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The Amazing Venom #1
PROLOGO
Shelley
Michels despertó tras lo que parecía una eternidad de inconsciencia y,
al ver lo que tenia delante de ella, hubiese preferido quedarse dormida.
Su
marido, anteriormente muy atractivo y vital, yacía en el suelo,
convertido en una masa de carne sanguinolenta sin ningún resquicio de
humanidad por ningún lado. A su lado, el pequeño hijo de ambos, Bobby,
ahora decapitado y con todas las entrañas manchándole su gracioso jersey
verde de pajaritos.
Shelley quería
llorar y aun más, gritar por la atrocidad que estaba presenciando y que
no recordaba que había iniciado, pero la abundante cinta adhesiva que
cubrí su boca lo impedía. Entonces, lo vio venir hacia ella.
El
hombre era alto y corpulento y vestía un extraño traje de cuero lleno de
remaches, cadenas y cremalleras. Cubría su cara con una extraña mascara,
también de cuero, que solo dejaba ver dos ojos oscuros llenos de mal.
Shelley al fin recordó como, al entrar en casa, con la compra semanal,
ese tipo, ese monstruo que había matado a su familia, la había empujado
hacia dentro y fue entonces cuando perdió el conocimiento.
Mientras
el asesino se acercaba a ella, Shelley comenzó a temblar de pies a
cabeza, aterrada por lo que podía hacerla, pues si había hecho eso con
sus seres queridos, a saber lo que el maníaco podía hacerla a ella.
-Vamos,
vamos, señora Mitchels -le dijo el asesino con voz suave y
tranquilizadora-. No tiemble, no me gusta desperdiciar el miedo de las
personas. El miedo es algo muy valioso y a usted y su familia les ha
pasado esto, porque tienen miedo. Su marido tuvo miedo de mí. Su hijo al
principio no y pensaba perdonarle su, aun corta vida, pero se echo a
llorar y a temblar, cuando vio a su padre muerto. Igual que usted ahora.
El psicópata
acaricio el lacio pelo de Shelley y acercó su cara a la de ella y la olió
intensamente. Shelley se orinó encima.
-¿Ve?
A eso me refiero -el asesino se separó de ella-. No me gusta el miedo de
las personas de esta forma, antes de tiempo.
Se giró hacia
un maletín oscuro y grande que tenia cerca de él y sacó una especie de
machete de gran tamaño.
-Me gusta el
miedo, en el momento oportuno.
Shelley
Michels deseó morir allí mismo. Durante tres horas y media, nadie hizo
caso de sus deseos.
...
El
joven guardia de seguridad apuntó con su blok reglamentaria al
delincuente que tenia más cerca. Justo delante de él y de espaldas, pues
apuntaba a una de las cajeras del banco, lastima que no fuese solo un
delincuente. El que apuntaba con su remington de dos cañones a los
rehenes, la mayoría, adultos y hombres, que unos minutos antes del atraco
estaban sacando tranquilamente dinero o ingresando, apunto rápidamente al
guardia de seguridad y disparo dos veces, primero con un cañón y después
con el otro. Tan mala puntería tenía, que solo causó heridas
superficiales en la pierna izquierda del policía, pero bastó para
tirarlo al suelo aullando de dolor.
-¡Philips, cógele
la pistola a ese cerdo!- ordenó el de la remington a su compañero que le
ayudaba con los rehenes.
Este ultimo,
siguiendo las ordenes de su jefe, apartó de un puntapié, la pistola del
guardia de seguridad y la lanzó donde nadie pudiese cogerla. A continuación,
fue a acompañar a su compañero.
-¡Charlie!
¡Frank! ¡Terminad de una puta vez con el dinero!- siguió ordenando el
que claramente era el jefe, esta vez, a los dos que estaban encargándose
de las dos cajeras.
-Muy
bien guapa -dijo uno a su víctima-, ve rapidito y con cuidado, tengo los
dedos flojos.
Por supuesto,
las cajeras tardaban tanto, para así poder retrasar a sus atracadores,
pues ya habían dado la alarma silenciosa y querían que la policía los
pillase in fraganti.
Las sirenas
alarmaron a los atracadores.
-¡Mierda!
-se quejó el jefe-. ¡Esas zorras han dado la alarma!
