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The Amazing Venom 4
Veneno
se fue despertando poco a poco por el ruido de las sirenas de policía
acercándose. Aun le dolía intensamente la cara de la bengala que le había
disparado Mr. Psicópata antes de escapar en otro coche con su inocente,
Sarah Conelly, la única superviviente del maníaco. Ahora, él la tenia y
Veneno no sabia donde.
Mientras oía
aun más cerca, las sirenas, Veneno trepo rápidamente por uno de los
edificios más cercanos y tras varios balanceos de telaraña, se alejo lo
suficiente de la multitud como para poder pensar tranquilamente en su próximo
paso a dar.
Se sentó en
una amplia cornisa del primer edificio lo suficientemente alto como para
evitar la mirada de posibles mirones o de las autoridades publicas y se
puso a pensar.
“No tenemos
ni idea de donde puede estar ni de quien puede ser Mr. Psicópata”.
Veneno comenzó
a repasar mentalmente, todos los hechos ocurridos desde su primer
encuentro con el asesino. Todos los datos que tenia, toda la información,
incluso los sospechosos de los que disponía, los cuales eran todos
conocidos de Sarah.
“Había un
tipo... Francis Starling.”, Veneno comenzó a recordar todo lo que sabia
de él, mas bien poco.
“Sarah iba a
su casa cuando Mr. Psicópata nos avisó de la bomba. Puede que quedase
con ella justo para eso, interceptarla con la trampa, aunque no tiene
mucho sentido que sea Mr. Psicópata, ya que si hubiese querido matarla,
lo hubiese hecho al llegar a su casa, pero según Clark, es el único que
no tiene coartada”
“De lo que sí
estamos seguros, es de que el asesino conoce a Sarah. Sabia donde iba
exactamente al coger el metro y sabe donde vive”
Veneno se
encontraba muy confuso.
-¿Qué
dices?- Eddie hablaba con su traje-. ¿Los demás sospechosos? Clark dice
que tienen coartada, además no tenemos ninguna pista que los relacione
con el asesi...
Algo se aclaró
en su mente.
Cuando fue a
la oficina de Sarah, había un hombre, al cual Veneno no tuvo tiempo de
preguntar el por que estaba en la oficina de Sarah. Ese hombre tenia un móvil.
Es psiquiatra y lo suficientemente alto, corpulento y cercano a Sarah para
saber cada uno de sus movimientos. Además, Mr. Psicópata le llamó para
decirle lo de la bomba... nada más salir de la oficina de Sarah, como si
jugase con él. Esa mañana, Sarah fue a trabajar y dijo que se encontraría
con ese doctor. ¿Y si no volvió a su casa? ¿Y si Mr. Psicópata volvió
a casa de Sarah para seguir jugando con Veneno?
“¡Es Random!”
Veneno se
relamió ante la perspectiva de merendarse los sesos del doctor, Brad
Random.
¡PSICOSIS!
Veneno entro
directamente de un salto por la ventana abierta de par en par del
detective Clark. Alli se encontraba el detective de color junto con Steen.
Ambos dieron un salto de sorpresa frente al simbionte.
-¡¿Pero que
demonios... ?!1-Steen se dispuso a sacar el arma.
-No
hay tiempo para eso- Veneno la ato con telaraña-. Clark, sabemos quien es
Mr. Psicópata.
Clark se alejo
de Steen y le miro con asombro.
-Es ese
doctor, el psiquiatra. Brad Random. Tiene a Sarah ahora mismo.
-¿Habéis
sido vosotros los del numerito en el callejón al lado de la casa de
Conelly?
-Sí,
creo que fue a jugar con nosotros. Necesitamos su dirección... ¡Ya!
Clark abrió
el primer cajón de su escritorio, rebusco durante unos segundos entre
unos papeles y le dio a Veneno una pequeña hoja de papel.
-Gracias-
Veneno la leyó rápidamente-. Intenta averiguar todo lo que puedas de
Random, nosotros iremos a ver si nuestras sospechas son ciertas.
-De acuerdo,
pero recuerda: dijiste que no le matarías.
-No
te prometemos nada Clark, nos ha cabreado bastante.
Y se fue todo
lo veloz de lo que era capaz, dejando a Clark desatando a Steen.
