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The Amazing Venom 6

El alienígena era alto y corpulento, aunque su corpulencia parecía porvenir de la robusta armadura negra, que cubría gran parte del torso, los hombros y de cintura para abajo. Su piel era de una tonalidad azul oscura y parecía no poseer pelo a simple vista. Sus ojos eran amarillos y muy penetrantes.

         -¡Tu!- el alienígena señaló con un dedo azul a Veneno-. ¿Eres un simbionte?

         -Si- Veneno se acercó un poco al alíen alejándose de la multitud que los observaba-. ¿Y tu quien eres?

         Los ojos del extraterrestres parecieron abrirse de asombro.

         -¡Que raro! Un simbionte capaz de articular palabras- dio unos pasos hacia Veneno-. ¡Oh, no! Ya comprendo. Tiene en su poder a un huésped de este planeta, un... humano, ¿no?

         Detrás de los dos seres, la policía intentaba alejar a los curiosos y mantener la zona controlada.

         -A eso se debe también su postura erguida- la voz del alíen era ronca y metálica a la vez-. El simbionte se ha unido a uno de estos... seres.

         Veneno le señaló enfurecido.

-¡Óyenos bien! ¡Dinos quien eres y quizás te dejemos con vida!

         -De acuerdo- el alíen parecía muy tranquilo, a pesar de encontrarse frente a una de las criaturas más peligrosas de la Tierra, aunque eso, claro, no lo sabía-. Me llamo Dunklo, pertenezco a la noble raza de los Breerli, quizás tu, patética criatura, no conozcas de nada a mi noble raza, pero quizás el simbionte sí.

         Veneno se quedó en silencio unos segundos.

         -No- respondió-. Mi simbionte no os conoce a ti ni a tu estúpida raza.

         Dunklo apenas se inmutó.

         -Y ahora que te has presentado, dinos, que es lo que quieres.

         El extraterrestre pareció sonreír, aunque fue más una mueca.

         -Soy un coleccionista, un gran coleccionista- hizo una especie de reverencia-. Colecciono razas, ¿y adivina que he venido a buscar a este planetucho?

 

          COLECCIONISMO

 

         -A ver si lo hemos comprendido- Veneno quería conseguir tiempo mientras evacuaban la zona-. Eres un coleccionista alienígena que colecciona razas como el que colecciona cromos de baseball, ¿verdad?

         El alíen asintió.

-Y supongo, que una de las razas que faltan en tu colección es un simbionte, ¿voy bien?

         -Muy bien.

-Estupendo- Veneno observaba por el rabillo del ojo como la gente se alejaba y entonces vio a Peter Parker hablando con el abogado ciego-. Lo que quieres decir, es que me vas a quitar al simbionte y te lo vas a llevar para tu colección, ¿no?

         -Exacto. Es más, el simbionte seguramente considerara un halago que me haya tomado tantas molestias por él, aunque no lo admita ni te lo diga. Ya se sabe como son estos simbiontes con sus huespedes: los usan y los tiran, nada más.

         Veneno estaba cada vez más cabreado, pero tenia que hacerlo hablar más.

         -Dime una cosa, ¿cómo es que hablas mi idioma?

         El alienígena se cruzó de brazos. Se veía que empezaba a impacientarse.

         -Debido a mi continua búsqueda de razas para mi colección, me he instruido en prácticamente todas las lenguas de este y otros universos, salvo en algunas como en la utilizada por tu amigo el simbionte- el alíen se cruzó de brazos-. Así que, como la única forma de hablar de los simbiontes es de forma telepática, dile a tu compañero que se entregue de forma pacifica y no le pasará nada.

         -¿Y si yo no quisiera deshacerme del simbionte?

         Dunklo rió. Era una risa más parecida a la tos de un viejo amenazando con vomitar la papilla de la mañana, pero una risa después de todo.

-¿Deshacerte tu del simbionte? Es el simbionte el que decide. Los simbiontes son una raza de conquistadores. Cogen a sus huespedes y los dominan hasta dejarlos secos. Así actúan. No sé cuanto faltara para que “tu” simbionte termine contigo y te deje seco en cualquier lado, pero seguramente será pronto.

Veneno no se sorprendió de oír esa sarta de idioteces del alienígena. Eran verdades, eso lo sabía, pero no con respecto a su simbionte. El simbionte de Eddie Brock, era una rareza en su raza. Quería pertenecer más que dominar y por ello Eddie Brock no estaba seco ni era esclavo de nadie. Pero Dunklo parecía ignorar eso.

