados unos encima de otros. Piernas, torsos, manos, cabezas, lenguas...

         Eddie se acercó poco a poco, para darse cuenta de que las voces provenían de las cabezas decapitadas que había por doquier.

-¡Ayudameeeeee!- gritaba una.

         Eddie se apartó un poco, cuando, de repente, las cabezas empezaron a ser muy familiares para Eddie.

-¡Ayúdanos Eddie!- dijo la cabeza de Beck-. ¡Nos quiere para él!

-¡Por favor Brock!- gritaba la cabeza de Peter Parker-. ¡Lo siento mucho, pero ayudame!

         Justo cuando intentaba alejarse, tropezó con algo. La cabeza de su padre, Carl Brock.

-¿Qué pasa Eddie? ¿Otra vez la has fastidiado?- Eddie podía oler la sangre y ver los tendones colgando del cuello seccionado de su padre-. ¡Eres un perdedor Edward! ¡Lo mejor sería que se te comiera y se tragara tu negra y pútrida alma!

         Entonces, sintió una extraña presencia detrás de él y una sensación muy extraña, como si pisaran su tumba. Eddie se volvió, solo para ver una extraña forma oscura, sin forma, pero que en cuanto estuviera lo suficientemente cerca, se dejaría ver. Si Eddie Brock hubiese tenido que ponerle rostro a aquella presencia, le habría puesto la cara del mismísimo Satanás.

         Pero entonces, Eddie recordó al simbionte y le ordenó que se rebelará para que fueran Veneno, solo para comprobar que ya no poseía al simbionte.

         Algo caía de las paredes del almacén, mientras la cosa oscura y malvada se acercaba. Era el simbionte, mucho más grande de lo que había sido nunca. Se acercó a Eddie y le habló sin necesidad de lenguaje mental.

-Es malvado Eddie, puro mal- el simbionte parecía estar realmente aterrorizado-. Vendrá a por nosotros, vendrá a por los inocentes. Se tragará sus almas... tiene mucha hambre Eddie.

         Entonces, pasando uno de sus zarcillos por el suelo delante de Eddie, escribió la palabra “Evil”.

-¡Debes detenerlo Eddie!- chillaba el simbionte-. ¡Él es el culpable!

         Eddie Brock abrió rápidamente los ojos, despertando así de su pesadilla. Estaba sudando a chorros, a pesar de que la noche era muy fría. Comenzó a recordar donde estaba y como habían parado delante de esas extrañas rocas para empezar las excavaciones al día siguiente.

-¡Que pesadilla!- dijo en voz alta para si mismo-. ¿Lo has notado?

         El simbionte asintió en la mente de Eddie. Parecía encontrarse muy intranquilo.

         -¿Qué te pasa? Te notó... como tenso.

         Como respuesta, el simbionte se relajó lo bastante y pareció dormirse.

-De acuerdo ya me lo explicaras mañana- no era la primera vez que el simbionte reaccionaba así al no querer hablar con Eddie-. Hay veces que te pareces demasiado a mi ex-esposa.

         El simbionte no replicó.

 

         Una hora y algunos minutos después, a cientos de kilómetros de allí, en un lujoso piso en Nueva York, Beck Matthews, abogada, amiga y ex-novia de Eddie Brock, se despertaba sedienta.

Beck miró el caro reloj de su muñeca tras beber un refrescante vaso de agua. Eran las cinco de la mañana. Tenia que levantarse en dos horas como máximo para ir a su despacho y preparar unos documentos para el caso que le ocupaba en ese momento, defendiendo a un tipo acusado de atropellar intencionadamente a un pobre vagabundo. Como últimamente pasaba, el tipo le había pagado una gran suma de dinero a Beck para que ejerciera como su abogada. Como últimamente pasaba, su cliente era claramente culpable. Como últimamente venia pasando, Beck tenia todas las de ganar a su favor.