Sarah Conelly
sintió como una oleada de dolor le invadía el rostro y la despertaba de
golpe. Frente a ella, un tipo alto, corpulento y todo vestido de cuero, le
propino una segunda bofetada que sirvió para despertarla del todo.
-Por fin
despierta, mi muñequita.
Sarah comenzó
a sangrar por la nariz. Intento moverse, pero tenia atadas las manos y los
pies a una pesada silla de acero. Miro a un lado y al otro. Estaba en una
especie de cuarto muy oscuro y por lo que pudo percibir, muy grande también,
solo que la pequeña luz de la solitaria bombilla del techo, solo la
iluminaba a ella y su secuestrador.
-No sé quien
eres ni que quieres, pero no te he hecho ningún daño- Sarah intento
sacar valentia de algún lado-. Mira, puedo ayudarte, ya lo he hecho
antes, si me dejas...
Otra bofetada
la paró en seco. Sarah comenzó a sollozar, frente a la perspectiva, de
que estaba sola con ese maníaco y que nadie sabia donde se encontraban.
-Vamos, vamos-
el asesino le levanto suavemente la cabeza-, no empecemos a desperdiciar
el miedo. Aunque te he perseguido tanto y me he tomado tantas molestias
conmigo porque sé perfectamente, que tienes unas buenas dosis de miedo
bien acumuladas en el interior, unas dosis que yo me suministrare poco a
poco, reforzándome, aunque para que tu miedo salga, debo hacerte daño.
Sarah comenzó
a llorar aun más.
-Pero
tranquila, te dejare aquí un rato para que te lo pienses- Mr. Psicópata
se adentro en las tinieblas-. Espero que no tengas miedo a la oscuridad.
Salió
de la habitación, apagando la única bombilla tras de si.
Ya fuera de la
habitación, el doctor Brad Random, se quito la mascara de cuero,
saboreando el aire de su alrededor y se sentó en uno de sus caros sofás.
Algo
rondaba su mente: Veneno. Sabia que no había acabado con él. En el poco
tiempo que le conocía, había investigado sobre él, lo suficiente como
para saber que volvería y que daría su vida por proteger a su inocente.
Por eso le tenia preparada una pequeña sorpresa.
Se dirigió
hacia la ventana y conectó el láser. Había colocado una bomba en la
ventana, lo suficientemente fuerte como para hacer reventar un tanque, un
edificio pequeño...
“O un
simbionte”, penso Random, sabiendo que era por allí donde era más que
probable que apareciera su enemigo.
Cogió un par
de linternas y dos lamparas de gas y se dirigió, a lo que él llamaba, su
“Cuarto de juegos”. No quería que ese chalado simbiotico le
estropease la diversión, por lo que mientras venia o no, el ya habría
empezado a divertirse con el miedo de Sarah.
Cuando hubo
preparado bien la habitación con su víctima, fue hacia su lujoso y caro
salón, elegantemente decorado, y cogió su maletín de trabajo y se
dirigió de nuevo hacia la habitación donde Sarah Conelly lloraba y pedía
socorro.
-Nadie va a oírte,
ratoncito- susurro el maníaco más para si mismo que para su víctima.
Cerro su maletín
con todo preparado y se quito la mascara.
-¡Tengo una
sorpresa para ti Sarah!- gritó el asesino.
De repente, el
suelo del cuarto pareció explotar y del enorme agujero hecho, surgió una
figura oscura, enorme, de ojos blancos y lengua babeante.
-¡Tu!- Veneno
veía hechas realidad sus sospechas sobre la identidad del asesino-. ¡No
sabemos que oscuras miserias te impulsan a hacer lo que haces... doctor,
pero tranquilo, le daremos su medicina!
El doctor
Random no había previsto que Veneno entrase por otro lugar que no fuera
la ventana. No le había estudiado tanto como hubiera querido, así que
tendría que improvisar.
Vio el
lanza-bengalas en uno de sus sillones, cerca de él, además de su maletín
de trabajo con todas las herramientas para hacer picadillo a aquel ser y
comenzó a hablar.
-Bueno,
debo decir que me has impresionado- su voz era tranquila, como un
murmullo-. En realidad no esperaba que me encontrases... o encontraseis.
