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The Amazing Venom 9
La
larga y tortuosa carretera en medio de aquel paraje inhóspito y desolado
parecía no tener fin. El paisaje siempre era el mismo: tierra, rocas y
algún que otro matorral que daba algo de pobre color al monótono
paisaje. Anthony Oswald Eval pensó, que si en su vida tenia que volver a
ver un paisaje como ese, moriría bien feliz.
Los jeeps
pasaban a gran velocidad por la descuidada carretera, si a eso se le podía
llamar carretera, pues parecía más una zona por donde los pocos coches
que por ahí pasaban habían dejado marcada, que una carretera propiamente
dicha, aunque su función la cumplía bastante bien.
Anthony Eval
se volvió hacia Larry Westlake.
-¿Cuánto
crees que faltará para llegar?
-
Un momento señor- el fiel Larry Westlake se inclinó hacia el robusto
conductor del jeep y le susurró al oído la pregunta, para, a continuación,
volverse de nuevo hacia el hombre por el que prácticamente vivía-. Según
el señor Richardson, nos queda algo más de tres días, pero no cree que
tardemos más de cuatro.
-Entre
tres y cuatro días, ¿eh?- Anthony Eval sonrió levemente-. De acuerdo.
Muchas gracias Westlake.
-De
nada señor, para lo que quiera, ya lo sabe usted.
Cole Golden se
volvió, desde el asiento del copiloto y le dedico una sonrisa traviesa a
su amigo.
-Mira que te
gusta...
Eval le
devolvió la sonrisa.
-Ya sabes que
no me gusta aburrirme.
Larry Westlake
estaba cada vez más confundido.
-¿Me
he perdido algo?- ignoraba que las sonrisas venían en torno a su
personalidad tan servicial y lo mucho que le gustaba obedecer, por así
decirlo, a su jefe Anthony Oswald Eval.
De repente,
Carlton Richardson, principal guía de la pequeña excursión que llevaba
a cabo el millonario Anthony Eval en ese momento, se agarró fuerte al
volante y miró extrañado por la ventanilla.
-¿Pasa
algo señor Richardson?- preguntó Eval preocupado.
-Nada señor,
parece que hay una persona ahí afuera. Parece un autoestopista.
-¿Por
este lugar?- Cole intentó ver algo, pero el polvo del parabrisas se lo
impedía-. Un tanto extraño, ¿no?
-¿Qué
aspecto tiene Richardson?
-Parece
un hombre fuerte, corpulento, pero no lleva ni bolsas, ni maletas
ni nada y parece que nos este esperando.
-Pare-
ordenó Eval con voz autoritaria.
-¿Señor?
-He
dicho que pare- Eval no era de aquellas personas a las que le solía
gustar que le dijesen que no a algo.
El jeep paró,
tambaleante al lado del autoestopista. Eval sacó una cabeza por la
ventanilla al mismo tiempo que Richardson y se dirigió a aquel hombre.
-¿Podemos
ayudarle en algo, caballero?
El hombre
parecía algo desorientado.
-Sí...
bueno, es decir... sí claro.
-Entonces
suba, a proposito, ¿cómo se llama?
El hombre le
miró directamente a los ojos, de una forma que Eval admiraba en la gente.
-Brock,
Eddie Brock señor. Gracias
por llevarme.
THE AMAZING VENOM
Nº 9: HOMBRE
RICO, HOMBRE PODEROSO
Larry Westlake
comenzaba a notar los pormenores de ir tres persona en un espacio de solo
dos, aunque daba gracias de que el tal Brock no se hubiera sentado a su
lado. Ese tipo no le gustaba ni un pelo, aunque, al parecer, a su jefe si
le había caído bien.
-Bueno, señor
Brock. ¿Podría saber la razón de su actual situación, si no es mucha
indiscreción por mi parte?
Cole volvió
levemente la cabeza hacia atrás, interesado en lo que tenia que decir el
tal Brock. No se fiaba mucho de aquellas personas que se encontraban solas
en pleno desierto y tenían el aspecto de ese tipo.