         “Será mejor que me acueste ya o llegaré tarde y aun tengo que dejar listos los papeles para enviárselos a... ”, la imagen de Eddie Brock interrumpió los pensamientos de Beck.

-¿Dónde estas Eddie?- pensó en voz alta Beck-. ¿Estás bien?

         “¿Esto es lo que quieres de nuevo cariño? ¿Preocuparte de un hombre que arriesga su vida continuamente y no solo la suya, sino también la de los demás?”

         Había pasado alrededor de dos semanas y media desde el secuestro por parte del alienígena azulado, de Eddie y aun no había noticias de él. Sean Knight, un viejo amigo de Eddie y de ella que volvía a trabajar para el gobierno, la llamó dos días antes, para que ella supiera que cada dos por tres preguntaba a SHIELD por el paradero de la presunta nave del alienígena y su lugar de procedencia, pero o bien SHIELD mentía a Knight o no tenían noticias ni del alienígena ni de Eddie.

         Beck bostezó sonoramente y rápidamente se fue a la cama con la intención de dormir, irse a trabajar y olvidarse temporalmente de Eddie Brock. No lo consiguió.

 

         Eval y cuatro tipos con aspecto cansado, salieron de la grieta como dos horas después de haber entrado. Los cinco tenían numerosas perlas de sudor por la cara y sus ropas verdes, como del ejercito, estaban cubiertas de pequeñas piedras y de tierra.

-Como suponía- Eval se dirigió al grupo que les esperaba fuera de la grieta, entre los que estaba Eddie-. Hemos logrado avanzar bastante con los picos y las palas, pero hemos dado con una pared de piedra bastante resistente. Tendremos que reventarla con dinamita.

         Todos los hombres que le habían estado escuchando se pusieron manos a la obra, excepto los cuatro que le acompañaron, que se fueron a refrescar y Eddie, Larry y Cole, los cuales se quedaron de pie frente a Eval, como si estuvieran esperando ordenes.

         Eval pasó de largo a lado de Cole y Larry hasta Eddie Brock.

         -¿No es emocionante Eddie? Ésta parte es mi favorita cuando salgo a la búsqueda de algún tesoro- Eval rió sonoramente-. Aunque la mayoría de las veces suelen buscarlos por mi, pero como ya sabrás, este caso es especial.

-¿Por qué?- Eddie no parecía saberlo.

-Bueno, cuando consigamos encontrar ese cofre lo entenderás- Eval hizo una señal a Larry y este le trajo al instante un mapa-. Mira, ésta es la zona donde suponemos que está la pared más o menos. Si la volamos, solo tendremos que ir quitando trozos de piedra y llegaríamos a una especie de cámara de piedra hecha especialmente para guardar el cofre.

         Eddie fue asintiendo conforme Eval le iba explicando.

         -Discúlpeme señor Brock, pero ahora debo dirigir a estos hombres. Luego seguiremos charlando- Eval se fue corriendo hacia los hombres que ya tenían preparada la dinamita.

En poco más de cinco minutos, seis hombres, más Eval, se internaron de nuevo en la gruta con cuatro grandes bolsas de dinamita, dejando el campamento solo envuelto por las charlas de los hombres que se habían quedado fuera y tomaban algo de beber.

-Os habéis hecho muy amigos, ¿no, Brock?

         A Eddie le extrañó bastante que Cole le hablase.

         -¿A que te refieres?

-¿A que me voy a referir?- Cole señaló la gruta por donde momentos antes había entrado Eval con un movimiento de cabeza-. Deberias saber, que no todo lo que se ve es todo lo que hay. ¿Me entiendes?

         -Mira, no sé que tipo de problema tenéis Anthony y tu, pero...

         Cole parecía enfadado y a la vez divertido por la situación.

         -¡¿Anthony?!. Llámale por su nombre: Eval. Si supieras todo lo que yo sé no se mostraría usted tan simpático, señor Brock.

