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The Amazing Venom 8
Veneno
arremetió, con todas las fuerzas que le quedaban, de nuevo contra los
barrotes de celda, solo para ver como los lasers salían de la pared y
disparaban contra él, pero antes de que dispararan su letal munición,
Veneno creo varios zarcillos con el simbionte, los cuales lanzó hacia los
lasers, pero otros dos más, salieron de la pared que tenia detrás y
destrozaron al traje viviente. Veneno fue lanzado con fuerza hacia una de
las paredes de su celda. Los lasers ya no le dejaban inconsciente, se podría
decir, que ya se estaba acostumbrando a ellos, pero llevaba varios días o
eso creía él, intentando escapar por todos los medios, sin ningún
resultado.
Uno de los
ayudantes, mejor dicho siervos, de Dunklo, se acercó a la celda apuntando
con uno de aquellos mortales rifles que si que seguían haciendo bastante
daño a Veneno. Otro ser azulado, se acercó también a la celda y metió
entre los barrotes, en dirección a Veneno, una especie de plato con un
extraño puré marrón oscuro lleno de grumos, dentro. Veneno lo miró,
desde su lado de la celda, con más indiferencia que otra cosa.
Desde el
ultimo “experimento”, la batalla con el Super-Skrull, Veneno ahora,
que Dunklo llamaba, un residente de primera. Habían empezado a darle de
comer, si bien es cierto, la comida, el extraño grumo marrón, tenía
ciertos efectos secundarios que Veneno no acababa de ver. Le dejaban
dormir bastante y, de cuando en cuando, cinco soldados armados con extraños
bastones eléctricos entraban para golpearle y disuadirle de escapar. Eso
siempre ocurría después de cada intento de fuga. Como ahora.
Tras varios
minutos observando el plato de la comida, Veneno vio como los barrotes subían
y cinco soldados azulados, entraban para darle la paliza que se tenía
merecida, según Dunklo.
-De acuerdo-
Veneno se levantó-. Veréis como hoy os sorbo la espina dorsal.
THE AMAZING
VENOM
Nº 8:
ESTRATEGIA IMPREVISTA
El simbionte
se contrajo, despertando a Eddie Brock, cuando vio llegar a su torturador:
Dunklo.
-¡Hola mi
presa!- Dunklo esgrimía uno de esos intentos de sonrisa que tanto le
caracterizaban-. Espero que no os sentará mal la paliza.
El
negro traje viviente, cubrió al ex-periodista, transformándolo en
Veneno, el cual se incorporó en la cama y dirigió una mirada llena de
odio a Dunklo.
-Déjate
de gilipolleces y charla insulsa y dinos la razón de que tengamos que
verte tu fea cara un día más- Veneno se apretó el cuello, el cual hizo
un sonido seco-. Si la charla es corta, puede que cuando te tengamos entre
nuestras garras, te dejemos vivir lo suficiente como para que notes como
te arrancamos esa cosa que tienes dentro de la cabeza y que tu llamas
cerebro.
Dunklo rió
con su voz metálica y seca.
-En realidad
en mi idioma no es “cerebro”- se cruzó de brazos-. Pero, es verdad
que estoy aquí por otro motivo.
Dunklo comenzó
a pasearse por delante de la celda, con aire pensativo y andares de
autosuficiencia. Se veía muy seguro de si mismo.
-Las ultimas
pruebas son muy positivas, por ello, te quedaras conmigo, aquí- se volvió
y miró a Veneno directamente-. La verdad es que aun no tenia un humano en
mi colección, me vendrá bien uno unido a uno de los pocos simbiontes
vivos que quedan en el Universo y más si ese simbionte tiene cualidades
tan... sorprendentes.
Dunklo se apoyó
en los barrotes.
-Por ejemplo,
esa araña blanca en el pecho. Tiene bastante que ver con la extraña
estructura genética del simbionte. Otro dato curioso, es la extraña
relación que parecéis llevar, algo muy, muy raro en la raza simbiotica
de nuestro amiguito negro, aunque tu, quizás, no lo sepas.
Eddie Brock lo
sabía bastante bien. Su simbionte, había sido repudiado, hace bastante,
bastante tiempo, por su raza, ya que la raza de los simbiontes, querían
dominar a sus huéspedes, mientras que el simbionte de Eddie, buscaba
pertenecer. Por ello fue encerrado por los de su raza y en esa celda, fue
donde Spider-Man se lo encontró durante las Secret Wars, aunque eso, es
otra historia.
Veneno
escuchaba atentamente a su carcelero.