Charlie y
Frank decidieron darse más prisa.
-Muy
bien muñeca, seré breve- Frank amartilló el arma y la preparó para
disparar-. Antes de que cuente tres me darás el dinero que tengas o serás
comida para los gusanos. Uno, dos...
Algo
le quitó el arma de las manos a Frank y la arrojó lejos de él. Algo
parecido a... telaraña.
-¿Quién
dia ...?
Un puñetazo
en plana cara le cortó la frase y le dejó sumido en un profundo sueño.
-Nosotros.
Una
figura negra, corpulenta, de ojos blancos y con una horrible boca llena de
dientes bajo del techo.
-Somos Veneno-
se dirigió a
los atracadores-. ¿Es que nadie se acuerda de nosotros?
DE
SIMBIONTES Y PSICÓPATAS
-¡Matad a ese
monstruo!- gritó el jefe mientras no dejaba de apuntar a los rehenes.
Usando a su
simbionte, Veneno creó varios zarcillos que uso para coger a Charlie y
lanzarlo contra Philips, lo cual le dejaba solo con el jefe, el cual ya se
había agenciado un rehén.
-De acuerdo
chalado, vas a dejarme ir- dijo nervioso el atracador, apuntado con su
magnum, la cabeza de una mujer joven que tenia como rehén.
-Aunque últimamente,
hemos decidido no matar o matar lo menos posible, no podemos dejar que
huyas- dijo tranquilamente Veneno, volviéndose invisible de repente.
El atracador
comenzó a mirar hacia todas partes, confuso.
-¡Sal
de donde estés o la mato! ¡Juro que matare a esta cerda si no sales!
-Como quieras.
La pistola del
atracador salió volando de su mano, como si alguien le hubiera dado un
manotazo y detrás de ella, salió el atracador, como golpeado por un
hombre invisible.
Al caer de
cara contra el suelo, el atracador se levantó, encontrándose cara a cara
con Veneno.
La unión de
humano y simbionte, cogió del cuello al molesto hombre.
-Por...
favor- suplicaba el delincuente-. No me... mates.
-No
te mataremos... esta vez, pero recuerda decirles a los chicos buenos de la
policía, quien liberó el banco de vosotros y quien te dejo vivo.
Veneno acercó
su cara a la del delincuente.
-Recuerda
decirlo... o volveremos.
A continuación,
soltó al atracador y salió del banco como una exhalación, mediante
varios balanceos de telaraña, antes de que las patrullas de policía que
estaban apostadas en la entrada del banco, pudiesen reaccionar.
-Si, sienta
bien salvar a inocentes, y debemos admitir, que sienta aun mejor, ver como
no nos miran como un psicópata asesino, como ocurría otras veces- se decía
así mismo Veneno mientras cursaba la ciudad gracias a su telaraña orgánica-.
Será porque no matamos a esos desgraciados, aunque nos hubiese encantado
hacerlo, pero desde hace poco, o mucho, que no matamos a nadie.
Veneno llegó
por fin al cuchitril que le servia de hogar y dejó paso a Eddie Brock.
“Me llamo
Eddie Brock. Fui periodista, pero ciertos... problemillas hicieron que mi
carrera decayera y que acabara convertido en Veneno, aunque desde hace
tiempo que no lo era. Ciertas... desavenencias hicieron que yo y el
simbionte que me da poder, nos separásemos, pero hace poco, volvimos a
unirnos, aclaradas ya todas nuestras diferencias”
Eddie Brock se
sentó en el borde del camastro y cogió el periódico que había dejado a
medio leer.
“La razón
por la que no matamos a esa escoria del banco, es que últimamente, han
ocurrido cosas, que me han hecho ver la vida humana, desde otra
perspectiva, amen de cierta frase que últimamente me repite mi simbionte
a más no poder”
Comenzó a
leer por donde había dejado el periódico.
“Todo
gran poder conlleva una gran responsabilidad. Una buena frase, si, pero
algo cursi, ¿de donde la sacaría el alien? ¿De una caja de cereales o
de un anuncio de McDonalds?
El simbionte
hizo notar su enfado en Brock,
-¡Vale, vale!
No volveré a meterme contigo- se disculpó Brock-. Pero algún día me
tendrás que decir de donde has sacado esa frase, porque no creo que venga
de mí.