-Claro,
es lógico que se pregunten como he llegado aquí, sin vehículo, sin
dinero, mochila, comida- Eddie Brock ya se encontraba mejor, pero
necesitaba una buena excusa que explicara como había llegado allí y eso
de decirles que era el supervillano redimido Veneno y que venia de
combatir hombrecillos verdes en el espacio, no parecía muy buena idea,
aunque ya era un milagro que ninguno de ellos le hubiera reconocido-. Pues
soy periodista y venia a hacer un reportaje, pero en mitad de la carretera
paré a unos autoestopistas que parecían buena gente y... bueno... me
robaron el coche, la cartera, todos mis documentos y me dieron una buena
paliza.
Eddie Brock
miró fijamente a todos y cada uno de los pasajeros de aquel coche. El
conductor parecía haber oído la historia atentamente, pero estaba
demasiado ocupado conduciendo como para que Eddie captase algún atisbo de
desconfianza. En cambio, el tipo rubio del asiento del copiloto si parecía
satisfecho y tranquilo y si no era así, actuaba la mar de bien. Por otro
lado, el único que podría descubrirle de alguna forma era el tipo
delgado que estaba a la diestra de Eval, pues su cara de desconfianza no
cabia en aquel jeep. Por ultimo, la cara de Eval era sonriente y sus ojos
brillaban de un extraño modo bajo las discretas gafas que llevaba.
-Lamento
mucho oír eso, señor Brock- Eval parecía sincero en su preocupación-.
Digame, ¿en qué periódico trabaja?
“Ahora viene
el interrogatorio”, pensó Eddie algo desanimado. Si el que más
confiaba en él era Eval y ya le hacia preguntas, terminarían por
pescarle de alguna forma tarde o temprano.
-Del
Daily Goble, de Nueva York. ¿Lo conoce?
Eval sonrió
aun más.
-¡Por
supuesto! No de una manera muy amistosa. Se han escrito artículos sobre mí
en ese periódico nada recomendables para lectores de menos de dieciocho años,
así que no le extrañará.
Eddie Brock
comenzaba a hacer memoria y vio algo en el aspecto de aquel tipo en
apariencia tan amable, que hizo que pronunciara un nombre.
-¿Anthony
Oswald Eval? ¿El
multimillonario?
Eval pareció
acomodarse aun más.
-El mismo.
Seguro que no tengo la pinta del típico Indiana Jones en busca de
aventuras, ¿eh señor Brock? -su sonrisa se hizo algo siniestra-. Pero en
cambio, según el Goble, seguro que si tengo la pinta de un pederasta que
se divierte yendo de viaje a Marruecos para montárselo con chavales que
darían cualquier cosa por una chocolatina, ¿verdad señor Brock?
Eddie
notó estremecerse al simbionte. A su amigo alienígena no le había
gustado nada el tono con el que ese tipo se había dirigido a su querido
Eddie. Por su parte, el ex-periodista Eddie Brock se preparaba para ser
expulsado de aquel jeep.
-Mire señor
Eval, puede que no sirva de nada decirlo y puede que no me crea, pero sé
todo lo que publicó el Goble y puedo imaginar como se siente...
-¿Cómo me
siento ahora o como me sentí en ese momento, señor Brock?
Cole
volvió la vista hacia atrás esperando una especie de confrontación
entre su viejo amigo y aquel individuo periodista. O al, menos que decía
serlo.
-Si le sirve
de algo, yo hice una vez un reportaje sobre usted y le trate con mucho
respeto- Eddie intentaba dar la sensación de hacerse amigo de aquel
hombre, sobre todo porque era su única salida de aquel lugar.
Algo pareció
despertarse en la cabeza de Eval, por la forma de abrir los ojos.
-¿No seria
usted el que escribió aquel reportaje sobre mí y como levanté mi
primera empresa de Exportaciones?- Eval sonrió de forma agradable-. ¿Cómo
era el titulo? Ah, sí. Se titulaba, ”El hombre que se hizo a si
mismo”.
Eddie Brock a
duras penas recordaba ese articulo y mucho menos su titulo, pero sabia
perfectamente que había escrito algo sobre aquel hombre.