Creía haber limpiado mi rastro desde el primero de mis regalos. ¿Cómo
lo hiciste?
Random se
acercó cuidadosamente hacia el sillón. Ser paro de golpe al oír hablar
a Veneno.
-¡No
intentes distraernos con chorradas! ¡Dinos donde tienes a Sarah y hazlo
ya!
Brad Random
vio una posibilidad.
-Parece que te
preocupas demasiado por nuestra amiga en común, Sarah- señalo con un
dedo detrás de Veneno-. Está en aquel cuarto.
Veneno desvío
su mirada durante un segundo, lo suficiente para que Random cogiese su
pistola y disparase al simbionte.
La bengala
acabo en la pared del fondo, concretamente en un espejo bastante caro.
Veneno se lanzó rápidamente a por el criminal, el cual intento disparar
la segunda bengala... pero el arma fue aplastada junto con su mano, por
una de las garras de Veneno.
Random cayo
gimiendo de dolor, con todos los huesos de su mano derecha destrozados,
mientras Veneno se dirigía a la habitación que protegía Random. Allí,
en mitad de una oscura sala, iluminada por unas cuantas lamparas, se
encontraba Sarah, con aspecto de haber llorado y marcas en la cara.
Levanto la cabeza muy despacio.
-No... me
pegues más, por favor.
Veneno se
acercó a ella y la miro. El simbionte serpenteo hasta dejar paso a Eddie
Brock.
-Sarah, soy
yo.
Sarah
le miro fijamente y sonrío. Veneno hizo acto de aparición y rompió las
cuerdas que la ataban. Sarah se lanzó hacia él, mejor dicho, cayo sobre
él, agotada y muy, muy asustada. Abrazo a la criatura negra y azul con
todas sus fuerzas.
Veneno escuchó
algo detrás de él. Era Random frente a la puerta.
-Muy
conmovedor- tenia algo pequeño y muy familiar en su mano izquierda-.
Perdonad que no me quede para la boda, pero tengo cosas que hacer.
Cerro rápidamente
la puerta, no antes sin soltar la granada que llevaba dentro.
-¡Deprisa
Sarah, agárrate fuerte!
Veneno la
agarró, tomo impulso y saltó con todas sus fuerzas hacia la puerta, haciéndola
estallar en pedazos. Random se encontraba en un sillón, vendándose la
mano y con cara de asombro.
Eddie Brock
utilizo el simbionte para crear inmensos zarcillos para cubrirse él y
Sarah y la granada explotó.
El ruido fue
ensordecedor y la onda expansiva, se comió gran parte del piso de Brad
Random y del piso de arriba. Veneno y Sarah estaban a salvo. Random había
sido alcanzado en una pierna por metralla de la granada. Lo que quedaba en
pie de la casa estaba en llamas y seguían extendiéndose por las paredes,
las cortinas, la moqueta...
Veneno se
levantó con Sarah.
-¿Estás
bien?
Sarah asintió
y se agarró a Veneno esperando salir de allí, entonces, Veneno vio a
Random a escasos metros de él. Estaba herido y rodeado por llamas. Sintio
una necesidad imperiosa de matarle y hacerle pagar por los inocentes cuyas
vidas había destrozado.
-Espera aquí-
murmuro Veneno-.
Pero Sarah le
cogió la mano.
-Vamonos antes
de que esto se derrumbe. Con suerte para él, pasará años en la cárcel.
De lo contrario, será porque ha muerto aquí.
Veneno
comprendió, agarro a su inocente y de un saltó, salieron por el techo
medio quemado.
Pero Random se
negaba a morir.
-¡Jejejeje!
Que idiotas- Random parecía colérico e ido-. ¡Estoy vivo! ¡Huelo
vuestro miedo! ¡Por eso huís de mí!
Random notaba
el calor de las llamas cada vez más cerca y vio una escapatoria: la
ventana.
-¡Jajajajaj!
¡Puedo salir de aquí!- Random se dirigió a la ventana y comenzó a
abrirla-. ¡Huiré y seguiré recolectando... !
La parte aun
cuerda del doctor Brad Random se acordó de la bomba de la ventana. En
unos segundos, con otra ensordecedora explosión, tanto la parte más
cuerda del doctor Brad Random, conocido también como Mr. Psicópata, como
su parte más demente, desaparecieron del mapa... junto con parte del
edificio.
