Inicio

Animación

Artículos

Comics

Contacto

Enlaces

Fan Fiction

Figuras

Foro

Galería

Guía de Lectura

Noticias

Personajes

Videojuegos

 

The Amazing Venom 7

Eddie Brock, miraba fijamente los barrotes de lo que podría llamarse, su nuevo hogar.

         La celda era bastante amplia, comparándola con algunas de las celdas en las que había estado Eddie antes, cuando vivía en la Tierra, pero también era bastante simple y carente de accesorios. Solamente, una especie de cama enorme, una rara silla de aspecto futurista y un agujero de bordes metálicos y redondeados que hacia de retrete, componían la celda. Y Eddie Brock seguía observando los barrotes.

         Según sus cuentas, llevaba tres días prisionero de Dunklo, tras su pequeña batalla en la Tierra. Tres días, en los que nadie había ido a verle a la celda. Tres días sin probar bocado. Tres días sin dormir. Tres días, esperando un síntoma de debilidad por parte de las defensas de la celda.

         Las ropas de Eddie comenzaron a cambiar y como otras tantas veces, le cubrieron para dar lugar a Veneno. Ahora, Veneno era el que observaba los barrotes, con unos ojos blancos, fríos y penetrantes, concentrados en su objetivo.

         Veneno se concentró para crear un zarcillo a partir de su traje. Debía de ser muy, muy fino, como un pelo, un filamento que nadie, ni nada, detectara y comenzó a guiarlo mentalmente, a través de los barrotes.

         Cuando el finisimo zarcillo estaba a punto de cruzar los barrotes, dos lasers salieron de las paredes cerca de los barrotes y dispararon potentes rayos de calor a Veneno, haciendo trizas al simbionte y al humano durante tres minutos que a los dos organismos que formaban Veneno, les pareció una eternidad. Durante las siguientes cuatro horas, tanto Eddie, como el simbionte, estuvieron inconscientes, hasta que una tosca voz metálica les llamó. Ya sabían quien era. Su torturador.

         -¿Otro intento de fuga, simbionte?- Dunklo hablaba a través de los barrotes-. Bueno, a partir de hoy, se os quitaran las ganas de intentar fugaros.

 

              THE AMAZING VENOM

 

                  Nº 7: ESPACIO VACIO

 

Los barrotes subieron, dejando la celda a disposición de quien quisiera entrar... o salir, pero Veneno no tenía fuerzas. Tres días sin comer, dormir, intentando huir y siendo tiroteado por los rayos de calor intenso, le habían dejado bien débil.

         Seis criaturas azules, iguales a las que se había enfrentado Veneno en la Tierra, mandadas por Dunklo y seguramente de su misma raza, entraron en la  celda, portando raros grilletes y rifles grandes de extraño aspecto. Veneno ya sospechaba que era lo que disparaban, solo por su aspecto.

         -¿A... dónde... va... va...?- Veneno no tenía apenas fuerzas para hablar.

         Dunklo se acercó a un indefenso Veneno, mientras sus ayudantes o siervos como los llamaba él, le ponían los grilletes y le dejaban aun más indefenso.

         -Bueno, digamos que tu extraño comportamiento en la Tierra, tu extraña cooperación con el alienígena, me ha hecho pensar que antes de separaros, diseccionarte y quedarme con el simbionte, debería hacerte algunas pruebas- Dunklo esperó a que sus ayudantes sacaran a Veneno de la celda para abrir la marcha-. Espero que no te importe si experimento con vosotros un poco.

         Con Dunklo a la cabeza, tres alienígenas agarrándole y otros tres apuntándole con los rifles, a Veneno no le quedó más remedio que aceptar su destino... por ahora.

         El pasillo donde estaba la celda de Veneno estaba repleto de celdas, muchas vacías, pero otras con seres tan extraños y estrambóticos que parecían pertenecer más a una película de serie B de los años cincuenta, que a la realidad misma. Veneno los observo sin gana alguna mientras iban pasando. Vio a un kree, raza bélica y muy inteligente, a un ser humanoide totalmente blanco, sin boca y una gran cabeza llena de lo que parecían venas, vio a un extraño ser, entre negro y transparente, con una gran cabeza alargada y una cola que parecía muy dañina, además, parecía tener una boca dentro de otra. Dunklo se dio cuenta que Veneno miraba a sus adquisiciones.

         -¿Te gustan?- Dunklo se acercó a Veneno-. Son mis últimos trofeos, algunos son únicos, otros no. Algunos son muy poderosos, otros no. Los traigo aquí tras haberlos capturado, mientras les hago las pruebas de autenticidad y calidad necesarias, para ver si mi mercancía está realmente sana, para después del periodo de pruebas, llevarles a la otra parte de la nave, donde en unas celdas más grandes y cómodas, simulo su hábitat natural.