-Ese mismo. ¿Le
gustó?
Eval le
estrecho la mano y la movió con energía. Todo parecía indicar que sí.
-Lo tengo
enmarcado en uno de los salones de una de mis casas. Me encantó, pero ya
tendremos tiempo de hablar sobre viejos tiempo y demás cosas de interés
cuando paremos, si se queda con nosotros claro. ¿Adónde va?
-Bueno, la
verdad es que no sé ni donde estoy, creo que aun estoy algo tocado por...
la paliza de esos tipos.
Eval
le agarró un hombro de forma amistosa, sin notar la mirada de
desconfianza que su ayudante Larry le lanzaba a Brock desde su sitio.
-Estamos en
Utah, exactamente a tres días de unas formaciones rocosas de gran interés
cerca de Salt Lake City.
“No puedo
creer que me encuentre en Utah, ¿cómo llegaré a Nueva York?”, pensaba
Eddie realmente preocupado.
-Tranquilo-
dijo Eval dándose cuenta, en parte, de la preocupación de Brock-. Si
como nos ha dicho le han robado, le pagaré muy gustosamente un billete
hasta Nueva York, eso si, después de habernos acompañado, no podemos
desviarnos ni un día más de nuestro destino. ¿Qué le parece?
-Uhm,
¿irme andando hasta Salt Lake City, matar a alguien para conseguir dinero
para un billete y ser perseguido por las autoridades hasta Nueva York o
pasar tres días con un millonario que me va a llevar hasta un avión que
me llevará a casa?- Eddie Brock mostró una amplia hilera de dientes en
una sonrisa bien sincera-. Me arriesgare con usted.
-¡Ja
ja!- rió Eval-. ¡Me cae usted muy bien señor Brock! Quizas le compre
para tenerlo como mi periodista personal.
Eval guiñó
un ojo a Eddie.
-Si
no es mucha indiscreción ahora por mi parte, señor Eval, me gustaría
saber que hace un tipo como usted en un sitio como este- Eddie esperaba no
molestar con la pregunta.
-¡Eso no es
de su incumbencia!- saltó de repente Larry como movido por una fuerza
sobrenatural. Tanto Eddie como Eval se quedaron muy sorprendidos.
-Perdone a mi
ayudante, señor Brock, es algo desconfiado.
-No tiene
importancia, yo también miraría con recelo a un tipo como yo.
-¡Je
je!- Eval volvió a reir, aunque esta vez era una risa extraña-. Es una
suerte que el señor Brock sea un tipo con sentido del humor, ¿verdad
Larry?
Eval miró a
Larry Westlake fijamente y de forma un tanto extraña.
-Si
hubiera sido otra persona, con menos sentido del humor, no sé que hubiera
pasado, ¿verdad Larry?
La mirada de
Eval se había hecho lo bastante dura como para hundir en su asiento a
Larry Westlake.
-¿Tendrá
el señor Brock que preocuparse en un futuro por comentarios de índole
impertinente de su parte, señor... Westlake?
-Claro...
que no, señor Eval- Larry se dirigió hacia Brock con una mueca de
disgusto mezclado con miedo o eso le pareció ver a Eddie-. ¿Me perdona
señor Brock?
Eddie
Brock últimamente se había especializado en perdonar.
-Por
supuesto amigo- Eddie Brock estrechó la mano de aquel hombre-. Tranquilo,
le comprendo.
-Lo
dudo mucho- murmuró Larry.
Eval
volvió a mirar a su ayudante de aquella manera, solo que está vez parecía
estar a punto de... matarle. Brock conocía aquella mirada y sabia que
algo raro pasaba con aquellos dos hombres y que si el no hubiera estado en
aquel momento en el coche, algo grave hubiera pasado, así que aprovecho
el estar allí para mediar entre los dos.
-Entonces,
¿qué hace usted aquí?
Eval
volvió la cabeza hacia Eddie Brock y de nuevo, aquella sonrisa de
estrella de cine, cruzó su casi perfecto rostro.
