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The Amazing Venom 3

Veneno llegó en escasos minutos a la estación de metro más próxima y se adentro en los oscuros túneles seguido de cerca por las miradas asombradas de los muchos neoyorquinos que volvían a casa del trabajo o se dirigían a realizar sus quehaceres laborales.

“Ese chiflado ha colocado una bomba en algún lugar del túnel, no sabemos cual, ni remota idea, pero seguramente tiene cargas suficientes para poder destrozar varios vagones y matar a cientos de inocentes, junto con su principal objetivo: la señorita Conelly”, pensaba Veneno para si mismo preocupado, pues había recorrido ya, cuidadosamente, varios metros de túnel si ver nada sospechoso en absoluto.

Según su opinión, la bomba o las bombas, podrían estar colocadas tanto al principio del trayecto como al final y no tenia ni idea de a que altura se encontraba el tren con su inocente.

Asqueado de los olores gaseosos y del aire viciado, Veneno se detuvo un momento para descansar en una de las paredes del túnel, cuando advirtió un extraño brillo unos metros delante de él.

Veneno se acercó con cuidado y volvió a ver el extraño brillo de tonalidad roja. Solo podía distinguirlo mediante los gases y vapores que por ahí pasaban. Entonces se dio cuenta de lo que era aquel brillo.

“Una bomba conectada por lasers”.

Se fijo en las paredes de esa parte del túnel y se dio cuenta que el láser iba de una pared a otra.

“En cuanto pase el tren por el láser, se conectara la bomba y todos morirán. Ese maníaco lo ha pensado bien”.

Veneno se coloco detrás del láser, por donde suponía que iba a venir el tren y miró a ver si podía hacer algo con la bomba o con el láser.

“Ni hablar, no somos artificieros y llamar a la policía llevaría su tiempo. Ese chalado es un experto en bombas. Solo espero que haya suficiente tiempo para que se nos ocurra algo”.

Un sonido agudo que hizo temblar levemente al traje negro alienígena que servia de vestimenta a Eddie Brock y una luz cegadora inundaron el túnel. El tren se acercaba.

“Será mejor olvidarnos del plan A”

 

THE AMAZING VENOM: ACTO DE VALOR

 

Veneno seguía cerca del láser conectado a la bomba sin saber que hacer. Viendo las luces del tren acercarse cada vez más, cuando se le ocurrió la idea más loca de su vida como protector de los inocentes.

Con varios balanceos de telaraña avanzó varios metros por donde debía de pasar el tren y comenzó a extender sus zarcillos de simbionte por toda la pared, el suelo, los raíles, el techo... pensaba crear una pared con el traje lo suficientemente agarrada para que parase el tren.

“Si esto funciona salvaremos cientos de inocentes, si fallamos, no solo se convertirán en materia prima de una hamburguesería, sino que tendrán que sacarnos con espátula del morro del tren”, pensaba Veneno mientras tensaba sus músculos, hacia agarrar sus zarcillos con más fuerza y veía como el tren se acercaba cada vez más, preparándose para el choque.

Tres metros.

“Piensa en los inocentes”

Dos metros

“Tienen hijos, esposas, maridos... familia”

Un metro

“Nosotros protegemos inocentes”

El tren impacto contra Veneno de tal forma que habría evaporado a una persona normal, pero a Veneno el golpe le resulto como si se le cayera un edificio de treinta pisos encima... y no detuvo el tren.

La pesada maquina seguía avanzando, no a tanta velocidad como antes, pero avanzaba hacia la bomba, mientras Veneno intentaba pararla, creando más zarcillos con su simbionte, o lo que quedaba de él y empujando con todas sus fuerzas, mientras notaba como su dolorido cuerpo parecía estallar y como sus pies, debido a la fricción, comenzaban a quemarse cada vez más, cosa que el alienígena no podría soportar durante más tiempo.

Veneno echó una leve mirada hacia atrás y distinguió el láser que indicaba el lugar de la bomba entre la oscuridad. Estaba a unos escasos diez metros y cada vez más cerca.

“Vamos, debemos detenerlo, vamos”

Una rápida mirada a la cabina, le rebeló la atónita mirada del asustado conductor, impresionado ante la escena.