-¿Y eso es todo?- Veneno parecía más despierto-. ¿Les capturas, les arrebatas su libertad, solo para darte el placer a ti mismo de mirarte al espejo o lo que tengas y decirte que los tienes aquí encerrados y ahora son de tu propiedad?

         -Bueno, la verdad es que de vez en cuando, voy a los planetas más avanzados y los muestro como entretenimiento.

         Veneno intentó liberarse, lo que hizo que Dunklo retrocediera, pero estaba bien sujeto y aun no estaba en plenitud de fuerzas.

         -¡Eres un monstruo!

-¡Grescharte Limpikiýuno!- gritó Dunklo en su lengua natal-. ¡Hablas como si fueran pobres seres inocentes! ¡Es más, hablas como un débil humano, lo que me lleva a pensar que el alíen está demasiado débil para llevar las riendas o que hay algo raro en vosotros!

         Dunklo se acercó a Veneno y le cogió la cara fuertemente.

         -Fíjate bien, humano- Dunklo señaló a un extraño ser que los miraba fijamente. Poseía también una especie de doble boca, era musculoso y su peinado, a Veneno le recordó levemente a la moda de los rastafari de la Tierra, lo cual le llevo a pensar que estaba volviéndose loco, si, ante la situación en la que se encontraba, se permitía el lujo de bromear de esa forma-. Ese ser, tan tranquilo que ves ahí, caza por placer. Los de su raza son unos trippket asesinos que no dejan títere con cabeza y sus trofeos favoritos son los cráneos de sus presas.

         Dunklo se alejo unos pasos de Veneno. Parecía más calmado.

         -Me costó mucho trabajo coger a uno vivo, ya que suelen convertirse en kamikazes cuando se ven derrotados, pero ahí le tienes: encerrado y listo ya para ser llevado a su nueva área de confinamiento- Dunklo volvió a acercarse a Veneno-. No es ningún ser inocente y aun menos, indefenso.

         -Bueno- Veneno también parecía más relajado-, no hemos dicho que todos sean inocentes y, digamos, que nosotros somos, quizás, los menos inocentes de está nave.

         De repente, diversos zarcillos del simbiote comenzaron a golpear a los soldados de Dunklo, derribándolos a todos. Veneno empezó a apretar hasta romper los grilletes con un estallido.

         -¡Ahora te enseñaremos la diferencia entre culpables e inocentes, rata asquerosa!

         Veneno asestó un codazo en el pecho de Dunklo, que sin su armadura, lo notó como si le hubiera atropellado su propia nave. Fue lanzado contra una de las celdas ya agarrado por su habitante actual, un Z´Nox, una especie de pulpo rojo con aspecto levemente humanoide. Dunklo no podía deshacerse del Z´Nox y Veneno se acercaba.

         -¡Es hora de ajustar cuentas!- Veneno se preparó para atravesar la cabeza de Dunklo con una de sus garras-. ¡Tranquilo, no notaras nada... aunque no podemos asegurártelo!

         Los lasers de la celda se activaron y dejaron fuera de combate al Z´Nox, por lo que Dunklo pudo esquivar el mortal golpe de Veneno y lanzarlo lejos de si de un puñetazo en plena cara. A continuación y antes de que Veneno pudiera reaccionar, le disparó con uno de los rifles de sus ayudantes. Un potente sonido, en forma de disparo, fue a parar en Veneno, haciendo gritar de tal forma al simbionte, que incluso Dunklo pudo escucharlo en su mente. Veneno cayó fulminado, aunque no estaba inconsciente del todo. Los soldados de Dunklo se apresuraron a maniatarlo de nuevo.

         -¡Trusjer fuggon kiyu!- ordenó Dunklo a uno de sus soldados, refiriéndose a que llevaran a Veneno al laboratorio-. ¡Trisju werrfalash!

         Lo ultimo fue más una amenaza de muerte que una advertencia de que no fallaran, así que, dándose prisa, los temerosos soldados se dirigieron con el prisionero al laboratorio principal de la nave, para empezar las primeras pruebas con Veneno.

 

         Dunklo llegó al rato de que llevasen a Veneno y le encontró tal y como esperaba: suspendido en el aire en forme de equis, gracias a numerosos cables y sujetado con grilletes. Estaba despierto.

         -¡Has tenido suerte, pero cuando salgamos de aquí te... !