-Venimos
en busca de un objeto antiguo, muy antiguo y especial. Mis fuentes me
dicen que está situado en una especie de gruta en las formaciones rocosas
a las que nos dirigimos situadas cerca de Salt Lake City.
-¿Qué
clase de... objeto?
La
sonrisa de Eval se hizo más amplia aun.
-Está
noche, después de la cena, hablaremos sobre ello. Tengo además, bastante
interés en averiguar que sabe usted de mi exactamente.
A
Eddie Brock le sonó eso a interrogatorio, pero está vez le importó
bastante poco.
Eval
se acercó con esfuerzo, debido a la incomodidad del espacio del que
disponía para moverse, hasta Carlton Richardson.
-Dígales
que pararemos en una hora. Hora y media como mucho.
Richardson
asintió en silencio, agarró con la mano derecha una especie de
radiotransmisor como los que tenian los coches patrulla y repitió las
palabras de su actual cliente. Cinco jeeps que seguían al de Richardson
confirmaron la orden mediante pitidos de los coches.
Hora
y media después, cuando ya había caído la noche absoluta, pararon. Había
sido la hora y media más rápida en la vida de Eddie Brock y por alguna
razón, allí había algo que no iba precisamente bien. En el fondo,
deseaba equivocarse con aquel presentimiento.
Eddie
Brock observó atentamente las numerosas tiendas verdes de campaña que
allí se habían montado alrededor del gran fuego que minutos antes había
servido para hacer la comida que tanto él, como los miembros de la extraña
expedición de Eval, disfrutaron.
Aun
tenia en la boca el sabor a carne muy hecha y a pan crujiente, pero seguía
pensando en la razón de que un importante millonario y empresario como
Anthony Eval se encontrase allí. Por supuesto, el sabía alguna que otra
cosa sobre su nuevo amigo, si se le podía llamar así, pero nada le
relacionaba con expediciones a desiertos remotos. Es más, por lo que
Eddie sabia, Eval se encontraba bastante lejos de su casa en Los Angeles y
aun más de su tierra natal, Europa, más concretamente, Londres.
Algo
captó la atención de Eddie. Era Eval, el cual se metió rápidamente en
una de las tiendas más alejadas. El ex-periodista corrió a hablar con su
amable y misterioso salvador.
Cuando
entró en la espaciosa tienda, Eddie se encontró con Eval que hablaba en
voz baja con el fiel ayudante Larry, el cual echó una desconfiada mirada
de las suyas a Brock cuando se percató de su presencia. Eval le saludo
levemente con una mano y siguió hablando con su subordinado. Por lo que
Eddie pudo observar, Eval y Larry hablaban sobre una especie de mapa que
sostenían en las manos.
Tras
acabar la conversación que duró solo unos pocos minutos, Eval se dirigió
hacia Eddie.
-¿Qué
tal te va todo Eddie? ¿Has cenado bien?
-Muy
bien gracias. Solo venia a pregun...
-¿Un
poco de café, señor Brock?- le interrumpió Larry con una taza llena de
café humeante.
-Luego
quizás. Gracias de todas formas- Eddie volvió a Eval-. Queria
preguntarle, si no es mucha molestia...
-¿Por
qué estoy aquí?
Eddie
intento aparentar solo una sana curiosidad.
-Sí,
pero solo si quiere contarmelo, por supuesto. Es más curiosidad que otra
cosa.
Eval
parecía divertirse con las contestaciones de su nuevo amigo.
-Tranquilo,
no te creas que lo que hago aquí es muy interesante o es ilegal, aunque
al Goble seguro que le gustaría- le guiñó un ojo en plan divertido-.
Venga señor Brock, salgamos fuera y ahora que la mayoría están
dormidos, podremos charlar cerca del fuego.
Los
dos se disponían a salir de la tienda cuando Eval se dio cuenta de que
Larry les seguía.
-Ya
que vas a venir con nosotros Larry, tráete café bien caliente. Nos hará
falta.
Larry
asintió y momentos después, los tres hombres tomaban café frente a la
hoguera que se hacia más pequeña por momentos, cosa que percataron, pero
ninguno hizo nada para evitarlo.