-¡Párelo! ¡Párelo maldita sea!- gritaba Veneno rezando para que el hombre le escuchara.

Alguien debió de oír sus rezos, porque el maquinista paro el tren... aunque debido a la velocidad que llevaba, tren seguía avanzando cada vez más hacia la bomba.

Cinco metros.

Tu madre murió por ti.

Cuatro metros.

Tu padre se avergüenza de ti.

Tres metros

Spider-Man te arruinó y sigue vivo.

 

Dos metros.

Matanza provoca dolor y sufrimiento gracias a ti.

-¡Nooooooo!

Sacando fuerzas, tanto el alienígena como el hombre de lo más hondo de su ser, de lo más hondo de su unión, detuvieron el tren con un golpe seco. A tan solo medio metro del láser.

“Debemos sacarlos del peligro, a saber que más habrá colocado ese pirado por aquí”, pensó un destrozado Veneno mientras, con las pocas fuerzas que aun le quedaban, comenzó a empujar el tren por donde había venido, cada vez más rápido.

Cuando llegó empujando el tren, a la estación más próxima y comenzaron a bajar unos asustados y perplejos pasajeros, más aun cuando vieron a Veneno salir de entre las sombras del túnel, una explosión recorrió las tinieblas que minutos antes habían dejado.

“Ese psicópata tenia un temporizador por si fallaba algo, lo tenia todo pensado, todo bien atado, ningún cabo suelto”

“Excepto a nosotros” y Eddie se permitió blandir una leve sonrisa debajo de las mandíbulas del alienígena, sonrisa que se convirtió en asombro cuando escuchó como todos los pasajeros le vitoreaban y aplaudían. Ya comprendían lo que había hecho por ellos.

El traje alienígena dejo paso a la perpleja cara de Eddie Brock que no daba crédito. Aquellas personas no le miraban como un loco homicida, ni como un monstruo, un supervillano o un demente. Le veían como un salvador, un ángel de la guarda, un héroe...

“Es la primera vez que me agradecen lo que hago por ellos”.

Y en mucho tiempo, Eddie Brock se sintió realmente orgulloso de si mismo.

 

De entre la multitud surgió una cara que le era conocida.

-Me has vuelto a salvar- le dijo Sarah Conelly-. Eso que ha pasado, ¿ha sido por mí?

Eddie asintió.

-Será mejor que dejemos las presentaciones formales para mas tarde y la lleve a su casa señorita Conelly- el traje cubrió el sudoroso rostro de Brock-. Nos tememos que ese maníaco puede estar cerca.

-De acuerdo- Sarah se acercó mas a su salvador-. Supongo que si me has encontrado sabrás donde está mi casa, ¿me llevas?

Veneno la agarró bien, lanzó una telaraña y salió con ella de la estación dejando tras de si los aplausos y las palabras de agradecimiento.

Tardó un cuarto de hora en llegar al piso donde vivía Sarah Conelly.

-¿Te apetece entrar y descansar un poco?- ofreció Sarah a Veneno-. Parece cansado, supongo que le habrá agotado bastante hacer lo que hiciste allá abajo.

-No podemos descansar- Veneno parecía apunto de perder el sentido-. Debemos... seguir a ese... él... maníaco.

Veneno se desplomó frente a la puerta de la psicóloga Sarah Conelly. No recobraría la consciencia hasta dos horas después.

Eddie Brock abrió muy despacio los ojos, comprobando que el simbionte se había retirado durante su tiempo de sueño para dejar paso a unas ropas bien normales. Se incorporo poco a poco y se dio cuenta que estaba en un cómodo sofá azul en un amplio salón perfectamente decorado.

-¿Ya está despierto señor Brock?- una voz femenina parecía llamarle entre sueños, mientras recordaba donde se encontraba y que había sucedido antes de hacer inconsciente.

-¿Dónde... donde estoy?

Sarah se acercó a él con un vaso de agua.

-Está en mi casa señor Brock- le acercó el vaso de agua-. Tome, bébase esto.