         -¡No hareis nada, imbéciles!- Dunklo, estaba acompañado de dos alienígenas de su misma raza, pero parecían científicos o doctores-. De acuerdo, que empiece la investigación. Primero cogeremos un trozo del simbionte y se analizará.

         Uno de los aparentes científicos, se acercó a Veneno, cogió un trozo de traje de la pierna derecha y lo cortó con cuidado. El simbionte estaba tan débil que no podía resistirse de ninguna forma posible.

         Mientras el ser azul, metía el trozo de traje viviente en una pequeña maquina luminosa, el otro le dio a varios botones que hicieron brotar pitidos y más luces de la susodicha maquina, hasta que se calmó. Dunklo echó un vistazo a una especie de pantallita con números en la maquina.

         -Uhm, que interesante- parecía hablar más para si que para Veneno, aunque usaba su mismo idioma-. El adn del simbionte parece alterado de alguna forma. Su estructura celular es diferente a la que se indica en la tabla, en cuanto a la de los simbiontes.

         Dunklo se acercó a Veneno y le habló desde abajo.

         -¡Vamos, dime! ¿Por qué el adn del simbionte es tan extraño?- Dunklo parecía molesto-. ¡Dime que significa el simbolo del pecho! ¡Dime como hace el simbionte para crear esas raras cosas que expulsa de las manos! ¡Las he investigado y una raza de la Tierra también las segrega! ¡En concreto, algunas especies de arácnidos!

         Veneno permaneció en silencio. Parecía mirar fijamente a su captor.

         -¡Maldita sea, contesta! ¡Dime porque razón tu y el simbionte parecéis tan unidos, tan en sintonía! ¡El simbionte debería llevar el control! ¡Contesta, pedazo de fuggré!

         Un chorro de baba verde del simbionte directo a la cara, fue toda contestación que recibió Dunklo de Veneno.

-De acuerdo, pequeño grescharte- Dunklo se apartó sin asco y lentamente las babas de la cara-. Como quieras, lo descubriré de todos modos, pero para ello tendré que realizar las pruebas más importantes antes de lo previsto.

         Levantó un brazo en dirección a sus ayudantes y estos asintieron. Se volvió nuevamente hacia Veneno, está vez con una de sus raras sonrisas.

-Empezaremos con las pruebas de resistencia al fuego y el sonido- Dunklo se alejó-. Que lo disfrutéis.

 

         Veneno fue bañado durante las sucesivas horas, con varios rayos de calor intenso, de sonido e incluso, con abundantes llamas. Poco después, cuando estaba ya lo bastante agotado, vinieron otras pruebas de adn, para, a continuación, las pruebas a Eddie Brock, lo cual les costó más, porque el alienígena se resistía, pensando que le harían daño a su huésped, lo cual extrañó aun más a Dunklo, pues desde siempre había creído que los simbiontes consideraban a su huésped como mero transporte en el mejor de los casos, pero este simbionte demostraba preocuparse en demasía por su huésped.

Durante los sucesivos días, Veneno fue sometido a diversas pruebas parecidas o aun más duras, mientras un odio casi enfermizo comenzaba a gestarse dentro de él y su objetivo era, sin lugar a dudas Dunklo, su secuestrador, su carcelero y su torturador y aunque no tenía ya tiempo en su celda, la cual no había pisado en todo el tiempo de las pruebas, para pensar en su odio a Dunklo, si lo hacía entre tortura y tortura.

         Tras todas las diversas pruebas que Dunklo consideró necesarias, llegó a extrañas conclusiones con respecto al simbionte y también al humano, entre las que estaban, la increíble fuerza que parecían poseer juntos, sumado a la coordinación entre ambos, para pasar, por la gran compenetración entre los dos seres, lo que le llevaba a Dunklo pensar que incluso separados, podían llegar a hablar, pero esto ya era más usar la imaginación que la inteligencia, por lo que lo descartó.

         Por parte del humano, observo su increíble fuerza, agilidad y rapidez, además de su buena salud, lo cual, según había descubierto Dunklo, parecía venir del largo tiempo de exposición al simbionte, algo que no podía ser posible, ya que los simbiontes, por naturaleza, dejaban secos a sus huéspedes después de no demasiado tiempo, por lo que llegó a concretar que el simbionte debería haber sorbido todos los flujos y sustancias de Brock, desde hacia ya años. Pero allí estaba aquel irritante humano: más sano y fuerte que nunca.