         Dunklo abrió los ojos sorprendidos mientras miraba el pecho de Veneno.

         -¿Qué es eso?- señaló a la araña blanca que llevaba Veneno en el pecho-. Es increíble. Eso convierte a tu simbionte en algo único.

         La expresión de su cara se tornó amenazadora.

         -Debe ser mío- cruzó los brazos-. ¿Te ha contestado ya el simbionte ante mi tentadora oferta?

         Veneno asintió.

-El simbionte me ha dicho, que te transmita, que juntos vamos a darte una patada tan dolorosa en tu azulado culo, que se te quitaran las ganas de coleccionar, incluso unas insignificantes chapas.

         La expresión de Dunklo no cambió.

         -No entiendo tu extraña jerga, terrestre, pero supongo que tendremos que hacerlo de la forma difícil- cogió una especie de mando y apretó uno de los botones-. A mi no me gusta mancharme las manos y pocas veces tengo que hacerlo y debido a que un simbionte no es especialmente peligroso, con las armas adecuadas, supongo que no tendré que intervenir.

         La pequeña capsula-nave se abrió y de ella salieron cuatro seres como Dunklo, pero con una armadura gris menos preparada que la de Dunklo. Dos llevaban una especie de pequeños rifles. Los otros dos, unas pistolas con pinta de pesar bastante.

         -Tranquilo humano, en cuanto tenga a ese singular simbionte, te dejaremos con vida, aunque puede que en el proceso de captura, sufras algún daño.

         Los azulados seres se acercaron a Veneno, el cual, volvió la cabeza hacia la multitud, ya bastante alejada de allí y controlada por la policía y vio a Parker. En su mirada se veía perfectamente que se estaba preparando para entrar en acción como Spider-Man. Veneno le miró y sacudió la cabeza negativamente.

         “¡Sabe lo que pretendo hacer!”, pensó Peter Parker.

         Veneno seguía mirándole. Parker asintió. No pensaba intervenir y por supuesto, debido a las ultimas noticias y a la cantidad de periodistas y cámaras de por medio, Matt Murdock tampoco pensaba hacerlo.

Uno de los seres azules apuntó con la pistola y un potente rayo rojo salió de ella yendo a parar en el pecho de Veneno, pillándolo por sorpresa. El simbionte se desprendió de la zona que el rayo había tocado. La multitud gritaba.

         Otro de los seres,  uno de los que llevaban uno de los pequeños rifles, disparo contra Veneno algo afilado, que uno de los zarcillos del simbionte detuvo al vuelo, arrojándolo al suelo. Ahora eran dos los seres que disparaban sus rifles de dardos contra Veneno.

         Veneno intentaba por todos los medios seguir esquivando, tanto los rifles, cuyos dardos escuchaba cerca de la cabeza mientras saltaba de una lado a otro procurando no poner en peligro a la multitud, como el láser de tan increíble potencia, pero el cuarto alíen, con otra pistola láser se unió a sus compañeros. La cosas se empezaban a poner difíciles para Brock y su simbionte.

Dando una pirueta en una farola, que al instante salió ardiendo por culpa de los lasers, Veneno consiguió poner a tiro a los aliens de los rifles. Cogió uno de los rifles y lo partió solamente con sus manos, golpeo con fuerza al extraterrestre y lo lanzo contra su compañero, el cual lo esquivo, pero no pudo esquivar el tremendo cabezazo de Veneno. Dos menos.

         Un nuevo disparo de láser dejó al descubierto por un breve espacio de tiempo, parte del torso de Eddie Brock, así que, hizo varios escudos con el simbionte en los brazos, de manera que pudiera acercarse a sus enemigos.

         De una patada, incrustó a uno de los aliens en un muro cercano y con los zarcillos del simbionte, lanzó al otro por los aires, solo para recibirlo con una tremenda patada que le hizo estrellarse contra la nave de la que minutos antes había salido. Veneno había ganado... por ahora.

         La multitud estalló en vítores y aplausos, pero Veneno no tenía tiempo para regodearse en ellos: aun quedaba Dunklo.

         -Muy bien simbionte- Dunklo parecía más contento que molesto-. Ahora me toca a mí.

         De un potente y rápido salto, se situó al lado de Veneno, cogiéndole un brazo y lanzándolo contra un escaparate de una tienda de ropa. Veneno aterrizó entre trajes de novia y elegantes vestidos.

         Justo cuando salía, cabreado y listo para destrozar a su enemigo, un disparo de láser, aun el doble de potente que los anteriores, le hizo doblarse, impulsándole aun más adentro de la tienda. Un penetrante silencio inundó el campo de batalla.