         Eddie Brock parecía dispuesto a irse

-Y no se trata precisamente de rumores tipo “Anthony Oswald Eval se acuesta con una menor de diecisiete años de edad”. Lo que yo y el señor Westlake sabemos sobre Eval, va mucho más allá.

         ¡¡BOOOOUMMM!!

         Una profunda explosión proveniente de la gruta, sorprendió a los dos hombres. El simbionte se revolvió en la mente de Brock, mostrando su molestia por el sonido... y por la presencia de Cole Golden.

         -¿Sabe como lo llamamos quienes lo conocemos bien, señor Brock?- Cole parecía sonreír mientras Eddie le daba la espalda y se dirigía a su tienda-. Le llamamos Evil, en vez de Eval. ¿No es ocurrente?

         Cole Golden se fue hasta su tienda riéndose.

         “¡Evil!”.

Eddie Brock recordó el horrible sueño de esa misma noche y la palabra “Evil” escrita delante de él... ¿Por quien? ¿Quién se la escribió?

-Fuiste tu, ¿es así?- Eddie Brock se encontraba ya seguro en su tienda y hablaba con su traje alienigena-. Que querías decir con Evil. Dímelo, porque no creo que se una casualidad.

El simbionte permanecía totalmente en silencio, tanto mentalmente como de forma física.

         Mientras en la tienda, Brock le intentaba sacar información al simbionte, fuera, Larry Westlake, ayudante personal de Anthony Eval y desconfiado por naturaleza, había observado la conversación entre Cole y Brock y estaba a punto de hablar con este ultimo, cuando empezó a escucharle hablar con otra persona... o el mismo, según parecía estar haciendo.

         “Sabia yo que este Brock no era de fiar. Solo hay que escucharle... está totalmente esquizofrénico”, pensó Larry y después se fue a por los periódicos que había traído para leer, pues por fin parecía haber conseguido recordar el rostro del señor Brock.

 

         -¡Llegó la hora al fin!- Eval se encontraba frente a la grieta, unas cuatro horas después de haber volado la pared de piedra y limpiado totalmente la gruta de los restos que quedaban-. ¡Por fin descubriremos si el cofre del Submundo está aquí y es real o solo otro mito más de este loco mundo!

         A los hombres que le acompañaban eso les importaba poco. Lo único que les importaba a ellos era el enorme dineral que Eval pagaba por tenerlos allí ayudándole, cosa que hacían muy bien.

         Desde una distancia prudencial, Eddie Brock observaba a todos los hombres de Eval hablando con él y preparándose para entrar, cuando vio a Larry dirigirse a Eval y hablarle al oído. Por la mirada que Eval echó a Eddie, el señor Westlake le había dicho algo malo sobre él, así que fue a averiguarlo.

-¡Que tengas suerte Anthony!- deseó Eddie estrechando la mano de Eval, aun con un sonriente Larry a su lado.

-¡Muchas gracias, señor... Brock!- una sonrisa realmente siniestra cruzó su rostro.

         Eval también estrecho la mano de Eddie y, a continuación, se internó junto con sus hombres, en la gruta. Tanto Larry y Eddie se quedaron fuera observando como uno a uno se metían dentro.

         -Discúlpeme señor Brock, pero hay asuntos que debo atender.

         Larry se dirigió al centro de las tiendas, donde le esperaban dos de los hombres de Eval.

“Que raro”, pensó Brock. ”Pensaba que todos sus hombres serían testigos de su descubrimiento, pero ahí tienes a esos tres”

         El simbionte preguntó por que no había ido él.

-Digamos que no me interesa mucho eso del cofre- murmuró Eddie observando como Larry hablaba con los dos hombres-. Vamos, quiero averiguar una cosa.

         Lentamente, se dirigió a su tienda, sin apartar su vista del trío de hombres que hablaban entre si.

        

         En el interior de la gruta, Eval, encabezando el equipo, estaba más emocionado que nunca. Habian pasado ya el lugar donde había estado la pared de roca y llevaban ya un buen rato andando por un estrecho camino lleno de piedras puntiagudas y mucha tierra, más alguna que otra rara especie de araña.