-Otro dato
curioso, es, la falta de semillas de tu traje. Según mis estudios, los
simbiontes poseen varias semillas para procrear, es decir, a tu simbionte,
le faltan sus hijos, lo cual significa, que tiene más de una descendencia
por ahí, algo también muy raro, ya que solo debería tener un hijo según
su edad y, según mis datos, ha tenido seis. ¿Me lo puedes explicar?
Eddie podría
explicárselo todo muy bien. Desde el nacimiento del simbionte de Matanza,
hasta los nacimientos, de forma artificial, de los otros cinco simbiontes
de la Fundación por la Vida, pero prefirió callarse.
-Muy bien, me
da igual- Dunklo parecía molesto-. Supongo que seguirán en la Tierra.
Dentro de poco tengo que volver allí, tengo datos de que en tu planetucho
se encuentra uno de los últimos kryptonianos del Universo. De paso que lo
capturo, iré por uno o dos de los hijos de tu simbionte.
Dunklo le dio
la espalda a Veneno.
-Por
cierto, cómetelo todo- se refería al extraño grumo marrón-. Seguro que
te encuentras mejor y con más fuerzas.
Su risa
persiguió a Veneno toda la noche.
Tras un
incomodo sueño, Veneno se despertó. Por supuesto, no sabía que hora
era, ni que día.
Al
despertarse, vio a uno de los chicos de azul de Dunklo, acercándole el
plato de grumo por entre los barrotes, para luego irse.
Veneno
se dio cuenta de que tenía hambre y fue a por el extraño menjunje. Una
voz irrumpió en los pensamientos de Eddie Brock. Era el simbionte.
-¿Qué
dices?- el simbionte se apartó de la cara de Eddie Brock, dejando a la
vista sus rasgos humanos-. ¿Qué la comida tiene algo? Si fuera así, lo
habría notado.
Brock se
sorprendió por la respuesta.
-¿Tu
lo has notado porque a mi no me hace nada? ¿Dices que es para mantenerte
debil?- todo comenzó a tomar sentido en la cabeza de Eddie Bock-. ¿Por
eso ni siquiera podemos pelear con los soldados de Dunklo?
Ahora lo
comprendía todo. La comida tenía un cierto efecto energético en Brock,
pero todo lo contrario en el simbionte, la verdadera fuente de poder de
Brock. Dunklo lo sabía y ahora, tanto Eddie como el simbionte estaban en
un grave problema.
-Dices que no
coma, lo veo bien, por ti, para que recuperemos fuerzas, pero si no como,
el que estará débil para la huida seré yo y solo podremos escapar...
juntos.
El simbionte
se contrajó un momento y dejo pasó a unas ropas normales. Un rato de
incertidumbre por parte de Brock, después, el simbionte cubrió por
completo a Eddie.
-¿Tienes
un plan? ¿A qué esperas para contármelo?
Mientras el
simbionte le contaba el plan, mentalmente, al humano que le servia de
huesped, Veneno no dejaba de mirar el raro plato con el grumo marrón. Una
vez que el simbionte hubo acabado, Veneno formó una horrible sonrisa.
“¡Si! Es
extraño que no se nos hubiese ocurrido antes”, pensó Veneno, empezando
a poner en practica su plan.
El
mismo ser azul que un rato antes había dejado el plato de “comida” en
la celda de Veneno, se acercó a la misma para ver si podía recogerlo ya.
El preso parecía
estar tendido en la extraña estructura de metal que le servía para
descansar y cubierto por la tela térmica que Dunklo le había
proporcionado. El extraño ser, vio que el plato de comida estaba
completamente vacío, así que, aprovechando que el prisionero parecía
estar dormido, cogió rápidamente el recipiente y se lo llevo sin más
problemas. Eddie Brock le echó un rápido vistazo. La primera fase de su
plan estaba en marcha.
El
azulado ayudante de Dunklo, llevó el extraño recipiente al carrito
motorizado donde tenía todos los demás cuencos de los otros prisioneros.
Al
ser la de Veneno, la ultima celda revisada, los cuencos irían
directamente a la sala de incineración, donde acababan todos antes de ser
construidos otros nuevos con extraordinaria rapidez. Dunklo no quería
sorpresas desagradables en forma de virus o agentes extraños en alguno de
los platos de sus presas. Toda precaución para mantener su colección,
era poca.
Antes
de llegar a la sala de incineración, el ayudante, se pasó por la sala de
control de las celdas, a por unas herramientas necesarias para arreglar la
sala de incineración.
De
repente, noto como algo se movía en el carrito. Era como si uno de los
paltos se hubiese movido. No le dio más importancia y se dirigió con
prisa a por las herramientas.
Mientras
tanto, en la celda de Veneno, Dunklo volvía a hacerle otra visita. El
extraño coleccionista se encontró a Veneno, tal y como se lo había
dejado su ayudante: acostado y cubierto con la tela térmica.
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