         Algo se movía dentro del destrozado recinto. Por la puerta, aun más cabreado que antes, apareció Veneno sin un rasguño.

         -Tendrás que esforzarte más si pretendes llevarte al simbionte.

         Dunklo apuntó de nuevo a Veneno con la extraña pistola que había utilizado segundos antes.

         -Será un placer.

         El rayo amarillo eléctrico iba dirigido a la cabeza de Veneno, el cual se doblo hacia atrás, esquivándolo por muy poco. Tanto Eddie Brock como el simbionte sintieron el calor del disparo.

         “No debemos dejar que nos acierte de nuevo con esa arma”, pensaba Veneno. “Otro disparo quizás nos haga autentico daño”.

         Dunklo disparó dos veces más, pero con más lentitud. De un salto y una pirueta gracias a telaraña, Veneno esquivó los disparos. Se dio cuenta, que el arma necesitaba recargarse, sino, Dunklo le estaría disparando de forma más indiscriminada.

         “Habrá que aprovecharlo”.

Veneno saltó desde las alturas a por Dunklo el cual le disparó, pero su presa creó varios escudos con el simbionte, lo suficientemente gruesos para que no le causasen verdadero daño y aterrizó encima de Dunklo con todo su peso.

         -¡Nos has cabreado bastante, coleccionista!- Veneno estaba encima de Dunklo intentando alcanzarle con sus manos llenas de garras-. ¡Ahora veras la hospitalidad terrestre con invitados no deseados!

         Dunklo le sujetaba las manos a Veneno, mientras abundante baba verde de la boca del simbionte caía sobre su azulado rostro.

         -No tengo por costumbre luchar con las manos, ya que consideró esa practica algo brutal y primitivo- Dunklo notaba como le fallaban las fuerzas-. Sin embargo...

         Dunklo propinó un fuerte cabezazo a Veneno en plena cara. Destrozó numerosos dientes del simbionte que enseguida se regeneraron. Para terminar de zafarse de él, le propinó una fuerte patada en el estomago que le hizo retroceder varios metros.

         -¡Aaaaggghh! ¡Estás consiguiendo lo imposible!- Veneno se recompuso de la patada rápidamente-. ¡Que tardemos en sorberte los sesos!

         Rápidamente, lanzó telaraña a las manos de un sorprendido Dunklo, el cual no había visto nunca lanzar telaraña a un simbionte y de un salto, incrusto un rodillazo en el estomago al descubierto de su enemigo. Dunklo escupió sangre, de color rojo brillante.

         Un brutal cabezazo de Veneno, hizo que se escuchase un ¡crack! que quizás indicaba que la nariz de Dunklo no volvería a ser la misma. Dos puñetazos más en la cara, despejaron las dudas, de que la nariz del extraño coleccionista estaba al fin rota.

         Dunklo no veía de donde venían los golpes. Solo conseguía ver, dos grandisimos puños negros que le destrozaban la cara, cuando saco, con las fuerzas que aun le quedaban, una especie de bola plateada llena de remaches. Uno de los puñetazos de Veneno, hizo que la bolita fuese a parar entre la gente.

         Veneno paró de golpear a su adversario y cuando vio como brillaba intermitentemente el chisme esférico, supo lo que era.

         Rápidamente, lanzó una telaraña, pues los más curiosos, ya se habían acercado a ver que era el extraño objeto esférico. Tomo impulso y lanzó la bola contra otra tienda... la cual explotó en mil pedazos en un extraño estallido azul.

         Destrozado en el suelo, detrás de Veneno, Dunklo, lo observaba todo.

         “Que extraño. El simbionte debería sentir hacia esos seres, lo que siente ese animal llamado pulga, hacia ese otro animal de compañía terrestre llamado perro y sin embargo, se ha olvidado por completo de mí para salvarles la vida”

         “Tendré que estudiarlo en la nave”

         Veneno se volvió hacia su enemigo.

         -¿Pensaste que te habíamos olvidado?

         -Por supuesto que no- Dunklo se levantó con una especie de pequeño cetro metálico con diversos botones-. Solo acabamos de empezar.

         -¡Ja! Eso es lo que le gustaría a tu cara.

         Dunklo pulsó uno de los botones del extraño cetro y este se extendió, adquiriendo las dimensiones de un gran bastón.

Rápidamente, Veneno saltó hacia su adversario, el cual, con una velocidad pasmosa, lo esquivo, echándose a un lado y golpeó duramente la espalda del simbionte. Golpeó, otras tres veces en el estomago y torso de Veneno, el cual empezaba a gemir de dolor.