-Muy
bien señor Brock, le hablaré sobre lo que hago aquí, pero antes, le
contare primero quien soy y que he hecho estos años últimamente, más
que nada, para que después de todo, no le extrañe
mi presencia aquí- Eval tomó un sorbo del cálido café-. Después,
me gustaría que usted me contara todo lo que se ha dicho de mi que usted
sepa, ya sabe, para ir comparando datos. Ultimamente he estado muy
retirado de la vida publica, así que también me vendría bien algún que
otro dato que se haya dicho sobre mi persona estos días. ¿Me comprende?
Eddie
Brock asintió levemente.
-De
acuerdo, empezaré yo entonces. Si le aburro dígamelo.
Eval
soltó la taza, carraspeo para aclararse la garganta y su rostro se tornó
serio.
-Como
ya sabe de sobra, me llamo Anthony Oswald Eval. Me pusieron Oswald por mi
padre. Naci en Londres, en una familia pobre pero muy feliz. Lo de familia
pobre seria solo un estado transitorio, pues mi padre, tras conseguir una
cierta cantidad bastante buena de dinero vendiendo una vieja fabrica de
cordel de mi abuelo, comenzó un verdadero negocio de importaciones y
exportaciones de ropa, especias e, incluso armas, alguna que otra vez.
Siendo yo adolescente, vine a los Estados Unidos con dinero de mi padre
para estudiar. Me licencie en Derecho, Ciencias Políticas, Teología y
Biología Molecular, siempre con las mejores notas. En cuanto salí de la
Universidad, comencé a ganar dinero y dejé de vivir de mi padre, aunque
seguí manteniendo una relación a distancia con él y mi madre hasta que
ambos murieron. Accidente de coche. No hay que mencionar la increíble
fortuna que herede, más la dirección de sus incontables empresas y
negocios que pronto pasaron de llevar el nombre de Oswald, a llevar el
nombre de Anthony Oswald- Eval soltó la taza de café ya vacía-. Hoy en
día, tengo unas veinticinco grandes empresas repartidas por todo el mundo
y más de ciento sesenta industrias y fabricas dependen de mi. Me dedico
sobre todo, a la investigación científica, recuperación y restauración
de objetos antiguos, investigación tecnológica de alta generación y
alguna que otra vez a la investigación de armamento en el uso militar.
Eddie
tomó de un trago su ultimo sorbo de la taza de café.
-¿Más
café señor Brock?- Larry le lleno la taza a su jefe y después a Eddie.
Nada
de lo que había contado le sorprendía a Eddie Brock, aunque había cosas
que no sabia y, por supuesto, Eval era lo bastante listo como para no
mencionar lo que no quería mencionar y solamente lo más normal o
considerable como normal.
-Bien,
señor Brock- Eval agarró con cuidado su segunda taza de café-. Le toca
usted contarme. ¿Se ha dicho algo nuevo de mi? ¿Qué es lo que sabe
usted de mi?
Eddie
sabia que Eval deseaba escuchar ahora todo lo malo, aunque más de a mitad
fuera mentira. Él no iba a ser el que le decepcionase.
-Bueno,
aparte de lo que usted ha contado, poco más hay que yo sepa, al menos que
sea verdad- Eddie suspiró-. Sé, por ejemplo, que nunca ha estado casado
y es más, si me permite decirlo, no es un hombre que haya tenido muchas
relaciones, al menos que se sepa.
Eval
rió sonoramente.
-¡Jajajajajajajaja!
Ha dado en el clavo señor Brock. Siga, siga, no se corte.
-También
están los rumores de sus tratos con la mafia para el trafico de drogas y
armas. Se le relacionó un tiempo con Kingpin, con experimentos con
humanos, con una red de pederastas e incluso con sectas satánicas y hasta
con vampiros. Lo ultimo, si mal no recuerdo, fue un comentario sobre su
afición a robar tumbas y antigüedades de gran valor histórico.
Un
silencio sepulcral invadió al trío de hombres. Larry Westlake no se
esperaba esa contestación tan directa de parte de Brock y, sin embargo,
un poco de respeto hacia ese extraño hombre comenzó a nacer dentro de él.