         “Por fin lo tendré, por fin será mío.... al fin”, pensaba Eval como dominado por una psicosis.

         No sabia, lo poco que faltaba.

 

         Eddie se acercó con cuidado a los dos jeeps. Sabia que los otros jeeps llevaban provisiones, las tiendas y algunas cosas más de poca importancia, como los materiales para la excavación, pero no había visto sacar nada de esos dos jeeps e iba a aprovechar la animada conversación entre Larry y los dos gorilas que Eval había contratado, para poner fin a su curiosidad.

         Levantó con cuidado la lona de la parte de atrás y se vio totalmente encañonado por dos rifles M-16, así que optó por no andarse por las ramas y levantar las dos lonas de golpe. A su vista quedaron al descubierto dos arsenales suficientes para diez equipos de terroristas.

         “¡¿Armas?!”

         -¿Para que querrán armas un equipo de excavación comandados por un millonario que solo desea encontrar un horrible y caro cofre antiguo?

         Para su sorpresa, el simbionte le contestó, aunque de forma críptica.

         “Armas. Peligro. Comer. Hambre mucha. Entrantes, primer plato, postre. Almas. Tengamos cuidado”

         -Por fin te decides a hablar de algo y no entiendo nada- Eddie vio como los tres hombres  se acercaban a la gruta, para, a continuación, uno de ellos, Larry, entrar-. Ahora es nuestra oportunidad.

         Eddie entró rápidamente en la tienda de Larry sin que ninguno de los dos hombres le viese y comenzó a rebuscar en las cosas del ayudante de Eval.

         -Tengo un presentimiento y no es nada bueno.

         Mientras rebuscaba dentro del saco de dormir encontró lo que sospechaba. Varios periódicos con noticias sobre el asunto de Mr. Psicópata, su perdón presidencial, el secuestro...

         “¡Hace más de dos semanas que nos fuimos!”, pensó Eddie tras ver las fechas de los periódicos.

         De repente, los dos musculosos hombres entraron en la tienda y le apuntaron con dos pistolas.

         -¡Pon las manos donde podamos verlas, monstruo!

 

         Eval contempló con autentico gozo la gran estancia abovedada en la que ahora se encontraban y aun con más pasión lo que había en el centro de ella: el cofre del Submundo.

         Ninguno de los hombres se impresionó mucho cuando encontraron el cofre. Ninguno de ellos sabia la importancia que tenia para Eval aquel objeto. Ninguno de ellos sabia el poder que transmitía. Ninguno de ellos sabia lo que era en realidad...

-¿Jefe?- Eval estaba demasiado absortó en el cofre de mármol como para hacer caso a Richardson-. ¿Este es el cofre?

         Eval asintió, señalando que se apartara y se fuera con los demás. Quería abrirlo el mismo, sin ayuda.

         -Tenga cuidado al abrirlo- le avisó Richardson antes de reunirse a pocos metros de allí con sus compañeros, aunque el aviso era más hacia la persona que debía pagarles que hacia un ser humano.

El cofre era bastante grande y completamente de mármol, excepto los demonios y monstruos incrustados en él que eran de oro ennegrecido. Eval se sorprendió alegremente al escuchar llegar a Larry Westlake, el cual, en pocos pasos estuvo al lado de su jefe contemplando el cofre.

         -¿Te has encargado ya del señor Brock?

         -Sí señor. He dejado a Nick y Ricardo con él- sonrió como hacia días que no hacía-. Se encargaran de ese monstruo señor.

-Es una pena, me caía muy bien- Eval parecía apenado, pero fue durante un segundo-. De  todas formas, si el señor Brock pretende algo contra mi... lo que haya aquí dentro se encargará de él. ¿No crees Larry?

         -Por supuesto señor.

