|
The Amazing Venom 5
PROLOGO
El Universo.
Ese inmenso espacio, donde él nuestro y tantos otros planetas se
mantienen mediante un hilo invisible mientras el tiempo pasa y pasa.
Estrellas, satélites, asteroides, meteoritos y miles de elementos más lo
componen. Hoy, un extraño elemento más, se añade a la composición del
trozo de Universo donde se encuentra el planeta azul, la Tierra.
Concretamente, esa rareza, se halla cerca
de la Luna.
“Estudiando
composición del planeta llamado Tierra”
La
mano de tonalidad azul oscuro del ser, acciono unos cuantos botones y el
ordenador volvió a hablar.
“Gran
parte de su superficie es agua. Raza predominante: terrícolas”
El
ser soltó lo que en la Tierra podría considerarse como una risa, tosca y
seca como una tos, pero una risa al fin y al cabo. El conocía a los terrícolas,
a los humanos, pero prefería que el ordenador le recordase un par de
cosas.
“Los
terrícolas respiran oxigeno, el cual abunda en la Tierra. La base de su
organismo es el carbono. Su actitud es la de un pueblo violento y guerrero
normalmente, aunque poseen una tecnología y una sociedad muy avanzadas”
El
ser acciono unos cuantos botones más. Quería saber ya si su búsqueda
había dado éxito.
“Razas
diferentes a los terrícolas... procesando... procesando... datos
actualizados”
Pulso
el botón verde que le daría lo que estaba buscando con desesperación.
Llevaba demasiado buscando algo que parecía extinto y estaba dispuesto a
encontrarlo.
“Procesando
razas: kryptonianos... skrulls... krees... simbiontes...”
Corto
el ordenador y activo todo para que su viaje fuese mínimo.
“Tiempo
de llegada: 2 días. Lugar de llegada: cercano al objetivo elegido.
Objetivo: simbionte”
El
ser, activó los mandos y armo los propulsores. En dos días tendría lo
que llevaba años buscando. Un simbionte, un ser, de una de las razas prácticamente
desaparecidas del cosmos.
“Espero que
no oponga resistencia, aunque me gustaría”
Por supuesto,
su supuesta presa, iba a poner resistencia.
Mientras
intentaba coger las llaves, sin dejar caer las bolsas de la compra, Beck
Matthews maldijo el no tener marido.
“O un chico
de los recados al menos”, pensó con aire cansado.
Al fin, logro
abrir la puerta sin dañar ninguna de las bolsas, las dejo encima de la
mesa de la cocina, cerró la puerta y se dispuso a preparar la cena. Una
cena para ella sola.
Había pasado
mucho, mucho tiempo desde su ultimo novio o rollo al menos. Había sido en
San Francisco, por lo menos hace un siglo, como le parecía a ella. Pero
esa era la vida de la anterior Beck, la Beck que se preocupaba por los demás,
la Beck buena y responsable.
“Si
bueno, ¿y que si me marche sin despedirme de ninguno de ellos? ¿Y que si
vivo de forma cómoda gracias a casos de personas, que la mayor parte de
las veces son más que culpables?”
Pero por
supuesto, ella sabia que todo lo que había hecho, estaba mal, sobre todo
los casos que aceptaba últimamente. Casos que le destruían el alma a
abogados como ella o como era ella al principio.
Al llegar a
Nueva York, huyendo de la vida bajo tierra que tenia en San Francisco, con
un puñado de sin techo sin esperanzas ni sueños, creía que todo seria fácil.
Tras aceptar y ganar tres casos cuyos clientes eran más inocentes que el
propio Jesucristo, se sintió bien, bastante bien, pero se sintió mucho
peor, cuando vio lo que ganaba con esos inocentes clientes. Todo fue mucho
mejor cuando empezó a defender clientes de dudosa reputación. Primero
fue el asesino de su mujer, el cual declaró que su mujer se suicido
mediante tres puñaladas en la espalda y que luego se arrojó por la
ventana de un sexto piso. Tuvo que alegar demencia transitoria por el estrés,
los niños, etc. El segundo fue uno de los chicos de Kingpin. Un joven de
tan solo veinte años, acusado de matar a tres hombres. Kingpin le dio un
buen dinero y ella ganó. Pero su alma no. A partir de ahí, todo lo que
recuerda es culpabilidad y carencia de conciencia.