Por su parte, Eval aguantó todo lo que dijo Eddie con una sonrisa de
oreja a oreja.
-Supongo
que la mayoría de esos rumores vienen del Globe, ¿no?.
-Lo
de los vampiros lo comentaron en el Bugle- discrepó Eddie con una leve
sonrisa.
Anthony
Eval estalló en carcajadas.
-¡Pues
fueron los únicos que dieron con algo que es verdad!- Eval hizo como si
se lanzara al cuello de Larry y los tres hombres se echaron a reir.
-Larry,
ve a por las fotos del cofre y por los mapas, ya es hora de que le cuente
al señor Brock donde nos va a acompañar-ordenó Eval recuperando la
compostura.
Larry
asintió y en escasos momentos llegó a la tienda y volvió con un buen puñado
de papeles y fotos que entregó a su jefe.
-Vera
señor Brock, como le he dicho antes, a una de las cosas a las que me
dedico, tanto por mis empresas como, a veces, de forma más personal, es a
la recuperación y restauración de objetos antiguos, ya sabe, vasijas
egipcias, escudos romanos, ánforas griegas, etcétera. Todas esas cosas
que hacen que los adolescentes de hoy se duerman a los dos minutos en
clase.
Eddie
asintió con seriedad y Eval prosiguió.
-Pues
no solamente trato con esa clase de objetos. Desde hace tiempo, busco
sobre todo, el tipo de antigüedades que... podriamos decir solo existen
en la imaginación de algunos hombres.
-¿A
que se refiere?
Eval
cogió varias fotos y las ordenó.
-Me
refiero, a que desde hace tiempo, organizó expediciones o las financió,
con el fin de encontrar objetos tan singulares como el vellocino de oro,
la cruz de Cristo, el arca de Noé, la piel de león de Hercules o incluso
con el fin de dar respuestas a leyendas como el Triángulo de las
Bermudas, el monstruo del lago Ness o el mítico barco fantasma del Holandés
Errante.
Eddie
no sabia que decir, aunque solamente mirando fijamente a aquel hombre,
sabia perfectamente que no se trataba de una broma y que creía de verdad
en lo que creía.
-Pero,
todo eso son solamente mitos y leyendas, ¿no?- Eddie intentaba
comprenderlo-. Es decir, ni la cruz de Cristo ni el Yeti, ni nada de eso
existe.
Eval
sonrió.
-No
creo que todo eso exista, pero gran parte de esas leyendas tienen un
origen real- Eval comenzó a contar con los dedos-. Existen ciertas fotos
autenticas de Bigfoot, así como fotos por satélite de lo que seria el
arca de Noé, así como indicios en numerosos libros y documentos de la
existencia de la lanza de poder o el ojo de Agamotto. Además, en el mundo
en el que vivimos hoy en día, lleno de hombres pulpo, tipos que vuelan
con la ropa interior a la vista y chalados que se visten de demonios, ¿no
resultan más creíbles estas cosas?
Eddie
Brock nunca lo había visto desde esa perspectiva, pero de alguna forma,
le daba la razón a Eval.
-Ahora
mire estas fotos, señor Brock.
Eval
le entregó unas cuatro fotos en las que se veía un extraño cofre, de
aspecto pesado y bastante grande, casi tanto como un ataúd, hecho de lo
que parecía ser mármol y adornado con extraños y terroríficos dibujos
de lo que parecían ser demonios y diversos monstruos.
-¿Qué
es esto exactamente?
-La
razón de que yo este aquí ahora mismo. Es el llamado cofre del Submundo.
Eddie
torció la boca en una extraña sonrisa.
-¿Y
que es exactamente?- preguntó curioso devolviéndole las fotos a Eval.
-Verá,
como toda clase de antigüedad u objeto de estas características, este
valioso cofre consta de dos historias: una considerada como la real y otra
más fantástica, perfecta para hombres que creen que Elvis no murió y
que el área 51 existe.
El
ex-periodista apuro su segunda taza de café y se dispuso a escuchar.