         -¿A que es preciosa?- Eval comenzó a empujar la pesada tapa del cofre-. Empuja por ahí y ayúdame.

         Los dos hombres comenzaron a empujar hasta sudar a chorros, impidiendo siempre que alguno de los pagados por Eval se metiera por medio.

         Al fin, el cofre se abrió con un sonoro y siniestro chasquido. Su interior era oscuro y parecía, inexplicablemente, muy profundo. Tanto Eval como Larry esperaron conteniendo la respiración a ver si pasaba algo. Nada ocurrió durante los diez minutos que esperaron.

-¿Por qué no pasa nada?- preguntaba Eval muy enojado a Larry-. ¡Se supone que de aquí debería haber salido algo poderoso! ¡Algo para mí, que me diese poder! ¡Y esto es lo único que me encuentro!

         Eval introdujo la mano y saco un puñado de polvo que arrojó contra el suelo. Larry no sabia que contestar.

         -Recoge todo maldito idiota, nos vamos- ordenó Eval mientras se frotaba las manos intentando limpiarse el polvo.

         -¿Señor?

         -Dejame en paz, estúpido de mierda. La próxima vez infórmate mejor de lo que buscamos.

         -¿Señor?

-¡Qué coño quieres!- Eval se volvió enfurecido hacia su ayudante.

         Larry señaló asustado la mano de su jefe. El polvo del cofre parecía crecer encima de él.

         -El polvo... está.... creo que...

         Eval comenzó a chillar mientras el polvo aumentaba encima de él, mientras le rodeaba, le envolvía, le abrazaba...

         Larry se retiró discretamente, pero no se alejó del todo, mientras su jefe chillaba de terror, se retorcía y caía al suelo dando patadas y puñetazos intentando desembarazarse, sin conseguirlo, del extraño polvo que le envolvía y que comenzaba, para horror de los presentes, a tomar forma encima de Anthony Oswald Eval.

 

         -¡Quieto donde estas monstruo! ¡No muevas ni un pelo o te volamos los sesos!

         Los dos musculosos hombres permanecían de pie delante de Eddie Brock amenazándole con sus armas, cuando, de repente, escucharon un chillido tremendo. Parecía provenir del interior de la gruta y su emisor parecía haber sido el propio Eval.

-¿Qué demonios ha sido eso?- preguntó Nick, el más alto a su compañero aun apuntando a Brock.

-Un grito y parecía el señor Eval- Ricardo estaba muy nervioso-. Seguro que ha encontrado lo que buscaba.

         Los dos se concentraron de nuevo en Eddie Brock.

         -¿Os ha mandado Eval que me matéis?

         Los dos asintieron.

-Entonces, supongo que tanto él como vosotros sabéis lo que soy... digo, lo que somos. ¿Verdad?

         Eddie sabia usar el miedo a su favor y estaba funcionando. Ya no tenia que seguir fingiendo.

-Por supuesto que no- contestó Eddie mentalmente al simbionte, el cual, desde la supuesta camiseta de Eddie, lanzó rápidamente dos zarcillos que dejaron inconscientes a los dos musculitos de Eval.

         Eddie se acercó a los dos hombres y les tomó el pulsó.

         -Espero que no los hayamos matado.

         Una  tremenda risa, hizo que corriera hasta la grieta para ver exactamente que estaba pasando allí. Pronto lo averiguaría.

 

         Larry se acercó a la criatura que había sido su jefe, ante la atenta y asustada mirada de los demás e intentó hablarle.

-Jefe... esto... ¿se encuentra bien?

         Eval o lo que había sido Eval, le contestó con voz grave y profunda, que helo los huesos tanto de Larry como de los demás curtidos hombres.

-Nunca he estado mejor- el ser estiró todas sus articulaciones, como probándolas-. Perdona, he estado mucho, mucho, mucho tiempo dormido. ¿Me he perdido algo?

         La cosa-Eval soltó una horrible risa demoniaca y se contestó a si misma.