Eddie cogió el vaso, se lo bebió de un trago y se lo dio vacío a su cuidadora. Estaba realmente sediento.

-Gracias, lo necesitábamos... lo necesitaba. Y llámeme Eddie.

-De acuerdo, llámame Sarah- fue a dejar el vaso vacío en la cocina y volvió con su enfermo-. ¿Y lo de Veneno, solo cuando llevas esa cosa encima?

Eddie parecía molesto.

-No es una cosa, es mi traje viviente. Es un alienígena en realidad, un simbionte altamente evolucionado. Siente, piensa y me proporciona el poder necesario para enfrentarme a escoria como ese Mr. Psicópata que te persigue.

Sarah sintió un ligero escalofrío al recordar ese nombre.

-Tranquila- Eddie acercó su mano a la de ella-. Mientras estemos aquí, no te hará daño. Protegemos a los inocentes.

En los finos labios de Sarah se formo una ligera sonrisa. Tomo la mano de Eddie.

-Hay algo que quería preguntarte- Eddie se incorporo más en el sofá-. Cuando nos has visto hoy, como Veneno no te asustamos.

-¿Por qué debería asustarme de mi salvador?- la sonrisa de Sarah se torno más grande.

Se miraron durante unos segundos que parecieron una eternidad.

-Yo...

-¿Tienes chocolate?- pregunto Eddie cortándola en seco.

-¿Chocolate?

-Sí, es... bueno, es para mí otro, hace días que no lo prueba.

-¿Le gusta el chocolate?- Sarah parecía a punto de echarse a reír.

-Bueno, más bien lo necesita, si no toma chocolate en bastante tiempo... digamos que podría ser muy desagradable.

Sarah no quiso saber más sobre lo desagradable que podría ser un alienígena que necesita chocolate si no se le da dicho alimento.

-Tengo una tableta por ahí.

-De acuerdo, gracias.

-Por cierto- dijo Sarah mientras buscaba en la cocina-. ¿Cuál es tu historia? Es decir, ¿por qué haces lo que haces?

-Mi otro dice que estaría bien hablar mientras tomamos el chocolate.

Sarah estalló en carcajadas. Eddie la siguió. Durante las siguientes cinco horas, estuvieron hablando sin parar.

 

-Bueno, quizás deberíamos dejar más para otro momento- Sarah miró el reloj-. ¿Para tomar un café?

Eddie se levantó del sofá.

-Sí, seria agradable continuar en otro momento más oportuno. Aun no hemos capturado a ese maníaco, así que será mejor que vayamos a buscarlo- las ropas de Eddie Brock se volvieron liquidas y dieron paso a Veneno-. ¿Estas segura que salir de casa es lo mejor?

-Por supuesto, recuerda que soy psicóloga- cogió un pequeño maletín marrón-. Sé lo que me conviene.

-De acuerdo- Veneno abrió la ventana del fondo del salón-. Iremos a por el detective Clark para que nos diga lo ultimo sobre ese chalado.

-Ok- Sarah se dispuso a salir por la puerta-. Me alegra saber que tengo un ángel guardián de... tu eficacia.

-¿Dónde te encontraremos cuando hayamos terminado de recabar información?

Sarah se ajustó el bolso.

-Estaré aquí, tardare muy poco, solo tengo que repasar unas notas con el doctor Random. Ya nos veremos.

Cerro la puerta.

-Sí, nos veremos.

Y Veneno saltó de la ventana en dirección a la comisaria.

 

Clark miraba ensimismado las noticias en el televisor de su pequeño despacho. Estaba viendo algo, que jamas pensó que vería.

-¿Qué echan está noche Clark?

Clark se volvió tranquilamente hacia la ventana sin apenas inmutarse.

-Hombre, Brock- una sonrisa cruzó su rostro-. Buen trabajito el del metro.

-¿El metro?

Clark le señaló el televisor y subió el volumen para que lo que dijese la reportera estuviera bien alto y claro.

“...numerosos testigos oculares aseguran que quien detuvo el tren, librándolos de una terrible explosión de origen aun desconocido, fue el delincuente y supervillano conocido como Veneno. Más detalles a las 9...”

Clark apagó la tele.