-La
historia más real, nos dice que fue construido por ordenes expresas del
propio Julio Cesar, todopoderoso emperador de Roma, con la única razón
de decorar y, a la vez, ahuyentar los malos espíritus, de ahí esos
horribles y a la vez,
esbeltos y hermosos adornos de monstruos y demonios- la boca de Eval se
tornó en una siniestra sonrisa-. La otra parte de la historia, nos cuenta
como Julio Cesar hizo fabricar este cofre a un poderosos druida, con la única
razón de encerrar dentro a unos demonios que, al parecer, aterrorizaban a
un pequeño pueblo de las cercanías de Roma. Según cuentan, los demonios
fueron apresados, pero no se supo más de ellos, aunque la historia del
cofre no termina ahí. Dicen las crónicas más oscuras, que alrededor del
siglo trece, existía un gran caballero, de estos de armadura
impecablemente limpia y honrados como el propio Dios, que protegía una
pequeña comarca de todo mal. Una mañana, tras toda una noche de asedio
en un país vecino, encontró su pueblo destrozado, los niños habían
sido horriblemente mutilados, las mujeres eran todas despojos
sanguinolentos y de los hombres no quedaba nada reconocible. Incluso toda
su familia, que allí vivía, había muerto. Por suerte, buena o mala,
consiguió ver al ser que había hecho todo aquello antes de que huyera.
Era un horrible demonio cuyo rostro parecía congelar el tiempo y el corazón
de los hombres. Era grande, poderoso y muy rápido, con lo que consiguió
huir del caballero antes, incluso de entablar combate, pero eso no
consiguió desalentar a nuestro héroe, que, lleno de odio, se informó
acerca del monstruoso ser y lo atrajo a una trampa. Presa de la venganza,
mató con sus propias manos a más de veinte hombres de lo peor de lo peor
y lleno una posada con toda su sangre y cadáveres, algo que, sin duda
atraería al monstruo, el cual llegó al cierto tiempo, encontrándose con
su verdugo, un encolerizado caballero. El combate fue brutal, pero al
final el caballero logró vencer, despellejo vivo al monstruo y,
finalmente, le desmembró y repartió sus pedazos por medio mundo, dándole
la piel a un gran erudito amigo suyo. Tras esto, el susodicho caballero,
se quitó la vida.
La
historia aun dejaba sin palabras a Larry Westlake, aunque la hubiera oído
bastantes veces. Con Brock no ocurrió lo mismo.
-¿Qué
pasó con su piel?
-Según
la leyenda, el mal del demonio seguía en aquel trozo de piel
sanguinolenta, así que el viejo amigo del caballero, encontró el cofre y
la guardó dentro, donde dicen que aun reposa- Eval soltó una leve
carcajada-. Claro que para mi, el cofre es solo un objeto más que
encontrar para adornar mi salón, pero las leyendas aportan algo de
tensión a la
busqueda. ¿No cree?
Eddie
Brock rió.
-Algo
sí. Creo que está noche no podré dormir.
Eval
se levantó riéndose.
-Pues
yo voy caer como un tronco- le hizo una señal a Larry-. Si nos disculpa
señor Brock, tenemos que irnos.
-Por
supuesto, me quedaré aquí, apagare esto y nos... me iré a acostarme-
poco a poco se iba acostumbrando a hablar solamente de él, sin meter al
alienígena de por medio, al menos mientras tuviera que proteger su
identidad con aquellas personas.
-¡Que
descanse señor Brock!
-¡Igualmente!
Eddie
esperó hasta ver como Larry y Eval se metían en sus respectivas tiendas
para apagar el fuego e irse también a su tienda. Esa extraña sensación
de que algo malo pasaba le
duró hasta dormirse.
Mientras
tanto, en la tienda de Anthony Oswald Eval, este repasaba los papeles y
las fotos del cofre del Submundo.
Pasó
una foto. Y otra. Y otra. Y la siguiente. Las pasaba mirándolas absortó,
como hipnotizado.
-Sí,
señor Brock. Es solamente un adorno más para mi salón.
Una
sonrisa más propia de un animal salvaje que de un hombre inundó su
rostro.
-Solamente
un adorno. ¡Je je je!
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