“Pero
todo eso permite que vivas así, ¿no? Aunque lo hagas sola cariño”.
Cogió un
tarro de mermelada y lo lanzo al televisor de
treinta mil dólares. Una mano lo detuvo.
-Tranqui
chica, este televisor parece muy caro- dijo riendo Eddie Brock.
THE
AMAZING VENOM:
LLEGÓ DEL CIELO
-¿Ed...
Eddi... Eddie?- Beck
no podía articular palabra.
-Ese es mi
nombre- Brock soltó el tarro de mermelada de fresa sobre la mesa de la
cocina, junto con los demás artículos que había comprado su amiga-. No
me lo borres Becky.
Beck no podía
creer lo que estaba viendo. El ultimo hombre con el que había estado y
por el cual, se había marchado de San Francisco, estaba allí mismo, en
Nueva York, justamente delante de ella, en su casa.
-¡¿Se puede
saber que haces aquí?!
-Tranquila
Beck, solo nos hemos... me he pasado para verte- Eddie se sentó en uno de
los sofás e invito a Beck a sentarse.
-Pero... no se
como... no puedes- Beck no parecía poder reaccionar.
-Sé que ha
sido mucho tiempo Becky, pero vayamos por partes. Tranquilízate y
pregunta. Yo contesto.
Eddie esbozo
una gran sonrisa.
-Primero, no
me llames Becky. Como lo vuelvas a hacer, tengas o no tengas a esa cosa,
te mato. ¿Entendido?
-Ok. Empezamos
bien, sigue.
Beck quería
saber tantas cosas y a la vez no. Ese hombre era la razón por la cual había
empezado una nueva vida. Hacia mucho tiempo de la relación entre ambos y
aun más de la pareja que fueron, una pareja rota más bien por el
“otro” de Eddie Brock, una cosa que Beck no podía soportar.
-Lo siguiente
es que me expliques que haces en Nueva York y como me has encontrado.
Eddie percibió
mucha hostilidad en su voz.
-Para
lo primero- Eddie cogió un periódico que había en un sillón-, toma, el
Bugle, quizás te dé algunas respuestas.
Beck cogió el
periódico y lo leyó en voz alta.
-“Veneno
salva vagón de metro de una bomba. ¿Un nuevo héroe o una antigua
amenaza?”
Beck frunció
el ceño.
-Bueno, no te
enfades, te he traído el Globe.
-“Veneno
atrapa al asesino en serie Mr. Psicópata. El presidente concede la amnistía
al supercriminal Veneno”.
Beck no salía
de su asombro
-No te extrañes
guapa- Brock parecia más contento que nunca-. Parece ser que el asunto de
Mr. Psicópata ha servido para que se den cuenta de que estamos del lado
de los angeles. Me han concedido un perdón presidencial.
-Si no me
extraño, es solo, que es raro que no me haya enterado antes. Ultimamente
he estado muy ocupada.
-Ya
lo veo- Eddie observó detenidamente el piso-. Has debido estarlo para
pagarte este lujazo, ¿verdad?
-Tonterías a
un lado- Beck recobro la compostura-. ¿Cómo me encontraste?
-Un
amigo de la policía, un detective, el cual nos... me ayudo con lo del maníaco
ese- Brock intentaba no hablar de él en plural, como referencia la
simbionte-. Le pedí como favor personal que te encontrase.
-¿Y para que?
Eddie se
levantó.
-Parece ser,
que en todo este papeleo sobre el perdón presidencial, etcétera, etcétera,
me hace falta alguien que me arregle todos los papeles de origen jurídico,
ya sabes, ni que fuera a divorciarme... de nuevo.