Los coches de
policía, juntos con los de bomberos y una ruidosa ambulancia, llegaron a
los pocos minutos. Clark y Steen fueron los primeros en bajarse.
-Dios santo-
murmuro Clark-. ¿Qué demonios ha pasado aquí?
Steen realizó
una mueca de disgusto, con la cual Clark estaba empezando a familiarizarse
en los últimos días.
-Es
decir, tu chico dijo que solo iba a asegurarse- se burló Steen-. Si que
se ha asegurado. No creo que quede una persona viva en todo el edificio.
Los dos
detectives fijaron su atención en una persona que salía de uno de los
callejones cercanos al piso. Andaba lentamente hacia ellos y parecía como
si la hubiesen golpeado. Era Sarah Conelly.
-¡Señorita
Conelly!
Steen y Clark
la sujetaron, porque parecía a punto de caerse.
-¡Steen,
pide una camilla para acá ahora mismo! ¡Corre!
La detective
obedeció, dirigiéndose a los camilleros que se apresuraban en sacar la
camilla de la ambulancia.
-¿Era Random?-
preguntó Clark delicadamente y en voz baja.
-Si- parecía
costarle contestar-. Era él. Creo que está muerto.
Los camilleros
se acercaron con rapidez y la colocaron con cuidado en la camilla.
-¿Y
él?- preguntó Clark en voz baja antes de que la subieran a la
ambulancia-. ¿Está... ?
Sarah no
respondió.
Dos semanas
después.
-¡Gracias!
Eres muy amable por haber venido Liz.
Sarah Conelly
aun estaba en el hospital. Los médicos preferían tenerla durante algunos
días más, debido a que había tragado bastante humo y querían
asegurarse de que no tuviera algún tipo de secuelas.
-Tranquila
preciosa- le dijo Liz Newman-. Pensaba que ya estarías fuera. Perdona que
no viniese antes.
-Perdona-
Sarah rió-. Estos médicos... ya sabes como son.
La puerta del
cuarto se abrió. Los detectives, Clark y Steen aparecieron por ella.
-¿Se puede?-
preguntó Clark sonriendo.
-Por supuesto,
yo ya me iba- Liz besó a su amiga en la mejilla-. Mañana volveré. ¡Chao!
-¡Chao!
Tras salir de
la habitación Liz Newman, los detectives cerraron la puerta y se
acercaron a Sarah.
-¿Qué
tal está?- pregunto Clark.
-Mucho
mejor, aunque eso díganselo a los médicos, que son los que me tienen
retenida.
Clark sonrió.
-¿Saben algo
sobre Brad?- Sarah presentía que no era esa la verdadera razón por la
que estaban allí, pero pregunto de todas maneras.
-Al parecer,
el doctor Brad Random no existe, o al menos, es uno de los numerosos alias
que el doctor Random tenia- Clark tosió-. Parece ser, todas las víctimas
o gente próxima a ellas, recibían tratamiento psiquiátrico, un
tratamiento que llevaba a cabo un doctor, según hemos investigado, muy
parecido al doctor Random, aunque de nombre, fecha de nacimiento y huellas
muy diferentes a las que correspondían a Brad Random. Parece ser, que el
“buen” doctor, adquiría una personalidad diferente cada vez que
encontraba a una víctima propicia para ser destripada, por eso no sospechábamos
de él.
Sarah suspiró.
-¿Había
alguien más en el edificio?
-No, Random
parecía tenerlo todo bien atado. Los demás habitantes estaban de
vacaciones o en casa de algún pariente.
Sarah soltó
un suspiro de alivio.
-¿Sabe usted
que buscaba en sus víctimas?- preguntó Steen-. ¿Hay alguna razón para
tantas muertes?
-El
miedo- susurro Sarah-. Buscaba el miedo. Nada más.
Steen y Clark
se miraron. Clark sacó un expediente con algunas fotos.
-No
quería asustarla, pero he traído unas fotos sobre el cadáver... mejor
dicho, los restos del presunto doctor Random, por si le sirve para dormir
mejor.
Sarah no puso
interés en las fotos.
-Supongo
que ya tiene suficiente- Clark y Steen abrieron la puerta dispuestos a
salir-. ¡Cuidese!