         El extraterrestre azul, comenzó a utilizar el extraño artefacto de forma rapidisima, lanzando golpes por todos lados y cada vez que Veneno contraatacaba, esquivándole. Veneno comenzaba a cansarse.

         “Increíble. Hace unos minutos estaba prácticamente derribado y ahora es más rápido y fuerte que antes, por no decir que con ese bastón nos golpea en todos los puntos vitales. Debe de conocer perfectamente tanto la fisionomía simbionte como la humana”

         “Podríamos haber aprendido mucho de él”

         “En otra ocasión quizás”

         Un bastonazo en plena cabeza, que hizo dejar al descubierto durante unos instantes parte de la cara de Eddie Brock, hizo a Veneno dejar sus pensamientos para otro momento.

        

Entre la multitud, Beck, ex-novia de Eddie Brock y ahora, su mejor amiga y abogada, observaba la escena. Una escena que para ella era muy conocida.

“Así es como quieres que vaya todo, ¿verdad guapa?”, se decía a ella misma. “Es lo mismo de siempre con Eddie, al menos mientras tenga esa cosa pegada al cuerpo. Siempre se pondrá en peligro, él y los que le rodean”

 

         Beck observó como la multitud vitoreaba a Veneno. Unos pocos le abucheaban. Otros simplemente sacaban fotos o deseaban que se mataran los dos seres que a unos metros luchaban.

         “Bueno, al menos está vez tiene el apoyo del publico.”

         “Y aunque eso sirva de algo, solo lo tendrá por ahora”

         “Por ahora”

        

         Dunklo, esquivó la patada de Veneno, le agarró por debajo con el bastón y le arrojó al suelo con un tremendo golpe.

         -¡Ufffff!- Veneno parecía cada vez, más cansado.

         Su enemigo se lanzó hacia él y comenzó a golpearle en el suelo con el bastón.

         -Ahora te mostrare un truquito de la tecnología- Dunklo apretó otro botón del metálico bastón. Las puntas del bastón parecían brillar ahora.

Con cada golpe, Veneno recibía ahora una potente descarga eléctrica, que amenazaba con dejar inconscientes, tanto al hombre, como al simbionte. Dunklo parecía muy contento y a la vez furioso.

         -¡Seguro que te gusta! ¡Vamos! ¡Muéstrame tu fuerza para que mi viaje merezca la pena y no me lleve un viejo y estúpido sim... !

         Una garra se clavó en el estomago al descubierto de Dunklo.

         -...como quieras- Veneno agarró el bastón y lo destrozó con la rodilla.

         Veneno golpeó fuertemente a Dunklo en el torso, con su mano derecha aun salpicada de sangre roja brillante del alienígena y le destrozó la flamante armadura negra, lanzándolo contra una farola cercana y partiéndola por la mitad.

         Ahora, Veneno se acercaba lentamente, disfrutando el momento, a un vencido Dunklo.

         “Debo hacer algo”, pensaba Dunklo luchando para mantener la consciencia y de repente vio su pistola justo al lado.

         Decididamente, la cogió y disparó con ella a un policía que estaba por allí cerca. Veneno corrió, saltó y con un placaje, consiguió salvar al policía. La multitud empezó de nuevo a vitorear y aplaudir. Parecía que estaban asistiendo a un partido de fútbol o a un concurso televisivo en vez de a la lucha de dos seres del espacio.

         -¿Está usted bien?- preguntó Veneno al asustado poli, el cual asintió temblando.

         Veneno se levantó y se percató de los gritos de aviso y los chillidos, así que se volvió a donde veía que señalaban. Un enorme rayo amarillo electrificado le sacudió en pleno pecho, lanzándolo hacia atrás. Fue como ser atropellado por una locomotora. Veneno perdió el conocimiento.

         Lo primero que vio Veneno al despertar, fueron unas extrañas barras muy parecidas a la de la cárcel y a Dunklo detrás de ellas. Notó que no veía tras los blancos ojos del alíen, que aunque si lo notaba en su cuerpo, no le cubría como Veneno, así que supuso que estaba como Eddie Brock. Dunklo parecía sonreír.

-¿Dónde... uf... estoy?- Brock sentía como si se hubiera bebido toda la cerveza de Alemania y ahora estuviera de resaca.

         -Bueno, exactamente, exactamente, se supone que estamos a dos millones de kilómetros de la Tierra- Dunklo acercó su cara, a la del desconcertado Brock-. ¿Qué tal la cabeza?

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