El simbionte
se relajó lo suficiente para mostrar su entusiasmo ante las disculpas del
ex-periodista.
“Bueno,
parece que he conseguido convencerle para no matar a la gente, por ahora.
¿Cuánto tiempo más podré seguir así, hasta que le dé por conseguir
mas adrenalina y pase de nuevo a querer que matemos o, incluso, a
escaparse y matar el mismo como pasó una vez?”
Eddie Brock no
quería pensar en eso ahora, así que se concentró en el periódico y en
concreto, en la primera plana.
“MR.
PSICOPATA VUELVE A MATAR”
Eddie leyó
con atención la noticia, la cual contaba la ultima atrocidad del nuevo
asesino en serie de Nueva York, al que los medios habían apodado, Mr.
Psicópata.
“Un nombre
muy apropiado sabiendo lo que les hace a sus víctimas”
El articulo,
contaba el encuentro por parte de la policía de una familia muerta en
casa y con señales del asesino por todas partes.
“Con
estos tres son ya veinticuatro, sus víctimas, entre ellas, tres niños,
todos inocentes”
El traje alienígena
cubrió a Brock, dejando ver la indignación de este.
-Ya es hora,
de que alguien le enseñe, que mientras Veneno ande por aquí, se acabaron
las matanzas de inocentes- Veneno leyó quienes eran los detectives
encargados del caso-. Y sé muy bien donde buscar pistas.
Con un salto,
Veneno salió del edificio de camino a ver a un antiguo “amigo”.
Daniel Harris
aparcó su coche delante de la entrada de su casa, como hacia cada noche y
se bajo con su bolsa de deporte, que había utilizado esa tarde para
cambiarse en el vestuario. Cerró la puerta de su coche, sacó las llaves
de casa, cuando se percató de la sombra.
-¿Qué es lo
que quiere?- dijo al volverse y ver al dueño de la sombra, un hombre
alto, corpulento que llevaba puesto un extraño traje.
-Tu miedo.
Daniel Harris
solo sintió un torrente de dolor en la cara. Cuando despertase, sería
dolor lo que encontraría.
El detective
Clark se apoyó sobre su escritorio y se sentó con cuidado en su silla de
madera, dispuesto a comenzar otra noche de papeleo.
¿Clark?
-la detective Steen se asomó por la puerta de su despacho-. Voy a por café,
¿quieres?
-¿Es del
malo?
Steen sonrió.
-Por supuesto,
te mantendrá despierto toda la noche.
-Entonces tráeme
un poco- Clark se acomodó todo lo que era posible, en la incomoda silla
de madera-. Y algún donut si quedan.
Steen se marchó,
no sin antes dedicarle una sonrisa.
Clark
la conocía desde hacia ya tiempo y aunque al principio no congeniaron
bien, con el tiempo se cayeron en gracia y se fue formando una amistad,
aunque eso pasó justo después de que la detective se olvidase de los
ascensos y puestos grandiosos.
Juntos
habían participado en muchos casos importantes y habían perseguido a
muchos psicópatas, criminales e incluso supercriminales y al que más
recordaban los dos, incluso con cierto cariño, al menos Clark, era a
Veneno, el primer caso que les fue asignado como compañeros.
Ahora, se
encargaban, nada más y nada menos que del caso de Mr. Psicópata, un
maldito loco homicida que iba por ahí cargándose gente sin ningún
motivo aparente, a gente, sin relación entre ellos y le daba igual matar
mujeres, hombres o niños.
-Jesús-
murmuró Clark viendo las fotos de las “obras” de Mr. Psicópata-.
Esto tiene que parar.
-Estamos de
acuerdo.
Clark se volvió
asustado hacia la voz, asustado y a la vez, con una inmensa calma, pues le
sonaba la voz.
La ventana
parecía vacía, solo llena de la oscuridad que una noche neoyorquina
permite dar a ver, cuando se percató de un movimiento del techo y una
figura grande y negra que no esperaba ver más cayó del techo.
-Hola Clark-
dijo Veneno. ¿Nos echaste de menos?
Clark corrió
rápidamente hacia la puerta de su despacho, solo para ver, impotente,
como Veneno la cerraba en sus narices con telaraña.