         Los datos que había conseguido del simbionte eran, si cabe, más extraños aun. El simbionte, podía segregar una especie de telaraña muy parecida en aspecto a las de algunas clases de arácnidos de la Tierra, pero estaba hecha de sustancia del propio simbionte. Dunklo comprobó, que el simbionte tenía una gran resistencia al fuego y el sonido, aunque, por supuesto, le hacían daño y podían llegar a matarlo, lo contrario, sí hubiera sido bastante raro y preocupante.

Dunklo también descubrio, que el simbionte había tenido descendencia, pero no pudo saber el número, aunque según sus investigaciones, ya no podía tener más, lo que le apenó. Su adn era muy extraño y parecía no ser puro, aunque lo que más le extrañó fue la naturaleza pacifica en primera instancia del simbionte, a menudo seres muy agresivos, pero este, solo se mostraba enfadado y ofensivo, cuando veía que le iban a hacer algo al humano, lo que también sorprendió mucho a Dunklo, que consideraba desde siempre a los simbiontes, como seres que se salvarían ellos y dejarían a su huésped a merced de cualquier peligro si con eso, conseguían seguir vivos. Para esos detalles no tenía respuesta, pero eran detalles que debería averiguar con detenimiento con el tiempo. Quizás el humano supiera la razón del comportamiento tan extraño del simbionte, aunque no le extrañaría que se debiera a la alta exposición del simbionte con el humano, un ser cuya raza, a pesar de ser belicosa, era débil y se dejaba llevar normalmente por los llamados sentimientos.

 

Veneno miró fijamente a Dunklo tras despertarse de una de las ultimas pruebas. Seguía en el laboratorio, del que no se había movido, pero aun más débil que en el primer día. Había perdido la cuenta completamente, de los días que llevaba en la nave.

         -Por fin habéis despertado, aunque no sé si lo hacéis a la vez, o el simbionte se despierta cuando té despiertas tu, humano- Dunklo cruzó los brazos-. Las pruebas han sido muy reveladoras e interesantes, aunque me gustaría saber cosas, como la razón por la cual, el simbionte aun no te ha convertido en una masa de huesos carente de sustancia o por que actuáis tan bien junto o donde conseguiste el simbionte, pero son cosas que con el tiempo descubriré. Para tu alegría, o no, según se mire, hoy tendréis la ultima prueba.

         De repente, los grilletes se abrieron, las cadenas se soltaron y Veneno cayó al frío y metálico suelo con estrépito. Parecía no poder levantarse. Diez soldados con rifles sonicos le rodearon.

         -Vamos, levantaos, al menos uno podrá- con un movimiento de mano, Dunklo ordenó que encadenaran a Veneno y que lo trasladarán-. Adelante, veras lo que os tengo preparado.

         Dunklo y sus guardias llevaron a un débil Veneno hacia una enorme sala, que parecía más un ring de lucha que otra cosa. Veneno se situó en el centro, mientras los diez guardias y diez más, estos con rifles lasers, se situaban lejos apuntándole. Dunklo le habló.

         -Lo que vamos a probar ahora, es vuestra resistencia física juntos y vuestra habilidad en combate. Por supuesto, yo he probado ambas, durante nuestro enfrentamiento, pero está vez quiero ver de lo que sois capaz juntos en situaciones extremas, es decir, estáis cansados, hambrientos y doloridos. ¡A ver que hacéis contra un verdadero guerrero!

         Dunklo miró a uno de los soldados, el cual abrió un portón de acero a unos metros de acero. Un ser verde, de aspecto horrible y con un traje morado entró en la gran sala. Era muy musculoso y seguro de si mismo. Era el Super-Skrull.

         -¡De acuerdo Dunklo!- el Super-Skrull miró a Veneno-. Si le venzo, ¿podré irme?

         Dunklo esgrimió una de sus sonrisas. Era como si las ensayase.

         -Por supuesto, véncele y serás libre.

         El Super-Skrull se preparó.

-Un simbionte, que interesante- observó su aspecto erguido-. ¿Vienes de la Tierra? Me resultas familiar.

         Veneno no tenía interés en contestarle, lo único que sabía en ese momento, era que estaba ante un enemigo prácticamente invencible y  que estaba totalmente sin fuerzas. El simbionte habló con Eddie.

         -Sí, estoy muy débil, sé que tu también lo estás- Eddie parecía susurrarse a si mismo-. ¿Qué dices? No, si hacemos un esfuerzo podremos con él, estoy seguro, solo manténte fuerte. Vamos, piensa que luego vendrá Dunklo.

         El simbionte pareció apretarse más contra Eddie, como si lo que le había dicho le hubiera dado fuerzas.

         -Así me gusta- Veneno se dirigió al Super-Skrull-. ¡Adelante, te comeremos las entrañas!