De repente,
Steen susurró algo que pareció molestar mucho a Clark. El detective, se
dirigió a Sarah.
-Mi
compañera... bueno, a nosotros nos gustaría saber- Clark la miró
fijamente-. ¿Sabe algo de Veneno?
Sarah miro al
detective.
-Lo único que
sé de él es que me dejo a salvo en aquel callejón y volvió a por
Random. No sé más.
Clark la siguió
mirando fijamente. Steen parecía exasperada.
-Comprendo.
Gracias por su cooperación.
Se dirigieron
a la puerta pero la voz de Sarah les detuvo.
-Si quieren mi
opinión detectives, Veneno murió en aquel edificio.
Los detectives
la miraron.
-El Veneno que
conocían murió en aquel edificio.
EPILOGO
La
enfermera le coloco a Sarah la almohada limpia detrás de la cabeza.
-¿Está bien
así?- la voz de la enfermera era suave y adormecedora.
-Sí,
gracias.
El doctor entró
en la habitación y sujeto la puerta.
-Puede irse señorita-
cerró la puerta tras la enfermera.
La enfermera
salió de la habitación, dirigiéndole una sonrisa al doctor antes de
salir. En el pasillo, se dio cuenta de algo.
“Que
raro.”, pensó. “Nunca he visto a ese doctor por aquí”
No le dio más
importancia.
En la habitación,
el doctor acercó una silla a la cama de Sarah Conelly y se sentó.
-¿Qué
tal está hoy... Sarah?
-Bien, algo
cansada- en realidad lo parecía-. Esperando que me den el...
Sarah miró
fijamente al doctor con cara de asombro. Era Eddie Brock, el hombre que la
salvo. La persona gracias a la cual, ella estaba allí.
Le abrazo como
pudo.
-¿Qué haces
aquí?
Eddie
Brock sonrió.
-Me
informé sobre donde podía encontrarte y espere a que los ánimos
estuvieran más calmados y aquí estoy. Parece que estas bien, bastante
bien.
Sarah sonrió.
-Señor
Brock, ¿está tratando de seducirme?
Eddie rió,
pero cuatro agentes de SHIELD armados hasta los dientes, entraron
destrozando la puerta y apuntándole, cortándole la risa. El traje de
medico comenzó a moverse, pero Eddie sabia que si iniciaba una pelea allí
mismo, la vida de Sarah peligraría, así que ordenó al alienígena que
no hiciera acto de presencia.
Tras los
agentes de SHIELD, entró un tipo trajeado con gafas negras que le
resultaba muy familiar a Eddie Brock.
-Hola Eddie-
saludó Sean Knight.
-¡Tu!- Brock
recordó al tipo que salvo de los terroristas, luego extraterrestres,
conocidos como los Cazadores-. ¿Qué haces aquí? ¿Qué significa esto?
Knight se
quito las gafas y sonrió.
-Bueno,
digamos que tras el asunto de los Cazadores, volví a trabajar con el
Gobierno y estoy aquí para hacer mi trabajo.
-¿Venís
a detenerme? ¿O de nuevo queréis convertirme en agente secreto para
después apuñalarme por la espalda?
Sarah miró a
Sean Knight con enfado.
-¿Vienen a
detenerle?
Knight se
acerco a Eddie.
-Todo lo
contrario señorita. Hace poco, Eddie... más bien, Veneno, estuvo
relacionado con el asesino en serie, Mr. Psicópata. Hubo un asuntillo en
cierto metro, relacionado con bombas, ¿verdad Eddie?
Brock asintió.
No tenia ni idea de a donde pretendía llegar.
-Bien, digamos
que gente de sitios muy altos y con cargos muy, muy importantes, quedaron
impresionados con lo que hiciste, amen de las personas a las que salvó,
por ello, he sido enviado para entregarte esto.
Sean entregó
un papel grueso a Eddie Brock. Estaba plegado y según veía Eddie, parecía
una citación a un juicio... pero con el sello presidencial.
-¿Qué
diablos es esto?
Knight sonrío
de nuevo.
-Se
te van a perdonar tus pecados- Sean Knight se volvió a colocar las
gafas-. Es un perdón presidencial, Eddie. ¿Algo que decir?
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