         -Uhmmm, según esta frágil mente parece ser que si nos hemos perdido algo. ¿Qué dices? Si, ahora somos dos... o más, a saber cuantos hemos salido de esa cajita. ¡Jejejejeje!

         Algunos hombres sacaron sus pistolas listos para destrozar a aquella cosa. El monstruo oyó perfectamente a los hombres sacar sus armas. Les oía hasta el mismo corazón. Oía hasta su sangre correr por sus venas. De repente tenia mucha hambre.

-¿Puedo hacer algo por usted señor?- preguntó Larry a punto de orinarse encima cuando el demonio le miró fijamente con sus siniestros y profundos ojos rojos, bajo los cuales se encontraban los ojos de su jefe.

-Sí, ahora que lo dices- una sonrisa llena de dientes con aspecto de cuchillas cruzó su monstruoso rostro-. Tengo bastante hambre.

         -Si quiere puedo conseguirle algo de comida.

         La sonrisa del monstruo se hizo más amplia aun.

-Tranquilo pequeño... me sirvo yo mismo.

 

         A medio camino andado desde la entrada de la grieta, Eddie comenzó a escuchar gritos de suplica y ayuda, más una especie de salvajes aullidos animales. Su pesadilla le vino a la memoria.

         “Corre Eddie. Está contento. Lleno de energia. Eufórico”

-¿Cómo sabes todo eso?- le preguntó Eddie al simbionte acerca de lo que le había dicho mentalmente. Ya dejaría las preguntas para otro momento, ahora tenia que saber que estaba pasando allí.

         En pocos minutos llegó a una zona excavada en la roca de forma abovedada, donde se encontró con un espectáculo que no tenia nada que envidiarle a su pesadilla.

         Todos los ayudantes de Eval habían sido totalmente despedazados, desmembrados. Eddie distinguió media cara de Carlton Richardson. La otra media a saber donde podía estar.

Algunos cuerpos estaban totalmente irreconocibles, mientras que otros, para el horror de Eddie, tenían incluso mordiscos.

-Brock... ayude... me.

         Eddie vio a Larry Westlake arrastrándose hacia él. Le faltaba una pierna, la cual, pudo reconocer Eddie por el color de los pantalones, estaba a poco metros de alli, aun goteando sangre caliente.

-... por... fa... v... ayu...

         Larry Westlake murió tras dos asquerosos gorgoteos sangrientos y tosiendo sangre.

         -Vaya, vaya, vaya. No iria a ayudarle, ¿verdad?- Eddie reconoció la voz de Eval, el cual salió entre las sombras con la boca y parte de la ropa manchadas de sangre-. Sobre todo cuando fue él quien le descubrió y  por poco hace que le mataran... Veneno.

         Eval rió y escupió un trozo de carne ensangrentada delante de Eddie, el cual le miró con una autentica mueca de asco y desagrado.

         -¿Has sido tu?

-Creo que ha sido Larry- Eval rió como un maniaco-. ¡Preguntele!

         -¿Has sido tu el causante de esto?

         -¡Jejejeje! ¿Qué crees tu... Veneno? Por cierto, bonito nombre muy...

         -¡¿HAS SIDO TU?!

         Eval miró a Eddie con autentico enfado y, a continuación, rió de nuevo.

-No, no he sido yo señor Brock- algo parecía cubrir a Eval mientras hablaba, una especie de polvo gris que adquiría forma-. Pero digamos, que sé quien ha sido.

         El polvo terminó de tomar forma, por segunda vez sobre Eval, convirtiéndole en el mortal demonio que minutos antes había masacrado a todos los hombres que allí había.

         El demonio-Eval sonrió delante de Eddie.

         -He sido yo. ¿Satisfecho?

© 2002-2005 veneno definitivo
 Las imágenes y textos son copyright de sus autores y/o editores, y aparecen con fines exclusivamente divulgativos e informativos. Cualquier material de esta página será retirado a instancia de su propietario.