La chica ya
sabia por donde iban los tiros.
-Y pensamos...
pensé que tu serias una estupenda abogada- Brock se sentó de nuevo a su
lado-. Supe que te habías hecho abogada al fin, hace un tiempo.
Beck se levantó
preocupada. Convertirse en la abogada de Eddie significaría tenerle de
nuevo en su vida.
-Vi lo de tu
juicio hace tiempo. ¿No es el famoso Matt Murdock tu abogado?
-Parece que es
verdad que no lees el periódico ni ves las noticias- Brock dibujo una
leve sonrisa en su rostro-. Se dice que Matt Murdock es Daredevil.
-¿Daredevil?
¿El superheroe?
-No, el diseñador
de moda
-No
hace falta ser sarcástico, ya te he dicho que estoy muy ocupada- Beck
parecía indecisa con el tema de ser la abogada de su ex-novio-. ¿Pero
Murdock no es ciego?
Eddie asintió.
-¿Tu que
crees?- pensaba que cambiando de tema se libraría por unos momentos de
contestarle a su antiguo novio.
-No creo nada,
solo sé que debido a eso, por ahora está muy, muy ocupado. Le llame y no
me contestó, así que pensamos... pense en ti.
Beck se había
fijado, que aunque Eddie intentase evitarlo, no podía dejar de hablar en
plural, por lo que supuso que Eddie seguía con el simbionte.
-¿Aun lo
llevas?- Beck frunció el ceño-. Ya sabes, esa cosa.
Eddie se
estremeció.
-Llámalo por
su nombre, le molesta que le digan cosa- el simbionte dejó de apretar a
Brock-. Si, siempre lo llevaré Beck, somos uno y estamos unidos para
siempre. Ultimamente han pasado cosas, pero ya te las contare... si me
dejas, claro.
Beck
parecía indecisa.
-Vamos Beck,
te necesito.
Eddie
la miró con ojos suplicantes y Beck recordó al bueno de Eddie Brock, el
hombre que se preocupaba en demasía por los demás, el hombre al que había
querido... un pedazo de ella y su pasado.
-De acuerdo
Eddie, pero vete, déjame tu número y ya hablaremos mañana.
Eddie la sonrió.
-Muchas
gracias Beck.
Y se fue, dejándola
sumida en sus pensamientos. Pensamientos que ahora incluían al Eddie
Brock que se transformaba en aquel horrible monstruo negro, que una vez
estuvo a punto de matarla.
Apretó la
combinación de botones adecuada, para que el ordenador le diera la
distancia exacta a la que se encontraba su objetivo.
“Distancia
exacta en tiempo terrestre: un día, tres horas, veintitrés minutos y
once segundos para alcanzar el objetivo”
“Uhm...
eso es alrededor de unos cuatro con dos trell”
Maldijo en su
idioma y en voz alta. Algunos de sus ayudantes se estremecieron. Sabían
que más tarde la tomaría con ellos, aun más, porque más que ayudantes
para él eran esclavos.
Su enfado
provenía de la lentitud con la que iba. La nave había perdido uno de los
cuatro gigantescos motores en una batalla por conseguir su ultima
adquisición de coleccionista. El super-skrull. Solo de recordar, tan
exquisito y único trofeo, se relamió pensando en el siguiente. Un
simbionte vivo.
Beck
había llamado a Eddie Brock muy temprano y habían estado toda la mañana
en casa de Beck hablando sobre el papeleo necesario para llevar a buen
puerto y sin problemas la amnistía de Veneno. Por la tarde habían
almorzado, dieron un paseo por Central Park y ahora se encontraban tomando
un café en una terracita próxima al gran parque.
Eddie le había
contado todo lo que le había ocurrido desde que se fue de la ciudad
subterránea de los sin techo, hasta hace unos días, cuando recuperó su
simbionte y se embarcó en la captura de Mr. Psicópata. Beck hizo un
tanto de lo mismo.