-¿Qué
quieres Brock? -dijo volviéndose hacia él con su pistola-. Creía que
estabas con el gobierno o en la cárcel o algo así.
-Baja
el arma Clark, no me harás ni cosquillas con eso -Veneno se sentó en el
escritorio, sacándole un crujido a la mesa de madera-. Esos eran otros
tiempos detective, vengo a ti por otra cosa que recordar viejos tiempos.
-¿Entonces,
no vienes a matarme? -Clark aun no había bajado el arma.
-Ahora ya no
matamos, ni a inocentes, ni a culpables, estamos redimiéndonos y tu nos
puedes ser de ayuda.
-Si ya,
seguro- a pesar de sus dudas, Clark guardó el arma-. ¿Y como os puedo
ayudar a ti y... tu Giorgio Armani viviente?
-Mr. Psicópata-
Veneno comenzó a ver las fotos-. Leímos en el periódico que tu y Steen
os encargabais de la investigación. Nos gustaría ayudar a atraparle.
-¿Solo
atraparle? ¿Nada de, me comeré tus sesos, haré puré con tu hígado,
usare tu espina dorsal de pasador del pelo?
-Solo
atraparle- Veneno terminó de ver las fotos-. Podemos ayudar.
Clark se sentó,
ya más tranquilo.
-De
acuerdo, por ahora, lo único que sabemos de ese maníaco, es que mata a
cualquier hora del día, en cualquier punto de la ciudad y a quien le da
la gana. Las víctimas no tienen relación aparente entre si, no sabemos
porque razones mata y por lo único que sabemos que existe es, por las
incontables matanzas que les hace a esos pobres y porque tuvimos un
testigo y un retrato robot, al menos de lo que vio el testigo.
Clark le pasó
una hoja con un dibujo de Mr. Psicópata
-Ahí lo
tienes, alto, corpulento, viste de cuero, con mascara y poco más. No
tenemos nada de nada, eso es lo que más llama la atención. Que no
tenemos nada.
Veneno se quedó
callado, pero al entrar Steen tuvo que aplicar el modo camuflaje del
simbionte.
-¡Clark!
-Steen irrumpió en la habitación-. ¿Hablabas con alguien?
-Que va- dijo
Clark mirando extrañado hacia donde estaba Veneno.
-Como
quieras -Steen parecía exaltada-. Tenemos un aviso, un testigo dice haber
visto a alguien que podría ser Mr. Psicópata atacando a un hombre en la
puerta de su casa.
-¿Concuerda
con la descripción?
-Si, además,
ha ocurrido cerca del hotel Overquick, a seis manzanas de aquí.
-De acuerdo,
pon en funcionamiento a todas las unidades disponibles, enseguida estoy
contigo.
Steen se fue
corriendo y Clark se volvió hacia donde debía estar Veneno.
-Bueno
ya tenemos algo, ¿iras a por él? ¿Veneno?
No recibió
contestación
-¿Veneno?
Mientras Clark
intentaba hablar con su supervillano habitual, este se encontraba ya cerca
de donde había oído que estaba Mr. Psicópata.
“Por telaraña
se llega antes que en coche. Además, ya sabemos como es, así que cuando
veamos a alguien de cuero, vamos a por él. Espero que no haya fans de
Matrix por aquí”
Veneno divisó
el hotel y cerca de él, en el edificio de al lado, a un extraño hombre
que concordaba perfectamente con la descripción de Mr. Psicópata.
Lentamente,
Mr. Psicópata se dirigió a su cadillac negro que había aparcado en un
callejón oscuro, cerca de allí. Había disfrutado con el señor Harris,
incluso se había divertido y había gozado con su miedo, algo que últimamente
no ocurría.
Abrió
el maletero y metió su maletín de trabajo en él, aunque antes de nada,
disfruto viendo como se retorcía, el pequeño regalo que había
conseguido de casa de Harris y que hacia rato que había metido en su
maletero. Disfrutaría de su miedo en su propia casa, con más
tranquilidad.
Se disponía a
arrancar, cuando una cosa negra, grande y babeante le cayó encima del
capo.
-Hola-
Veneno mostró lo que parecía una sonrisa-, nos llamamos Veneno y no nos
gusta que mates inocentes en nuestra zona. ¿Quieres salir a jugar?
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