         -¡Je je! Se nota que vienes de la Tierra, eres muy divertido- el Super-Skrull echo un puño hacia atrás-. Me juego mi libertad, voy a ir a por todas.

El puño del Super-Skrull se convirtió en piedra y se dirigió hacia Veneno como si fuera de goma, pero por el camino, antes de que Veneno se moviera, desapareció, aunque no del todo. El golpe lanzó a Veneno contra la pared detrás de él.

         Veneno vio venir a su enemigo y le lanzó telaraña que el skrull esquivó, para a continuación aporrear a Veneno, el cual lo esquivó mediante unas cabriolas gracias a una telaraña bien lanzada. Con una patada en plena espalda que hizo gemir al Super-Skrull, dejó bien claro que no estaba derrotado del todo. Mientras, los guardias apuntaban a los dos contendientes y Dunklo disfrutaba del espectáculo.

         Los brazos elásticos del Super-Skrull comenzaron a golpear en todas direcciones. Veneno, mediante saltos y cabriolas lograba esquivarlo, pero cada vez se le acercaban más.

         “No podemos seguir así, terminara por cogernos”.

         Cuando vio cerca uno de los brazos, Veneno lo cogió y con las pocas fuerzas que aun le quedaban, tiró de él, haciendo chocar la cara del propietario del brazo contra una de las paredes. El Super-Skrull parecía furioso.

         -¡Voy a matarte!- chilló lanzándose contra Veneno con los puños convertidos en piedra.

         El Super-Skrull alcanzó con uno de los puñetazos a Veneno en la mandíbula, luego otro en el estomago, que le hizo quedarse sin aire y un tercero en plena cara.

         Justo cuando iba a golpear el cuello, Veneno logró esquivar el ataque de su enemigo y golpeo fuertemente con los puños juntos en el de su enemigo, tirándolo al suelo. Una patada, lo lanzó varios metros del lugar. El suelo estaba lleno de sangre del skrull.

         -¡Ya estoy harto!- gritó el skrull-. ¡Has salpicado mi sangre! ¡No permitiré una humillación como está!

         Una sonrisa asquerosa recorrió los labios del Super-Skrull.

         -Si de verdad eres un simbionte, supongo que tengo la mejor arma para ti.

En un abrir y cerrar de ojos, el Super-Skrull se rodeó de llamas, igual que hacía la Antorcha Humana, el joven miembro de los Cuatro Fantásticos. El simbionte chilló de miedo en la cabeza de Brock, pero era tarde: tres bolas de fuego impactaron en el pecho de Veneno, antes de ser lanzado hacia la pared, nuevamente, por toda una cortina de fuego.

         Destrozado y a punto de desmayarse, Veneno pudo ver como su enemigo se acercaba a él dispuesto a acabar el trabajo.

         -Colaboremos... Dunklo no te dejará ir... podemos escapar.

         -¡Ja ja ja ja!- rió el Super-Skrull-. ¡Ya veras como si te mato me dejará ir!

         El Super-Skrull apuntó con una de sus ígneas manos a Veneno y justo cuando parecía a punto de calcinarlo, diez potentes lasers le derribaron. Dunklo se acercó lentamente a Veneno.

         -Debería haber pedido un contrato, ¿verdad?- los soldados se acercaban tras Dunklo con los grilletes para Veneno en las manos-. No me gusta estropear mi mercancía, aunque ha sido una batalla interesante.

         La oscuridad absorbió a Veneno.

 

         Cuando Veneno despertó, se dio cuenta de que estaba en la celda de nuevo. Un plato de metal, grande y lleno de adornos alienígenas, estaba en el suelo cerca de él. Un grumo oscuro lo llenaba. Por supuesto, tras los barrotes estaba Dunklo.

-¡Muy bien!- felicitó el extraterrestre-. Tus cualidades de recuperación son increíbles, así como las de combate. Os enfrentasteis juntos al Super-Skrull, estando cansados, hambrientos y heridos y sobrevivisteis al menos, lo cual me satisface.

         Dunklo pareció irse pero se volvió hacia Veneno.

-¿Sabes que? Creo que también me quedaré contigo, humano. En un principio pensé en eliminarte, pero creo que serás mucho más valioso vivo y con el simbionte, así que alégrate. Come un poco, duerme y piensa que podrás estar con tu simbionte, de aquí a la eternidad. ¡Ja ja ja ja ja!

© 2002-2005 veneno definitivo
 Las imágenes y textos son copyright de sus autores y/o editores, y aparecen con fines exclusivamente divulgativos e informativos. Cualquier material de esta página será retirado a instancia de su propietario.