-Todos los canales hablan de ti Eddie- se recostó con dificultad en la silla-. Parece ser que eres un héroe.

Veneno no dijo nada. Clark se levantó.

-Fue Mr. Psicópata, ¿verdad?- una mirada de preocupación cruzo su rostro-. Va tras Conelly.

-Sí y eso no es todo. Nos llamo a ese móvil justo después de salir de aquí. Nos dijo donde explotaría la bomba. Creemos que sigue a Sarah.

Clark frunció el ceño. Veneno ya se tomaba familiaridades con la testigo.

-Bueno, supongo que debería venir aquí para que podamos protegerla- Clark se acercó a la puerta de su despacho-. A no ser, que tu conozcas a alguien que pueda protegerla mejor.

Clark mantuvo la mirada fija en Veneno, hasta que noto como este comprendía lo que quería decir. Entonces salió del despacho cerrándolo a su salida. Veneno sabia ya lo que tenia que hacer.

“Esperemos que Sarah no haya salido de su despacho o que en tal caso, este ya en casa sana y salva"

Al llegar al piso de Sarah, le fue muy fácil pasar su simbionte por la cerradura y abrir la puerta. Eso era preferible a patearla y entrar.

-¡Sarah! ¿Estas aquí?

Veneno recibió como respuesta, el silencio. Un incomodo silencio.

“Parece que no está, podríamos ir a buscarla a su despacho”, pensó Veneno mirando por la ventana dispuesto a ir cuando algo le llamó la atención. Un vehículo muy familiar. Un cadillac negro con sin maletero.

“Mr. Psicópata”

Veneno abrió la ventana, tomo impulso y cayo como un misil sobre el techo del cadillac, casi partiéndolo por la mitad. Pero el maníaco no estaba allí.

-¡Mira lo que le has hecho a mi coche, monstruo!

El maníaco se encontraba a pocos metros de Veneno, observando como el humano-simbionte salía de entre los restos del cadillac, muy, muy cabreado.

-¿¡Dónde está Sarah!?

El maníaco rió.

-Ya suponía que harías algo así, por eso me he traído otro coche para llevar a mi presa- sacó un pequeño mandó de un bolsillo del pantalón-. Ese coche, solo es un cebo.

Pulsó un botón del pequeño mando y el coche se convirtió en una enorme bola de fuego que destrozo la calle y se tragó a Veneno.

Mr. Psicópata se quedó durante unos minutos contemplando su obra y se volvió dispuesto a irse, cuando una figura en llamas saltó hacia él.

-¡¡¡Te mataremos!!!

Aunque las llamas ya se apagaban y el simbionte ya estaba regenerando las heridas, Veneno sabia que debía de actuar rápido o se llevaría a su inocente.

Veneno cayó encima de Mr. Psicópata mientras este intentaba zafarse de él. Sacó un revolver del 38 y disparo con él a Veneno en la cara, con lo cual logro separarse de él.

Rápidamente, Veneno saltó hacia él y hundió un puñetazo en el estomago del maníaco, quitándole momentáneamente todo el aire de los pulmones, para a continuación, con sus garras, abrirle una brecha en un hombro, rasgando tejidos y carne. El maníaco chillo de dolor y cayo sobre un costado frente a un triunfante Veneno.

-Ahora, nos dirás donde está Sarah, nos la entregaras y quizás vayas a la cárcel pudiendo respirar por ti mismo.

-Creo... que no, maldito loco de mierda.

Sacó de uno de los bolsillos del traje una pequeña pistola con dos cañones y disparo entre los ojos de Veneno... una bengala.

-¡¡¡¡Aaarrrrgghhhhhh!!!!

Veneno intentaba por todos los medios sacarse la bengala de la cara, pero el dolor le impedía pensar. La ardiente bengala quemaba al simbionte y pronto llegaría a la propia piel de Brock, donde, sin duda, el efecto seria aun mayor.

Mientras se arrancaba por fin la bengala de la cara y se desvanecía entre un montón de bolsas de basura y desechos callejeros, vio como Mr. Psicópata huía.

“Hemos fallado”

“Te hemos fallado Sarah”

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