Beck se
sorprendía de lo fácil que era hablar con Eddie. Era un hombre que sabía
escuchar, atento, cariñoso y muy protector... lastima su relación,
aunque no acabase mal, no terminase por la falta de algunas de aquellas
cosas. Es más, para Beck, Eddie era el hombre perfecto... pero sabía que
para el simbionte también.
Eddie tomó un
sorbo de su pequeña taza de café.
-Pues la
verdad es que ha sido interesante- Eddie se refería a todo lo que le había
contado Beck-. Pero me extraña mucho la nueva Beck.
Beck notó
como desde que le contó como había “vendido su alma” protegiendo
culpables, a los que antes habría detenido a toda costa, Eddie la miraba
con recelo.
-Pues aquí me
tienes Eddie- Beck se limpio la comisura de los labios-. Joven, ambiciosa,
guapa y triunfadora. Parece que quisieras que siguiera viviendo allá
abajo, ¿no?
-No es eso-
Eddie parecía molesto-. Pero me extraña. Solo de recordar en las
circunstancias que nos conocimos, durante el caso de Scarmore y sus
desechos tóxicos, me extraña aun más, que ahora defiendas a ese tipo de
gente.
-Todos
cambiamos Eddie.
Eddie la miró
fijamente.
-Es cierto.
Todos cambiamos.
Un silencio
sepulcral y bastante incomodo, tan solo roto de fondo por el ruido de
algunos coches y niños jugando, tomó el ambiente. Beck se dispuso a
romper ese silencio.
-Bueno,
cambiemos de tema- tomó un largo sorbo de su capuccino-. ¿Qué tal tu
vida amorosa Eddie?
-¿A que te
refieres?- la pregunta le cogió de improviso y más aun, hecha por ella.
-Ya sabes. Está
mañana, cuando llamé al teléfono que me diste, contesto una mujer- Beck
intentaba no aparentar celos o algo parecido-. ¿Quién era?
-Una amiga-
Eddie terminó su taza de café-. ¿Recuerdas que te he dicho que salve a
una psicóloga de Mr. Psicópata?
Beck asintió.
-Es ella.
Cuando los de SHIELD más la policía, FBI, etcétera, averiguaron que no
había muerto y me contaron lo del perdón presidencial, ella, sabiendo
que no tengo ni trabajo, ni hogar, se ofreció a dejarme vivir con ella
mientras consigo el perdón y encuentro un trabajo y una casa.
Algo dentro de
Beck quiso reírse de Eddie. Solo de pensar en Eddie trabajando en un
McDonalds y viviendo en un piso con cuatro estudiantes hacía que se
partiera de risa, pero por educación se contuvo.
-Se llama
Sarah. Sarah Conelly.
-Ah, bueno.
Está bien. Me alegro que estés rehaciendo tu vida.
-¿Y tu vida
amorosa Beck?
La chica se
terminó el capuccino de un golpe.
-Pues ya
sabes, aquí en Nueva York es difícil encontrar a un buen hombre- soltó
una risa nerviosa, ya que en realidad, con el ultimo hombre con el que había
estado era Eddie. Muchos la habían intentado ligar, pero siempre los
acababa rechazando.
Beck intentó
cambiar de tema. Solo de pensar que un supercriminal asesino, con una
mitad alienígena estaba rehaciendo su vida y ella, una abogada joven y de
lo más normal, estaba hundiendo su moral en el fango, se ponía bastante
enferma. Y aun más, cuando su creída desaparecida conciencia, la
descubrió pensando así de Eddie.
-Supongo que
querrás mantener tu nuevo estado civil de “perdonado”, por así
decirlo, ¿no?
Eddie asintió
rápidamente.
-Por supuesto.
Se acabo eso de perseguir a Spider-Man.
-No me refería
a eso Eddie- Beck bajó la voz como con miedo a que la escucharan-. Me
refiero a lo de matar criminales indiscriminadamente. Ya sabes, una de las
razones que llevo a nuestra ruptura.
Eddie
tragó saliva con fuerza, más por recordar su ruptura con Beck, algo que
no había revivido hasta ahora, que por que su ex le recordase su pasado
de asesino.
-Hace tiempo
que no matamos a nadie- inclino la cabeza-. Ya te dije que hace poco
descubrí que eso está mal y que una vida humana, sea de la persona que
sea, es una vida humana. Como te he contado, he conseguido convencer al
simbionte de ello y por ahora nos va bien.
Beck explotó.
-¡Es decir,
que de repente, algo que te decía yo a todas horas, algo que si cumplías,
como era no matar a nadie durante cinco minutos, hubiese provocado que me
plantease volver contigo, ahora vas y de pronto, lo consigues porque se te
ha cruzado un cable y decides ser de los buenos!
Eddie la
miraba fijamente, sin poder creer como había cambiado su ex y una de sus
mejores amigas.
-Beck... estas
montando una escena... No sé...
La chica le
cortó la frase cogiendo su bolso y largándose.
-¡Te espero
en mi piso mañana a las once de la mañana!
Eddie
se quedó allí mismo con la cabeza gacha, recordándose así mismo, que
al día siguiente sería su perdón oficial y que seguramente, habría más
de una cámara enfocándole.
-¡Eh!
Usted es...
Eddie puso el
dinero de los cafés en la mano del camarero y le dio un dólar de
propina.
-No, creo que
me confundes con Tom Cruise
El camarero se
fue hacia dentro del luminoso bar buscando el parecido con el famoso
actor.
Al
día siguiente.
Ocho de la mañana.
Daily
Bugle.
-¡Urich! ¿Alguien
ha visto si ha llegado ya ese palurdo de Ben Urich?- los gritos de J. J.
Jameson, director del Daily Bugle, se perdían por, las aun vacias, salas
de redacción.
-¡Buenos días
señor Jameson!- Betty Brant parecía más cansada de lo habitual.
-¡Buenos días
Betty!- Jameson le sacudió una bocanada de humo de su caro puro en pleno
rostro-. ¿Has visto a Urich?
-No, no ha
llegado aun, pero...
Jameson
la apartó de un empujón al ver a entrar a uno de sus periodistas
estrella, pero que últimamente no daba pie con bola: Ken Ellis.
-¡Ellis!
¡Ellis! ¡Ven aquí ahora mismo!
Ken Ellis se
acercó a Jameson arrastrando los pies. Aun tenia los ojos casi cerrados.
-¿Qué ocurre
señor Jameson?
-¡Ellis!
¡Despierta de una vez! ¿Tu no eras el que siempre iba tan cerca de
Veneno? ¿El que buscaba una entrevista?
Los ojos de
Ellis comenzaron a abrirse, al igual que su mente.
-Si señor
Jameson y le aseguro que en cuanto pueda, ahora que ha vuelto a la ciudad
como un héroe o lo que sea, le conseguiré...
-¡Cállate y
escucha!- Jameson no era de los que dejaban terminar a los demás-. ¡Hoy
se hace entrega a Eddie Brock del perdón presidencial de forma oficial!
Jameson puso
un brazo alrededor de Ellis.
-Quiero que te
lleves a Parker y vayáis los dos a la entrada de los juzgados. Quiero un
buen articulo para la primera pagina, un articulo que crucifique a Brock.
-Pero jefe, no
veo manera de que mediante su amnistía podamos...
-¡Pues
preparas una entrevista con él y le hundes!- Jameson tiro su gastado puro
al suelo. Era el segundo de la mañana-. ¡Ese animal ha intentado matarme
más de una vez y solo porque dice que mi periódico le a calumniado y
puesto como loco asesino! ¿Y qué si ha sido así? Lo hago con Spider-Man
desde hace años y él no ha intentado matarme... aunque pensándolo bien,
seguro que está esperando el momento oportuno esa rata trepadora.
-Sí señor
Jameson.
Jameson empujo
a Ellis hasta su mesa.
-¡Prepárate
Ellis! ¡Ten a punto tus cosas y en cuanto llegue Parker os vais para allá!
-¡Pero si
faltan cuatro horas para que empiece... !
-¡No
me discutas Ellis! ¡Asi nunca llegaras a ser mejor que Urich!
Y a continuación
entró en su despacho dando un portazo y dejando a un todavía soñoliento
Ellis de pie frente a su mesa.
Cuatro horas
después.
Eddie
Brock y su abogada, Beck Matthews, llegaban a los juzgados, donde a las
puertas, los esperaban todo un ejercito de periodistas, cámaras automáticas,
cámaras digitales, curiosos, televisones y un buen grupo de policías
para mantener el orden.
-¡Vaya!-
Eddie estaba algo nervioso-. Ni en nuestro juicio había tanta gente.
-Eddie, espero
que dentro hables solamente de ti- Beck se bajó del coche-. O lo haces o
te dejo con todo el papeleo a medio arreglar.
El elegante
traje negro, con corbata incluida, pareció moverse.
-De acuerdo
Beck.
Nada más
bajarse, una buena multitud de cámaras saltó encima de ellos... casi
literalmente.
-¿Espera de
verdad que todas las familias de sus víctimas olviden lo que hizo?
-¿Es
el nuevo superheroe de Nueva York?
-¿Pedirá
ingresar en los Vengadores o en los Thunderbolts?
-¿Ha hecho ya las paces con Spider-Man?
Mientras Eddie
y Beck entraban, aun seguidos por la multitud, Peter Parker y Ken Ellis se
mantenían a una distancia prudencial.
-Saca buenas
fotos Parker, este es el acontecimiento del siglo.
Entre foto y
foto, Peter vio al que hace unos días, había sido el acontecimiento del
siglo.
-¡Matt
Murdock!- Peter se alejó de Ellis-. ¿Qué te trae por aquí? ¿Acaso
vienes a ver a quien te ha sacado de la primera pagina de todos los periódicos
sensacionalistas de la ciudad?
Matt sonrió.
Ambos se apartaron de la multitud.
-La verdad es
que tengo razones para alegrarme. Primero por lo que tu has dicho y
segundo, porque por fin, Veneno, ha conseguido reintegrarse en la
sociedad.
-¿Crees de
verdad que pueda rehabilitarse?
-Todo el mundo
puede Peter, forma parte de la justicia.
-¿Cómo pasó
con el Hombre de Arena?
Matt Murdock
no supo que contestar.
-¿Qué tal tu
tía?
-Muy bien, ¿te
dije que le conté lo de... mis escapadas?
Matt sonrió.
“Tiempo
terrestre para alcanzar la posición del objetivo: cinco minutos y tres
segundos”
Ya
no podía esperar más. Se había pasado las ultimas dos horas terrestres,
preparando y revisando su equipo. El ataque debía de ser rápido y sin
darle tiempo a reaccionar si estaba unido a alguno de los habitantes de
ese planetucho, pero si estaba el simbionte solo, lo mejor sería hacerlo
de forma pacifica. Esperaba que hubiera acción.
Eddie y Beck
salieron al cabo de una media hora. El proceso había sido rápido y Brock
esgrimía en su cara una gran sonrisa.
Conforme vio a
los periodistas volver al verlo salir, fue a reunirse con sus antiguos
compañeros de oficio para contar como era ser un hombre libre de nuevo,
pero un estallido cerca de allí, hizo que su simbionte saliera para dar
lugar a Veneno.
Todos los
periodistas se arremolinaron en torno a una pequeña cápsula de unos
cuatro metros de largo que había hecho un gran agujero en la calzada,
dejando a la vista el sistema de alcantarillado de la zona. Una puerta se
abrió en la cápsula. De ella surgió un extraño ser humanoide, de color
azul oscuro, con una especie de armadura negra. El ser miró fijamente a
Veneno y pareció sonreír.
-Un simbionte-
el alíen cerró la puerta de su nave-. Por fin.
|